Descubren los enlaces entre narcos gallegos y mexicanos tras la caída del histórico 'Matador'

La Policía Nacional captura a Carlos García Morales en relación con un doble alijo de 2,6 toneladas de cocaína
Los paquetes de cocaína que fueron incautados a la organización de El Matador. NARCODIARIO
photo_camera Los paquetes de cocaína que fueron incautados a la organización de El Matador. NARCODIARIO

En 2009, El Matador apenas superaba la treintena. Trabajaba en la ría de Arousa en alianza con José Manuel Vila, alias El Presidente, en la introducción de grandes alijos de cocaína colombiana en embarcaciones. Ya entonces, Carlos García Morales tenía contactos con La Camorra, según explican los policías que le llevan siguiendo la pista desde entonces. Natural de Monforte y con vínculos en Ourense, fue detenido por la Policía de Colombia en 2011 por su relación con la operación Giga, golpe de gracia de los Greco de Pontevedra a una de las mayores redes narcocriminales gallegas del momento. Salía de una lujosa propiedad de Medellín. Doce años después de aquello, el famoso cártel de Los Rastrojos seguían confiando plenamente en él. Tras saldar sus deudas con la Justicia, como tantos otros narcos, había vuelto al negocio de la cocaína. Para ello, se había rodeado de toda una organización transnacional de lo más peligrosa y que además de miles de kilos de cocaína comerciaba con toda clase de armas de guerra. Granadas de mano y hasta un lanzacohetes fueron incautados por el Grupo IV de la Brigada Central de Estupefacientes de la Policía Nacional.

Morales, alias El Matador, trabajaba en estrecha colaboración con una red mexicana. Uno de sus fedatarios se había instalado en Galicia para acompañarle a la hora de cerrar los negocios. Ambos fueron detenidos en una nave de Siero (Asturias), lugar que habían escogido para recoger 600 kilos de cocaína de gran pureza. Semanas antes, la Dirección Antinarcóticos de Colombia, el HSI (Homeland Security) de Estados Unidos y la Policía Nacional habían incautado otras dos toneladas en un velero en el Caribe, ya partiendo hacia el Oeste. La ruta, sostiene el grupo IV de la Brigada Central, tenía como destino un punto en el Atlántico al alcance de las narcolanchas de las Rías Baixas.

La fase final de la operación, bautizada Espeto, incluyó la detención de 19 personas, entre ellas las dos citadas, y la localización de un arsenal de armas de guerra compuesto por fusiles de asalto, granadas de mano, explosivos, lanzacohetes, silenciadores, armas cortas y cartuchería de multitud de calibres, entre otros objetos. Estas armas, junto a otras intervenidas en el domicilio de Galicia del narcotraficante español, muestran el grado de peligrosidad de la organización ahora desarticulada.

Las hipótesis de la Policía Nacional apuntan a que esta red criminal emplearía parte de este arsenal para su protección, pero también indican que, además de a la cocaína, se dedicaría a la distribución de armas de guerra a organizaciones criminales de distintos puntos de Europa.

Tras el análisis de la cocaína intervenida, se piensa que los proveedores de El Matador serían varios, no solo en México y Colombia, sino también en Venezuela.

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