Despedida obligada de las trenzas y los cruasanes más famosos de Pontevedra

La jubilación del fundador y la falta de relevo obligan a Confitería Landín a cerrar el 15 de mayo
Fernando Dios Landín mostrando los cruasanes que le han hecho famoso. DAVID FREIRE
photo_camera Fernando Dios Landín mostrando los cruasanes que le han hecho famoso. DAVID FREIRE

"Pecho porque xubílome e non hai quen queira continuar". Fernando Dios Landín se encoge de hombros cuando explica el motivo que le empuja a enterrar, después de 20 años, un negocio que levantó de la nada a base de tesón y sacrificios. 

Con el brillo de unos ojos vidriosos que se resisten a dejar fluir las emociones, aclara que "os fillos teñen a súa vida e non queren tomar o relevo. E os empregados tampouco se animan a continuar. Por tanto, que máis vou esperar con 65 anos recén cumpridos e máis de 50 cotizados?". 

Su ilusión sería que se perpetuase su legado, pero aunque ha recibido alguna propuesta, ninguna fue digna de ser tomada en serio. "Perdeuse toda a esencia do artesán, de ter a túa seña de identidade. Agora só queda o industrial, a produción rápida e de baixa calidade", se lamenta. 

Fue el pasado día 12 cuando llegó a la icónica barrera que separa la vida laboral del descanso obligado, pero seguirá trabajando hasta el 15 de mayo "para aproveitar a Pascua e todo o material que aínda temos no taller". De hecho, mientras desgrana su trayectoria, moldea unas tentadoras casitas de chocolate blanco rodeado de monas multicolor que en breve endulzarán aún más la vidriera de Fray Juan de Navarrete, 11.

Empezó en el mundillo siendo un crío, con 14 primaveras, en Los Castellanos. "Decidín probar, porque daquela non se podía estudar e había que levar cartos para casa". Y tanto probó que allí se quedó durante 32 años, adquiriendo un oficio que hoy domina a la perfección. Aunque el secreto, más que en la experiencia, está en el cariño. "Este é un traballo moi sacrificado, porque hai que madrugar moito; e se non se colle con paixón, malo", asegura un artesano que dice iniciar cada día "coa mesma ilusión que tiña cando empecei", pese a encontrarse en el trampolín hacia su jubilación.

Cuando cerró Los Castellanos, hace 20 años, Fernando optó por ser su propio jefe y creó Confitería-Pastelería Landín, con una oficina en el centro de la ciudad y el obrador en San Andrés de Xeve. "Non lle quixen chamar Dios porque sonaba moi forte, así que lle puxen o segundo apellido".

Junto a su mujer se embarcó en un proyecto que poco a poco fue prosperando hasta aglutinar a los ocho empleados actuales. "Teño unha boa plantilla, dous locais e non debo nada a ninguén. A confitería non te fai millonario, pero ben traballada, da para vivir ben".

JORNADAS DE 18 HORAS. Su jornada laboral no es apta para indolentes. "Empezamos ás cinco da mañán e á unha e pico marchamos para casa". Pero en las temporadas de mayor carga de trabajo, como Pascua o Navidades, "chegamos a botar ata 18 horas". Un esfuerzo que no está necesariamente reñido con el ocio; aunque eso sí, a cambio de un titánico aguante que a veces pasar por no pisar la cama. "Xa se sabe: noites alegres, mañás tristes".

Fernando compartió el momento dulce de las confiterías en Pontevedra. Era la época de La Estrella de Viena, La Manchega, Dolce Vita, Solla, Capri... Nombres que aún alimentan la memoria de varias generaciones pero de los que hoy en día solo perduran los dos últimos. "Cada unha tiña un solo punto de venta. Logo chegaron Campolongo, Acuña ou A Devesa a expandirse por varios sitios. Pero eles non son confiteiros, son panadeiros".

"Cando te dedicas á confitería natural, como eu, non podes ter moitos despachos porque o que che sobra hoxe, mañán non vale e tes que tirar con él. Dun despacho, asúmelo, pero se tes catro ou cinco, é imposible. Por iso os grandes botan man do conxelado e de produtos vexetais", critica.

Mientras remueve un bol de chocolate, el veterano confitero reconoce que le indigna ver en televisión reportajes y noticias sobre el lucro fácil a costa de productos de dudosa calidad. "Iso todo é química, un veleno. Tiña que estar prohibido. A saber que materia prima lle meten a iso. A mantequilla que eu lle meto ós cruasáns váleme seis euros o kilo; a esta xente, cóstalle 80 céntimos".

LAS ESPECIALIDADES. Era tradición que cada repostero tuviese su especialidad. Un producto con el que triunfaba por encima de la competencia. Los clientes acudían a ellos atraídos por la fama y repetían convencidos por el sabor. 

La vieja guardia no es una excepción: Capri tiene sus merengues de fresa y sus tartas de trufa y de yogur con frambuesa; Solla triunfa con sus empanadas y las tartas milhojas y rusa; y Landín es un referente de los cruasanes y las legendarias trenzas. "Pero o hoxaldre que facemos aquí é espectacular, como a tarta de nata con fresas", subraya.

A partir del 15 de mayo, Fernando Dios Landín asegura que no se dedicará a descansar. Todo lo contrario. Aprovechará el tiempo libre y su envidiable salud "para facer todo o que non puiden facer ata o de agora. Gozar todo o que poida, viaxar moito e coñecer mundo".

La receta mejor guardada, al descubierto

Trenza
Trenza
Confitería Landín puede presumir de un producto estrella que despierta devoción entre quienes lo prueban: las trenzas. Parafraseando un conocido eslogan publicitario, el secreto está en la masa, una composición que comparten con los cruasanes y que  ha convertido a este local en lugar de peregrinación para los amantes del dulce más exquisito.

Próximo a la jubilación, el artesano accede a revelar su receta: "Fariña de gran forza, azucre e ovos para a masa madre. Un pouco de mantequilla e un chisco de levadura, moi pouca".

La masa se introduce por la mañana en la nevera para que enfríe y se retira a las nueve de la noche. Queda al aire hasta que a las cinco de la madrugada se le da un toque de pincel y se cuece en el horno durante 40 minutos. "Non ten ciencia".

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