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PONTVEDRANDO... EFECTO PO2

Diez años salvando vidas

Imagen de archivo de un lugar con zona 10 en Pontevedra. DAVID FREIRE
Imagen de archivo de un lugar con zona 10 en Pontevedra. DAVID FREIRE
Poco hablamos en Pontevedra del buen hacer de los conductores y de su contribución al récord sin atropellos

Celebramos esta semana en Pontevedra los diez años sin muertes por atropello. En otras circunstancias lo hubiésemos celebrado a lo grande, sacrificando a dos personas y siete carneros para mantener el favor de Satán, pero ahora no se puede porque eso supondría reunir a un montón de no convivientes que además, al rugir de los tambores se hubieran quitado la mascarilla y se hubieran saltado como locos las distancias de seguridad. Así no se puede.

Se trata de un récord para enmarcar, no tanto por el aniversario en sí, sino sobre todo por la cantidad de vidas que hemos salvado. Sí también usted y debemos felicitarnos por ello. También porque los accidentes por atropello se han reducido drásticamente, tanto en cantidad como en gravedad, pues apenas el 15% de las víctimas han precisado ingreso hospitalario, sobreviviendo al percance sin mayores consecuencias en la inmensa mayoría de los casos.

Todo ese éxito, reconocido una vez más por la DGT, que ha vuelto poner a Pontevedra como un referente en Europa, se debe a varias causas: una, obviamente, los límites de velocidad y el famoso 30 por hora del que al principio algunos nos reíamos. Luego, los lombos y otras medidas de calmado de tráfico; en tercer lugar, la reducción de las calles en las que pueden transitar vehículos y las calles, casi ya todas, de una única dirección en un sólo carril.

Pero también, y eso es destacable, la colaboración de la ciudadanía, quien conforme mayoritariamente con esas medidas las aplicó sin mayores reservas Y sobre todo, fíjese lo que le voy a decir, de las y los conductores. Eso es importante, tan importante como lo que más. No es fácil para un conductor someterse al imperio del caminante. Como todos sabemos desde siempre, la gente, cuando la ponen ante un volante se transforma en una peor persona, más agresiva e iracunda, porque tiende a creerse superior. A todos nos pasa. A usted también, no me lo niegue.

No sé muy bien cómo, quienes conducen en Pontevedra han asimilado que al menos mientras circulan por nuestro municipio tiene preferencia el peatón o cualquier otro usuario del espacio público que comparten coches y viandantes. Anteriormente, los caminantes vivían vigilando a los coches, como sigue sucediendo en todas las ciudades. Hoy aquí son los conductores los que están pendientes de los caminantes. Saben que tienen preferencia en cualquier calle o plaza, incluso cuando no cruzan por un paso de peatones. Le pongo un ejemplo:

Si va usted caminando desde la Avenida de Vigo hacia A Peregrina, llegando a la plaza en la que está la fuente de los niños, que no recuerdo ahora el nombre, se encuentra con una calle que gira ahí mismo para pasar por delante de la librería Cronopios. Pues bien, justo donde hace el giro la calle, tal como va usted caminando, si quiere cruzar por un paso de peatones tiene que desviar su camino unos cinco o seis metros. Nadie lo hace. Todo el mundo cruza por en medio, que es el camino recto y por tanto el más corto. Pues bien, los conductores que pasan por ahí lo saben, y siempre lo hacen muy despacio y mirando a todas partes por si aparece un peatón.

Poco hablamos en Pontevedra del buen hacer de los conductores y de su contribución al récord de diez años seguidos sin muertes por atropellos y casi sin atropellos. Quizá por eso existe la falsa creencia de que en Pontevedra demonizamos a todo aquel que se sube a un coche. La actitud de quienes conducen, salvo en contadas excepciones, es ejemplar. No es fácil escuchar un bocinazo y cuando lo escuchamos suele propinarlo algún forastero que acaba de llegar y aún no ha entendido nuestra filosofía de la vida.

Supongo que eso se debe a que los conductores tienen hijos que van caminando solos al colegio o quedan por las tardes para reunirse en una plaza, y a que cuando ellos mismos se bajan de su máquina y salen a pasear o a hacer algún recado, valoran poder disfrutar de ese momento sin sentir la supremacía abusiva de los motores.

Así que el mérito es de todos y de todas. De quienes idearon e implantaron el Modelo y de la ciudadanía que lo comparte y que se siente justamente partícipe y orgullosa de un éxito que pertenece a todo el vecindario, y eso incluye a los conductores, por descontado.

Pues ni celebramos este décimo aniversario sin víctimas mortales porque lo vemos tan normal que sería como celebrar que llevamos diez años yendo a comprar el pan o este periódico. Pero es bueno que al menos brindemos por este éxito tan bien trabajado y que sigamos año tras año batiendo el récord, que imagino yo que si nos ponemos a investigarlo, puede que sea un récord mundial si nos comparamos con ciudades de nuestro tamaño o más grandes.

Diez años salvando vidas
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