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DIARIO DE UN CONFINADO

El día del amor

Diario de un confinado 27.03.2020 - Rodrigo Cota

10:30
Me levanto desganado sin saber que éste será para mí el día del amor, el más feliz del año y uno de los más felices de mi vida. Me llama Gerardo Lorenzo, que sabe que soy autónomo y le preocupa mi situación y la de mi familia, así que quiere saber si todo está bien y si necesitamos algo, lo que sea. Es hombre bueno y generoso. Me emociona su llamada y como no me llama para que lo cuente, por eso lo cuento.

Pienso en su tío Sabino Torres y en lo bien que nos vendría ahora su sapiencia, su sabiduría, que son cosas bien distintas, sus consejos y hasta su mala leche. Así que inauguro la jornada con una mezcla de alegría y nostalgia, una combinación que nunca había experimentado. El caso es que Gerardo además siempre tiene la palabra exacta, que diría en gran Antonio Vega, y es una máquina de alzar ánimos. No se me ocurre manera mejor de empezar un día de encierro. Si mi señora me lo permitiera le pediría matrimonio. Un abrazo te manda toda mi familia, Gerardo. Eres un amor.


10:50
Sobre esta hora recibo una agradable llamada. Es la de mi hermana Marcela. Ella es profesora, vive sola y ahora teletrabaja. Nuestra familia siempre ha sido como un clan escocés, y desde que faltan nuestros padres ella es quien nos lidera. En este encierro mantiene el buen rollo y todos y todas la reconocemos como la líder. Otro amor.


13:30
Me llama otro amigo, Xosé Lois. Viene de trabajar en coche y está frente a mi portal. Me dice que baje, que tiene una cosa para mí. Bajo como una centella y me entrega desde el coche, cosa de pocos segundos, dos regalos, uno que trajo de Escocia y otro de México. Pedazo de amigo. Detallista y siempre buena gente. Si Lorenzo ya me había hecho feliz, esto me desborda. Tercer amor.


15:50
¿Y si tu amigo te pide que te tires de un puente? Eso nos preguntaban siempre nuestras madres cuando les decíamos que queríamos hacer algo a petición de un amigo. Pues ahora mismo, no sé. Dependerá del amigo, del puente y de las razones por las que me lo pide. Igual ahora no, que estamos encerrados, pero lo mismo cuando esto acabe deberíamos pensar en tirarnos de un puente. En sentido figurado, lo digo, no vaya usted a hacer una tontería. Recuperar la sencillez, huir de lo material, volver al campo, pisar la tierra, pescar y cazar, nunca por deporte, claro, siempre por proveerse de alimento; plantar, cosechar y recolectar; cultivar las artes. Pensar en aquello que realmente necesitamos para vivir y rechazar todo cuanto sólo sirve para presumir o para trepar: eso no nos mantendrá vivos. Apostar por lo público, que ahora vemos que es lo que salva vidas.

Buscar el liderazgo de la señora que sabe lo que dice y tiene la edad suficiente para enseñarnos, o del joven audaz con buenas ideas revolucionarias.

Sería una desgracia que saliéramos de esto intentando volver a lo de antes, sin nada que aprender. Si el teletrabajo funciona, ¿por qué no lo mantenemos? No sé por qué tendremos que volver al trabajo presencial que nos contagia virus, nos hace contaminar en viajes interminables de casa al trabajo que nos roban un tiempo precioso; nos cuesta un dineral, nos impide comer con nuestros hijos o abrazar a nuestros padres, nos obliga a vivir para trabajar en lugar de trabajar para vivir.


17:00
Me llama Xabi Fortes, encerrado en Madrid. Un poco, como todos, para preguntarme cómo me va y ofrecerse a lo que haga falta. El tercer amor del día. Le digo que su hijo Dani, con quien comparto la afición a la selección de Croacia, y a quien sigo fervorosamente en Twitter, es un tío ingenioso y muy ocurrente. Creo que quiere hacer Periodismo. No sé si es la mejor idea pero juro por Dios que si lo hace será el mejor periodista del universo. Es ágil, tiene reflejos y una mente muy despejada. Me dice Xabier: "Es mucho más listo que yo a su edad". Le digo, "no, es mucho más listo que nosotros a la nuestra".


19:00
​El cuarto amor del día, el mejor. Dije en casa, así como de pasada, que echaba de menos las tartas de manzana de mi señora. Ella me miró así como mal, que es como me mira casi siempre, pero resulta que hizo una tarta de manzana esta tarde. A ver cómo lo explico: creo que nuestra relación se basa en que yo la quiero y no se lo demuestro y ella no me quiere y tampoco me lo demuestra, y así llevamos treinta y pico de años. Un día de estos le propondré montar a medias un consultorio para adiestrar a otras parejas. Seguro que me dice que no, y por eso la quiero tanto, porque siempre me saca de la cabeza las malas ideas. Como sigamos así acabaré pidiéndole otra vez que se case conmigo.

El día del amor
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