La custodia compartida ya se concede en seis de cada diez divorcios en Pontevedra

El 50% se solicitan de mutuo acuerdo y el 70% de las que llegan a juicio se aprueban. A nivel estatal, el 45,5% de las rupturas de 2022 reparten la custodia entre los progenitores, triplicando las cifras de diez años atrás
Una pareja pasea con su hijo por el parque. INTERNET
photo_camera Una pareja pasea con su hijo por el parque. INTERNET

Compartir los cuidados y la responsabilidad de los hijos es una opción a la que cada vez se adhieren más parejas a la hora de separarse.

Seis de cada diez divorcios en la provincia de Pontevedra concluyen actualmente con una custodia compartida. Y la tendencia continúa al alza. Así, en 2022 el número de guarda custodia compartida solicitadas de mutuo acuerdo entre ambos progenitores supuso el doble que solo seis años antes. Cerca de la mitad de estas peticiones se resuelven en un juzgado, y de estas alrededor del 70% se acaban concediendo.

A nivel estatal la cifra se ha multiplicado por tres en la última década constatando que esta fórmula es cada vez más aceptada.

En el año 2007, solo una de cada diez custodias eran compartidas en España y en 2017 los jueces concedieron este régimen para el cuidado de los hijos en el 30% de los casos.

Fuentes judiciales ponen el acento en ese 60% de custodias compartidas concedidas frente a un 40% monoparentales en los juzgados de A Parda. Recuerdan que hasta hace quince años la norma general era que la custodia fuera para la madre y en 2013 empezaron a otorgarse, aumentando cada año el régimen que implica por igual a padre y madre.

Las mismas fuentes consideran que se llegará a que se decrete siempre, salvo en situaciones excepcionales como los casos de violencia.

Actualmente, en sede judicial se llevan a cabo dos tipos de procedimiento en los que se puede solicitar la custodia compartida. Por una parte, los divorcios y separaciones iniciales, y lo que se denomina modificación de medidas. Un ejemplo, el caso de una custodia monoparental concedida a una madre porque el hijo es lactante. Cuando este cumple dos años o deja de ser lactante se puede solicitar la custodia compartida a través de esas modificaciones, explican fuentes judiciales.

En la actualidad, la norma general es que se da una custodia compartida "si no ocurre nada raro entre los progenitores" y se cumplen los requisitos de proximidad física y disponibilidad de horarios. También se ha advertido que en algunos casos se solicita la custodia compartida y son los abuelos quienes acaban cuidando del menor.

En cuanto a la fórmula de reparto de custodia, en el 90% de los casos los menores pasan una semana con cada progenitor. Inicialmente a nivel judicial se subrayó las casas o pisos nido, "cuando los niños se quedan en la casa del matrimonio, los progenitores van y vienen", pero a parte del coste económico la ejecución de sentencia venía acompañada de numerosos conflictos.

INE

Contrastan con estos datos las cifras que arroja el Instituto Nacional de Estadística relativas a 2022, que muestran que el 20,7% de los divorcios registrados en Pontevedra se resolvió con la custodia compartida de los hijos.

Fuentes judiciales sostienen que estos datos pueden resultar engañosos porque arrastran también las sentencias del año de la covid. Lo que sí marca una tendencia es que el reparto de la guarda de los hijos es dos puntos superior al año anterior, cuando se firmaron 322 custodias compartidas de las 1.747 rupturas matrimoniales totales, y supone el doble que solo cinco años atrás.

En 2017, según recoge el INE, solo el 8,6% de las separaciones tramitadas en la provincia culminaron con la custodia de los hijos en manos de los dos progenitores. Entonces fueron 167 los casos de los 1.931 divorcios contabilizados. Cuanto más atrás se observa en el tiempo, la diferencia es más notable y se refleja el cambio de tendencia. En 2013, el porcentaje no llegó al 5% en la provincia.

Algunas claves

La guarda y custodia compartida fue introducida de forma expresa en el Derecho Civil en 2005, aunque tardó años en aplicarse con asiduidad. En 2013, una sentencia del Tribunal Supremo señaló que la custodia compartida no debía contemplarse como una medida excepcional, sino que debía considerarse como una solución "normal e incluso deseable", al considerar que es la que mejor garantiza el derecho de los hijos a relacionarse con los dos progenitores.

Algunos requisitos para acceder a la guardia compartida son la proximidad entre las viviendas de los progenitores o la edad de los niños. Por norma general la custodia compartida no está indicada para los menores de un año e incluso se aboga por esperar a los dos años si son bebés lactantes. También es determinante la disponibilidad horaria de los padres y que entre estos exista buena relación.

"Aún hay que cambiar mucho para tener una equiparación real"

"La Magistratura era muy tradicional", dice la abogada pontevedresa Margarita Rey, en ejercicio desde hace 41 años especializada en familia en Pontevedra y que ha sido testigo de la evolución del derecho aplicado a casos de custodia de menores.

