Día de perros en Campolongo: "Vine porque me hace ilusión, es algo original y bonito"

Una tortuga rompe la hegemonía impuesta por 18 canes en la tradicional bendición de mascotas con motivo de la festividad de San Antonio Abad, patrón de los animales

El párroco José Antonio Fernández Recuna decidió recuperar para su feligresía de Campolongo, a finales de los años 90, la tradición de bendecir a las mascotas cada 17 de enero, día de San Antonio Abad, patrón de los animales. Una costumbre que había dejado de celebrarse en la parroquia de San Bartolomé, en cuyo templo está expuesta al culto la imagen del santo.

Desde entonces, la iglesia de San José se ha mantenido fiel a una cita en la que nunca fallan los principales protagonistas. Ni siquiera en un día de perros como el de este miércoles, cuando la borrasca empapó a mascotas y dueños. Pero San Antonio se impuso a Irene y cerca de una veintena de amantes de los animales se congregaron en los soportales del templo desde minutos antes del mediodía.

Los más madrugadores fueron algunos debutantes en este ritual. Como Virginia Portela, dueña del caniche Tarsi, de año y medio. "Vine porque me hace ilusión, es algo original y bonito". Junto a ella, otras dos primerizas: Carmen Fernández y su perra podenca Arya, de 10 años. "Antes no vivía en Pontevedra y desconocía esta tradición. Pero me lo dijo mi suegra y aquí estoy".

Muy cerca se sitúa una de las veteranas de la bendición, la golden retriever Frida, de ocho años. "Antes de traerla a ella, yo ya venía con un lobo auténtico que tenía", subraya su orgulloso dueño, Alejandro Pita Mon, mientras charla con otro habitual, Serafín Soteliño, propietario del juguetón yorkshire Chaski.

Una de las últimas en llegar es Olga Lucía Lux, vecina del barrio, que lleva siete años repitiendo asistencia. Le acompañan los dos abuelos de la mañana: Cuco, de 13 años, y Luna, de 11. "Venimos todos los años, ya son conocidos. Los traigo por el carácter del perro, que es un poco arisco, a ver si se le suaviza. Además, estos días está sufriendo de una patita", explica la joven, mientras su mascota enseña los dientes a todo can que se le acerca.

La excepción

 Entre tanto perro y tanto ladrido, Jorge Leal sostiene en sus brazos a la única mascota que no tiene pelo. Una tortuga rusa que regresa a Campolongo por segundo año consecutivo. "Antes tenía otra, pero se me murió", aclara el joven.

Finalizados los oficios religiosos, en torno al mediodía, el vicario Antonio Carbia se encarga de oficiar el ansiado acto religioso. Rodeado por las mascotas y sus dueños, da lectura a un breve responso y acto seguido bendice uno por uno a los animales presentes.

En ocasiones anteriores, cuando la meteorología acompañaba, solían reunirse hasta una treintena de mascotas a las puertas de la iglesia de San José. Este miércoles fueron menos de 20, lo que muchos de los presentes achacaron a las adversas condiciones.

"Hay mucha gente mayor que tiene en casa perro o gato y que, de haber salido mejor día, se habría animado a venir. Pero con tanta lluvia y tanto viento, la mejor opción era quedarse calentito en casa", reconoce Alejandro Pita.

Un sentir similar al expresado por el sacerdote al término de la ceremonia. No obstante, Antonio Carbia se mostró satisfecho por la respuesta a la tradicional convocatoria, "teniendo en cuenta el día que hace". Por la tarde, al término de la misa de las 7, se repitió la bendición, aunque con una menor afluencia animal.

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