Investigaciones

Cuatro grupos científicos crean 'superalimentos' innovadores en Pontevedra

La Misión Biológica investiga por encargo vides antihongos, guisantes con sabor a caviar, nuevos maíces resistentes al cambio climático o batidos a base de grelos
Martínez, Malvar, De Ron y Cartea, este martes, en la Misión
photo_camera Martínez, Malvar, De Ron y Cartea, este martes, en la Misión

Lleva casi cien años a pleno rendimiento en Salcedo, pero todavía hoy pocos conocen el alcance de las investigaciones que tienen lugar en la Misión Biológica de Galicia, un centro adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que es capaz de crear desde guisantes lágrima a semillas de maíz modelo para hacer palomitas. Lores decía hace unas semanas que la Misión era la "gran descoñecida". Y no le falta razón. El personal que trabaja puertas adentro asegura que muchos pontevedreses ni saben dónde está ubicada y ni mucho menos se hacen una idea de la labor que se lleva a cabo dentro del complejo.

La patronal también tiene una deuda abierta con este centro, pero está mucho más al corriente de su actividad científica, sobre todo el empresariado de la industria alimentaria, a los que tampoco les faltan razones. La Misión reúne cuatro grupos de investigación que han logrado manipular las condiciones naturales de muchos cultivos para lograr producciones más resistentes, cosechas casi a la carta y un sinfín de productos más sostenibles, es decir, más respetuosos con el medio ambiente, pero también más preparados para el cambio climático.

VITICULTURA. Uno de los grupos de investigación está centrado en la viticultura y es el que más contacto tiene con el tejido empresarial por una razón evidente. "El vino es el motor de la economía agrícola de Galicia" y las empresas de cierto calibre están casi obligadas a ir de la mano de la investigación para rivalizar con la competencia. "En España hay cerca de 6.000 bodegas y en Galicia cerca de 600", subraya la jefa del departamento, Carmen Martínez.

Entre los proyectos que ha desarrollado esta sección de la Misión destaca la generación de vides ultrarresistentes a las enfermedades prototipo que hay en Galicia, "el paraíso de los hongos". El resultado "es de gran interés ecológico y económico", puesto que algunos viticultores llegan a aplicar al año más de diez tratamientos, "que son bastante caros y a veces no muy eficaces".

Otro de los encargos en los que trabaja el grupo consiste en aprovechar los residuos de la vendimia, fundamentalmente el bagazo, para producir aceite de semillas destinado al consumo alimentario. Las primeras pruebas apuntan maneras y pronto podría llegar al mercado del gran consumidor. "Es un aceite con características organolépticas muy interesantes y con componentes beneficiosos para la salud", señala Martínez.

Un tercer proyecto trabaja en la obtención de biocarbones con los restos de poda de la vid para producir tratamientos de "salud animal o enfermedades que sufre la propia vid".

RED CLIENTELAR. El grupo, formado en la actualidad por siete investigadores, también realiza estudios personalizados e indaga sobre las variedades más rentables. Y todo ello con el hándicap de no poder manipular los genes de la vid ni cruzar variedades, algo totalmente prohibido en este campo.

La primera relación empresarial de la sección de Viticultura tuvo lugar en 2001, por iniciativa de la Misión y siendo destinataria una pequeña bodega. Poco después empezó a trabajar con Terras Gauda, Vega Sicilia, Freixenet y otras marcas que todavía hoy reclaman consejo a este grupo de investigación. En 2015 colaboró con 23 bodegas, de las que la mitad fueron gallegas y la otra mitad de otros lugares de España e incluso del extranjero.

La ‘red clientelar’ de este grupo abarca ejemplos extremos: desde viticultores de Betanzos que pidieron recuperar sus vides autóctonas para lograr la denominación Blanco Lexítimo (aprobada en 2011), hasta viticultores de California (Estados Unidos), que viajan al centro de Salcedo para adquirir plantas de uva albariña y comprender el comportamiento del caldo estrella de las Rías Baixas.

Los proyectos de investigación son financiados en parte por fondos públicos, pero sobre todo por las propias empresas beneficiarias. De hecho, el grupo lleva trabajando "casi seis años" gracias a este capital privado.

El proyecto más cuantioso rozó los 300.000 euros, aunque no es la única contrapartida que recibe la Misión. Martínez también destaca la posibilidad que arrojan estos encargos de poder investigar ‘in situ’, "en las bodegas".

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