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Un empresario pontevedrés ultima la apertura de un hostal en el verano del coronavirus

Un empresario pontevedrés está a punto de abrir un hostal en el número 22 de la calle Ferreiros. GONZALO GARCÍA
Un empresario pontevedrés está a punto de abrir un hostal en el número 22 de la calle Ferreiros. GONZALO GARCÍA
"Sabemos que la ocupación va a ser baja, pero hay que mirar hacia adelante. Este un año para ofrecer calidad", reivindica Camilo Garrido

Camilo Garrido tenía previsto abrir su tercer alojamiento turístico en Pontevedra en Semana Santa, pero la pandemia del coronavirus frustró sus planes. A pesar de las dificultades, su hostal de la calle Ferreiros abrirá en cuestión de días. "Sabemos que la ocupación va a ser baja, pero hay que mirar hacia adelante", explica el empresario pontevedrés, que confía en que los últimos trámites para la apertura de su negocio estén listos este fin de semana.

El establecimiento, que se llama Acolá, contará con ocho habitaciones y reunirá estrictas medidas de seguridad e higiene. "Hemos extremado las precauciones y eliminado textiles, alfombras y otros elementos. Al final el diseño ha sido aséptico y minimalista, acorde a los tiempos en los que estamos como consecuencia del virus", indica.

Garrido es consciente de que el flujo turístico será muy inferior a otros veranos. "Nos conformamos con marcar un 30% de ocupación. Este es un año para aguantar y resistir. También es un año para ofrecer seguridad y calidad", reivindica.

Este empresario pontevedrés dirige dos albergues en el casco histórico de la ciudad, concretamente en Arcebispo Malvar, zona de paso obligado para los peregrinos que realizan el Camiño Portugués a Santiago. A pesar de que la normativa en vigor permite que la ocupación de estos establecimientos sea del 75%, lo cierto es que Garrido ha decidido limitar aún más el aforo en sus negocios como garantía de mayor seguridad. "El límite lo hemos marcado en el 50% de la capacidad", indica.

MÁS ALBERGUES. Antes de que se declarase la alerta sanitaria por el coronavirus, Pontevedra se preparaba para abrir nuevos alojamientos turísticos debido a la proyección que tanto la ciudad como la ruta xacobea han ganado en los últimos años. De hecho, el Concello ha detectado un repunte en la solicitud de licencias de obras para la apertura de este tipo de negocios.

Las dos últimas promociones se impulsaron el pasado mes de mayo. La Concellería de Urbanismo, que dirige Xaquín Moreda, autorizó el permiso de obras de reforma para convertir en albergues dos edificios de la zona vieja.

Una de las instalaciones se ubica en el número dos de la calle Licenciado Francisco de Paula Cousiño. Con capacidad para 15 personas, este futuro negocio ocupará el bajo del inmueble, que está muy cerca de la Praza de Méndez Núñez.

El segundo alojamiento, de 18 plazas, está previsto en el número cuatro de la Rúa do Arco, muy próximo al Mercado de Abastos y a la Praza da Pedreira.

Los servicios municipales también han tramitado dos proyectos de este tipo en la Enfesta de San Telmo, detrás del Campiño de Santa María; en O Gorgullón y en la Praza da Verdura.

A hostalería local. "O noso maior medo é que non veña ningún peregrino"

La reapertura de fronteras con Portugal no es, por ahora, una esperanza a la que la hostelería local quiera aferrarse demasiado. Esta noticia, que trae consigo la reactivación del Camino Portugués, no parece suficiente para paliar los efectos económicos provocados por la pandemia.

Miguel García, trabajador del Gambrinus situado en la estación de tren, es una de esas voces que no las tiene todas consigo. Cerca del negocio que regenta se encuentra un albergue de peregrinos, lo que siempre repercutió positivamente en los beneficios del local. Este año, sin embargo, parece que la cosa será muy distinta. "A estas alturas soía estar ao cen por cen, mais últimamente non pasou por aquí ninguén".

Preguntado por los posibles miedos derivados de las medidas de seguridad relacionadas con la pandemia, el hostalero no evitó mostrar que sus preocupaciones iban por otra parte. "O meu medo non é ese. Penso que todo o mundo é consciente do momento no que estamos. O meu medo é que non veñan", asegura a este periódico.

García, pese la este miedo, es el primero en empatizar con la situación. "É normal. O medo segue latente. Os rebrotes. Todo condiciona". "E todo, dende logo, tamén é condicionado", comenta.

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