"¿Dónde está el océano?"

Un centenar de menores ucranianos, algunos con sus madres, participan en el campamento organizado por Afundación y AGA-Ucraína ▶ Se desarrollarán en cuatro turnos en la Residencia de Estudiantes de Pontevedra e incluirán excursiones

Foto de familia de los participantes. JOSÉ LUIZ OUBIÑA
photo_camera Foto de familia de los participantes. JOSÉ LUIZ OUBIÑA

Vlad tiene diez años, vive en Monforte de Lemos (Lugo) y le gusta "comer, la playa y estar con mi mamá". Lida, de doce y vecina de Oleiros (A Coruña), está deseando ir al aquapark, "porque no había estado", mientras que Diana, de 14 y también residente en la localidad lucense, asegura que le gusta "estar aquí, soy feliz jugando y me gusta la comida".

Anna, una joven ucraniana que llegó a España procedente de Polonia justo antes de la pandemia, ejerce de traductora en la Residencia de Estudiantes de Pontevedra, que desde el pasado lunes hasta el 18 de agosto acoge un campamento de verano en el que, en cuatro turnos, participará un centenar de personas ucranianas que desde la invasión rusa viven refugiadas en Galicia. Este martes se presentó la iniciativa.

Se trata de una iniciativa de Afundación, una propuesta vinculada "con la nueva línea estratégica de la entidad centrada en el impulso social", que cuenta con la colaboración de AGA-Ucraína. Carlota Sánchez-Montaña, coordinadora adjunta del Área de Educación de Afundación, explicó que la colaboración entre ambas entidades se inició tras la llegada a Galicia de familias refugiadas con iniciativas para recaudar fondos y alimentos.

Ampliando la red de alcance del programa [email protected], se puso en marcha en febrero la colaboración con esta asociación para el envío de material de primera necesidad y alimentos no perecederos para las zonas afectadas por el conflicto. Así, se enviaron más de 91 toneladas de productos gracias a la implicación de 125 personas voluntarias. También se recaudaron 270.000 euros a través del "llamamiento solidario" de Abanca y se le cedió una nave en A Coruña para actividades de logística.

Carlota Sánchez-Montaña y Natalia Afónina durante la presentación, este martes. JOSÉ LUIZ OUBIÑA
Carlota Sánchez-Montaña y Natalia Afónina durante la presentación, este martes. JOSÉ LUIZ OUBIÑA


Pero la guerra sigue en pie y llegado el verano "surgió la posibilidad de articular este campamento en esta residencia, que ahora se queda mayoritariamente sin universitarios". Se trata de una iniciativa "cultural y lúdica para niños acogidos en familias gallegas", para "darles un respiro", y que también abre sus puertas a los propios hijos de estas familias.

Los campamentos se organizan en turnos de diez días, por rango de edad, e incluyen actividades, visitas y excursiones a la playa, a Vigo o a Santiago. La mayoría de los participantes tienen entre ocho y doce años o entre 12 y 16, aunque también hay un pequeño de cuatro años y una joven universitaria de 19, "que viene con su madre". Y es que, en algunos casos, las propias progenitoras también participan para evitar la separación familiar. "En este turno son 25 personas, de las que ocho son madres". La otra cara, también positiva, es la de los pequeños que participan solos porque sus madres están trabajando.

Niños jugando en el campamento. JOSÉ LUIZ OUBIÑA
Niños jugando en el campamento. JOSÉ LUIZ OUBIÑA


"NON FALAN DO SEU PAÍS". También acude algún hijo de las familias acogedoras. Es el caso de Tomás, de diez años y vecino de Ordes. En su casa viven Arten, de nueve, "que xoga moito na colchoneta", Katya, de 20, "que estuda moito e é moi cariñosa" y su madre, Valeria, "moi traballadora". "Levan con nós dous meses, por aí", detalla el muchacho, quien explica que lo que más le gusta del campamento "son as excursións e xusto hoxe imos facer unha, imos ir a unha praia fluvial". Apunta que sus invitados "non falan do seu país" y que lo más que le gusta de su presencia es "que ás veces me traen chuches".

Natalia Afónina, presidenta de AGA-Ucraína, por su parte, hizo hincapié en el agradecimiento a Afundación por toda la ayuda prestada desde el inicio de la guerra, agradecimiento que hizo extensivo a las familias de acogida, y subrayó que estos campamentos "servirán para que los niños tengan un verano normal y disfruten del tiempo, el mar, y descubran la naturaleza". Entre los participantes del tercer turno hay un grupo de adolescentes que viven en Maceda (Ourense), procedentes de Kiev, "y preguntan dónde está el océano". 

Afónina explicó que acaba de volver de Ucrania y que alí "la situación de los niños es muy difícil", pues cada día "mueren cien soldados y eso son niños que pierden a sus padres", pero eso "queremos hacer todo lo posible para que pasen un verano normal", en contraposición con la vida en su país natal, donde "las madres esconden a los niños de las bombas, pero la vida sigue y aquí tenemos que hacer que tengan una vida normal".

Dos niñas en el campamento, este martes. JOSÉ LUIZ OUBIÑA
Dos niñas en el campamento, este martes. JOSÉ LUIZ OUBIÑA

Se da la circunstancia de que los niños -o familias- que participan en este primer turno proceden de las ciudades más damnificadas por los bombardeos rusos, como Jarkov, Mariupol o Kiev. "La mayoría no tienen a todo volver y ya no saben donde van a vivir" si regresan a su país. La preocupación tiene que ver, sobre todo, con el futuro académico de los más jóvenes. "Tenían pensado regresar en septiembre, para el curso académico, pero tras estos últimos tres días de bombardeos ya no saben que hacer".

Así lo confirma Inna, una de las madres participantes, que está acogida por una familia de Oleiros con sus hijos de cuatro, 12 y 16 años. Ella habla, en un aceptable castellano, de su futuro incierto, pues aunque pensaban regresar para iniciar el nuevo curso en su país, "no sabemos cuando volveremos". "Miramos las noticias cada día, esperando que ese sea el del fin de la guerra, pero aún ayer -por el lunes- bombardearon Kremenchuk y hay mucha gente sufriendo".

Mientras tanto, esta iniciativa resulta un soplo de aire fresco en sus vidas. Es el caso de Igor, de 16 años, quien, traducido por Anna, apunta que "hay mucha diferencia entre la cultura gallega y la ucraniana", pues en su país "las raciones de comida son más grandes". En verano le gusta "nadar e ir a la playa", además de jugar "con mis amigos de la escuela, Cristo Rey".

Vive con una familia de acogida en Oleiros, mientras que Anastasia, de ocho años, reside en Baiona. "Me gusta nadar, ir a la playa y jugar al brilé. Tengo muchos amigos aquí y la comida está muy rica, me gusta mucho, menos el pescado".