Curtidos Queiro echa el cierre en Pontevedra tras casi un siglo de actividad

El negocio fundado en 1936 por Manuel Queiro Abeijón se une a la larga lista de comercios emblemáticos de la Boa Vila que se han despedido en la última década ► "Hay gente interesada en el relevo", asegura Marcos Otero, nieto del fundador
Una clienta en Curtidos Queiro, este jueves. RAFA FARIÑA
photo_camera Marcos Otero atiende a una clienta este jueves. RAFA FARIÑA

Ferretería Varela, Droguería Moderna, Videoclub San José, Ernesto Filgueira, Peral Moda... y ahora Curtidos Queiro. La lista de negocios históricos de Pontevedra que se han visto obligados a cerrar sus puertas en este siglo, y más concretamente en la última década, sumará este viernes una nueva víctima con el cese definitivo de actividad del comercio ubicado en la Rúa Sarmiento.

Las causas de esta decisión se asemejan notablemente a las de los otros locales de toda la vida. Los "cambios en el consumo", el incremento "de las tiendas online" y, más recientemente, el "aumento de precios" han supuesto un golpe mortal definitivo para Curtidos Queiro, según su actual dueño, Marcos Otero Queiro.

Interior de Curtidos Queiro, en la Rúa Sarmiento. RAFA FARIÑA
Interior del negocio. RAFA FARIÑA

"La tienda la abrió mi abuelo en A Ferrería en 1936, después se trasladó aquí en el inicio de los 2000, con mi madre, y yo lo cogí en el 2012", recordaba este jueves el propietario.

Aunque por el momento no hay nada cerrado para un posible relevo, Marcos Otero asegura que "hay gente interesada en continuar con el negocio", dejando un resquicio de esperanza a través del cual uno de los comercios con más solera de la Boa Vila podría encontrar una vida extra.

Los inicios de Curtidos Queiro

Marcos Otero Queiro, último gerente de Curtidos Queiro; su madre, Neli Queiro Rodríguez; su padre, José Manuel Otero Iglesias; y su prima, Conchi Portela, en una imagen de 2013. DAVID FREIRE (ADP)
Marcos Otero Queiro, último gerente de Curtidos Queiro; su madre, Neli Queiro Rodríguez; su padre, José Manuel Otero Iglesias; y su prima, Conchi Portela, en una imagen de 2013. DAVID FREIRE (ADP)

Procedente de Noia, Manuel Queiro Abeijón, un joven vendedor de material para la elaboración de calzado, recalaba en Pontevedra con la esperanza de prosperar en su oficio. Con ese objetivo, en 1936, en el número 6 de los soportales de A Ferrería, entonces la Plaza del Generalísimo, empezaba su andadura Curtidos Queiro.

Algunas de las pieles de Curtidos Queiro, en una imagen de archivo. DAVID FREIRE (ADP)
Algunas de las pieles de Curtidos Queiro, en una imagen de archivo. DAVID FREIRE (ADP)

Eran los tiempos en los que el cuero era vital para los zapateros, que elaboraban artesanalmente el calzado, y, como le habían dicho a Manuel, en Pontevedra, efectivamente, había mercado. "Cuando era niña venía un tren de Santiago con palos para hacer 5.000 pares de zuecos. Los días de feria venían los zapateros de Ponte Caldelas, de A Lama, de todas partes y llevaban sacos", explicaba en 2013 Neli Queiro Rodríguez, la hija de Manuel, a Diario de Pontevedra.

Ella, que nació "en medio de las pieles", aunque intentó ser farmacéutica como quería su padre, acabó, finalmente, en el comercio donde había crecido. "Y no me fue mal", recalca. Allí, al lado de sus progenitores, despachó el material para la elaboración de los zapatos que calzó el actual rey de España, Felipe VI, en su etapa de formación en la Escuela Naval de Marín y, ya en 1990, asumió la gerencia del negocio en el que había trabajado toda su vida.

Un mercado cambiante que obligaba a adaptarse

Exterior de Curtidos Queiro, en la Rúa Sarmiento. RAFA FARIÑA
Curtidos Queiro se trasladó en 2001 al número 39 de la Rúa Sarmiento. RAFA FARIÑA

Los tiempos habían cambiado y el sector también, pero Neli supo adaptarse. Si con la llegada de la industria del calzado su padre había orientado el comercio a la venta de artículos de reparación, ella dio una nueva vuelta de tuerca, centrándose en la artesanía. Así, empezó a vender herramientas para trabajar el cuero y a comprar más tipos de pieles. Además, debió afrontar un nuevo cambio, pues en 2001, después de más de 60 años en A Ferrería, Curtidos Queiro se trasladaba a la calle Sarmiento.

Lo que no intuía Neli por aquel entonces era que uno de sus hijos, Marcos Otero, cogería el relevo once años después. "Estuve trabajando diez años en una asesoría, pero acabé quemado. Como se tenían que jubilar mis padres, decidí coger el negocio", explicaba en 2013 Marcos, quien por aquel entonces compartía mostrador con su prima Conchi.

Ambos tuvieron que atender las demandas de un mercado nuevo, que se centró en tres sectores: artículos para conservación del calzado, artículos de piel y material para los artesanos.

Aunque en un principio se hicieron cargo del negocio con la calculadora en la mano para el trabajo del día a día, como sus predecesores, pronto se aventuraron a dar el salto a la informática e, incluso, a la venta por internet. "Montamos la página web porque en lo que respecta a artículos de artesano abarcamos una zona muy amplia. Viene gente de toda Galicia y se realizan envíos a Madrid, a Baleares, a Canarias, a Huesca...", señalaba Marcos. "Yo me marché sin punto com. Toda la vida con el lápiz y el papel y no tuve ningún problema", contradecía su madre entre risas.

Ahora, más de una década después de aquel viaje a la modernidad, las circunstancias forzarán el adiós de Curtidos Queiro este viernes casi un siglo después de su fundación.

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