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Decepción e incertidumbre en la vuelta al marisqueo tras casi un mes de parón

Mariscadoras faenando en Combarro. CHRISTIAN FERNÁNDEZ
Mariscadoras faenando en Combarro. CHRISTIAN FERNÁNDEZ

Las continuas vedas disparan el desasosiego entre los mariscadores, que no ocultan su inseguridad por el futuro que le espera al sector ▶Gran parte del producto recogido este viernes estaba inservible para su comercialización

Tras un mes de incertidumbre, el marisqueo en la ría volvió este viernes a ser una realidad, tras la veda aplicada desde mediados de julio, cuando se dio la alerta biológica por la aparición de toxina. Sin embargo, el retorno de la actividad no ha traído pareja la esperada euforia entre los mariscadores, sino una mezcla de decepción e intertidumbre.

Las playas de la ría, tras haber pasado casi un mes sin ningún tipo de actividad, están "abarrotadas de algas, lo que dificulta mucho nuestro trabajo. Además la gran parte de los ejemplares recogidos estaban abiertos", se lamentó la presidenta del pósito de Raxó, Elena Padín.

A este contratiempo se le suma la inseguridad que produce la eterna amenaza de la toxina, lo que genera un lógico desasosiego entre los trabajadores. "Tanto nos abren hoy—por el viernes— la playa como nos la cierran mañana—por el sábado. Vivimos sin saber si al día siguiente podremos faenar", manifestó Elena Padín, que también explicó que "si la toxina vuelve, nos quedamos sin trabajo y sin dinero. Esperemos que eso no pase".

Y es que todos tienen muy presente el recuerdo de aquel 17 de julio, cuando tuvieron que devolver al mar la mercancía recogida, quedándose así sin el género y sin los ingresos que les reportaría.

La medida afectó a más de 400 trabajadores, los que faenan a pie de playa. Los que lo hacen en embarcaciones, no se vieron perjudicados por la detección de toxinas marinas, unos organismos que sirven de alimento a los bivalvos y que pueden ocasionar problemas de salud a los humanos si llegan a consumirse.

FRUSTRACIÓN Y RECELO. Este parón, el segundo del verano, generó una gran frustración en el sector, haciendo que algunos de los trabajadores llegasen a cuestionar los resultados de los informes del Instituto para o Control do Medio Mariño de Galicia (Intecmar), encargado de los análisis del fondo marino y de la prohibición del marisqueo en caso de que se encuentren anomalías biológicas en el marisco analizado.

En lo que va de año, la alerta biológica obligó a cerrar los arenales durante 29 días, siete más que durante todo el año 2017, suponiendo esto una pérdida de más de mil euros de media a cada mariscador.

El pasado 2 de agosto, el nerviosismo entre los profesionales del sector creció de una manera desorbitada, y así quedó patente en la asamblea celebrada por la cofradía de pescadores de San Telmo de Pontevedra. No en vano, están en juego los ingresos de toda la campaña estival, una de las más importantes del año debido al buen precio que alcanza la venta de almeja en la subasta. Tras la reapertura de la veda, los mariscadores coinciden en que el "ambiente sigue caldeado, y seguirá así durante un tiempo".

La patrona de Lourizán, Carmen Vázquez, dice que "estamos trabajando con normalidad, y esperamos que con el frío de estos últimos días la toxina no vuelva, porque nos ha ocasionado muchas pérdidas".

Datos
400 mariscadores faenaron en la ría
 
El cupo que pudieron extraer fue el siguiente: un kilogramo de almeja fina y nueve kilogramos de japónica o 12 kilogramos de japónica. Casi el 100% del personal optó por recoger el cupo de 12 kilogramos de almeja japónica.

 

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