"Antes, salvo excepciones rarísimas, por norma general la madre era la que solicitaba la custodia compartida. Ni tan siquiera los padres la pedían. No había ni conflicto", señala. "Entonces el padre se dedicaba a trabajar, ausente en la vida de los hijos en la mayoría de los casos".

Margarita Rey. JAVIER CERVERA
Margarita Rey. JAVIER CERVERA

Recuerda Rey que en el año 82 las custodias se otorgaban a la madre y las visitas eran muy restringidas. "En muchos casos no había ni pernocta". Poco a poco fue evolucionando. Las visitas se fueron ampliando, "los padres quisieron participar más, y de un tiempo a esta parte la implicación, por suerte, es muy superior", relata la abogada.

Margarita Rey sostiene que a lo largo de su carrera se ha encontrado con situaciones de todo tipo. "Casos en los que se solicitan custodias compartidas para pagar menos pensión o en los que los abuelos acaban siendo canguros ". En la otra cara de la moneda están los padres "que no quieren ser padres de fin de semana".


En el centro se sitúa siempre, sostiene la abogada, "el bienestar del menor" y su derecho al arraigo con ambos progenitores. "Hemos avanzado mucho, pero todavía tenemos que cambiar mucho para que haya una equiparación real", remata Rey.

"Decidimos vivir puerta con puerta por los niños"

Marta (nombre ficticio) y su exmarido se divorciaron un par de años antes de la pandemia, cuando sus hijos tenían seis y nueve años. Acordaron solicitar la custodia compartida y decidieron llevarla a cabo de forma progresiva. Sus viviendas están únicamente separadas por un rellano.

"Lo solicitamos de mutuo acuerdo. Teníamos una única abogada para los dos y lo que nos recomendó es que en lugar de repartir el tiempo por semanas o quincenas lo hiciésemos por días, porque los niños eran muy pequeños y no queríamos que sintiesen la ausencia del otro tanto tiempo. Así que empezamos de forma progresiva. Y hoy yo los tengo los miércoles y jueves, y su padre los lunes y martes, y luego viernes, sábado y domingo son alternos".

Lo mejor sería una casa nido de la que se mueven los padres, pero para eso hay que tener tres viviendas"

"La abogada nos habló de varias formas de hacerlo", continúa Marta, que no revela su identidad para no señalar a su familia. "Lo comentamos entre los dos y acordamos vivir puerta con puerta. Habíamos comprado el piso de al lado para ampliar nuestra vivienda, así que nos quedamos así".

La situación fue dura, sobre todo al principio, confiesa. "No era cómodo pensando en futuras parejas. Para nosotros mismos no fue agradable al principio, pero lo hicimos por los niños, ellos siempre nos tienen cerca y entran y salen cuando necesitan algo". Al igual que muchos juristas, Marta considera que la mejor opción es lo que se denomina casa nido, es decir, una vivienda en la que los hijos viven de forma permanente y son los padres los que cambian de forma periódica.

"Sería lo ideal, que los niños no se movieran y se movieran los padres, pero eso implica tener tres casas".

Tras un inicio más complicado, ahora el engranaje del día a día está ajustado, relata Marta. "Como dice su padre, hay días de mucho estrés, que no te da la vida porque con los niños no paras, y otros en los que de repente llega la soledad absoluta. Durante cinco días estás solo y claro que se echan de menos", confiesa esta madre divorciada que comparte la custodia con su expareja. "Al principio cuando los escuchaba desde la otra habitación se hacía duro", confiesa.

Otro de los hándicaps de la situación es el económico. "Ahora siempre voy justísima", cuenta Marta. "Las situaciones también cambian porque los niños también se van haciendo mayores, pero al final se trata de ir resolviendo día a día", concluye.

La mitad de bodas que hace 50 años

Los españoles cada vez se casan menos (la mitad que hace 50 años), a edades más tardías y se divorcian más: cerca del 50 por ciento de las uniones acaban en ruptura. Lo analiza el último informe 'Transformación y crisis de la institución matrimonial en España' del Observatorio Demográfico CEU, que destaca el desplome de las bodas por la iglesia que han pasado del 99% en 1976, al 20% o menos actualmente.

El estudio expone que la inmensa mayoría de los que se casaban lo hacían antes de los 30 años (85% de los hombres y 90% de las mujeres), cuando actualmente no alcanza ni el 20%.

También destaca que la edad media al contraer el primer matrimonio ha subido en más de 10 años desde 1976 a 2022, siendo los españoles los europeos que se casan por primera vez a una edad más tardía, solo superados por los suecos. La edad media a la que se contrae matrimonio por primera vez ha pasado en los hombres de 26,7 en 1976 a 36,8 en 2022, y entre las mujeres de 24,1 a 34,9 años. Esta caída en la tasa de bodas por cada mil habitantes, sumada a la alta divorcialidad, tiene un impacto muy negativo en la tasa de fecundidad.