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Los efectos económicos de la pandemia: acumulación de deudas y falta de ayudas

Ismael Carreira vacía estos días el mobiliario del local, en la pontevedresa calle Charino. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Ismael Carreira vacía estos días el mobiliario del local, en la pontevedresa calle Charino. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
La "mala situación" que atraviesa la hostelería ha llevado a cerrar definitivamente al mítico local 'Entre lusco e fusco'

Entre lusco e fusco era una vieja conocida de la noche y la cultura pontevedresa. Con vocación de taberna cultural, pasó por varias manos hasta llegar a las de Ismael Carreira, conocido como Pelu entre la hostelería local, quien hizo resurgir su espíritu con grandes conciertos, sesiones de magia, o un ciclo de jazz, entre otros eventos, siempre acompañados de una cerveza bien fría o un vermú. Hacía cinco años que se había trasladado a la pontevedresa calle Charino, donde su programación se vio acotada, si bien su espíritu nunca decayó. "A situación xa non era a mesma na noite de Pontevedra, que baixou moito, a xente xa non gastaba o mesmo, pero sempre seguimos cos concertos. Todo ía ben ata que chegou todo isto", explica Carreira. La pandemia fue, para su gran proyecto, el mazazo definitivo.

El cierre del local se anunció justo cuando se cumplían 10 años de historia desde su reapertura, hace dos semanas. Para su actual inquilino, que estos días se concentra en vaciar del todo el mobiliario que una vez fue testigo de grandes noches de fiesta, el Lusco era "coma un fillo. Algo que ves medrar e acadar o éxito". Mientras recoge sus pertenencias y la poca decoración que todavía persiste en su interior, Carreira se detiene y lo contempla, ya irreconocible. "Levamos un ano cunha malísima situación económica para a hostelería. Despois do confinamento intentei retomar algunha programación, pero era imposible facelo con dúas semanas de antelación, cada día limitáronnos máis, e económicamente foi un desastre. Intentamos subsistir como puidemos, pero as axudas non chegan e as que o fan son ridículas. Unha axuda de 400 euros cada tres meses non cubre 1.000 euros de gasto mensual. Estiven acumulando débeda e máis débeda e tiven que chegar ata aquí", explica el hostelero.

Como empresario, la situación no es fácil para Carreira. "Xa antes non nos faciamos ricos. Subsistín todo o 2020 cos catro aforros que conseguiamos, pero non podo seguir así un ano máis, e non lle vexo o final a isto. Os políticos criminalízannos cando somos os que máis cumprimos. Pechan a hostelería e todo o mundo toma o café no banco do parque que ninguén desinfecta, é un sin sentido", dice. "Gastei os meus aforros o pasado ano e agora chega o 2021 e, como autónomo, quedei sen dereito ao paro, quedo sen aforros, vivindo ao día e a expensas de atopar calquera outro traballo onde e como sexa, e subsistir", lamenta. Su máxima urgencia, "atopar ingresos do que sexa". 

A pesar de esto, no olvida la profesión. Aunque la pandemia frustró el proyecto de vida de una década, Ismael Carreira lo tiene claro: "Eu son hosteleiro. Iso é algo que se leva dentro". En este sentido, en un futuro, no descarta "buscar unha experiencia nova, un novo local cun nome novo, con outros xeitos de ver o día a día", que le permitan reinventarse. "Pero claro, todo isto está en stand by ata que a hostelería poida volver a ser viable e nos deixen traballar de novo", admite.

Cierra sus puertas el local que vio pasar noches de conciertos de la mano de grandes artistas del panorama gallego e internacional, con noches de música folk escocesa, rap o punk, que en los viejos tiempos llegó incluso a ser un after, se recuperó, se trasladó y disfrutó de la compañía de la "gran familia" que ya formaba su clientela. "Ter que despedirse así é duro, nin sequera puiden reunir a toda esa xente e dicirlle adeus como quixeramos". El Lusco ya forma parte de la historia.


Carlos, soldador en Paro: "Ahora no percibo nada y no tengo más remedio que pedir ayuda"

Carlos (nombre supuesto) es el cabeza de un hogar en el que, además de él y su mujer, viven sus cinco hijos, todos menores de edad. El hombre, de 34 años, no se imaginaba hace un año que la vida le daría un vuelco tan grande por culpa de la pandemia. Y es que Carlos pasó de poder mantener a su familia gracias a trabajos a puntuales a tener que depender de la ayuda de Cáritas para poder salir adelante.

"Soy soldador, pero no encontraba trabajo, así que empecé a buscarme la vida por donde podía. Solía ir a limpiar fincas o también me llamaban de algún taller para hacer algún arreglillo o limpiar coches. Pero con el tema de la pandemia, al no poder salir, dejaron de llamarme", cuenta el afectado, que además también "solía ir a trabajar a la chatarra, pero tampoco se puede ir ahora por lo mismo". 

Carlos no esconde la situación en la que se encuentra su familia: "Lo estamos pasando fatal". Su mujer también está en paro y tan solo recibe un pequeño subsidio de 160 euros, que apenas le llega a la familia para poder vivir medio mes. "Tenemos que pedirle ayuda a Cáritas, a los que estamos muy agradecidos, porque sino vamos muy justos todos los meses". Y es que más allá del subsidio de su mujer, en casa de Carlos no entra más dinero. "Ahora no percibo nada y no tengo más remedio que pedir ayuda", dice.

Con respecto a las prestaciones, Carlos explica que solicitó en su momento las ayudas que ofrecen por la pandemia, pero todavía "no me han dado nada y conozco gente que a la que sí. Creo que eso deberían controlarlo más y darle más importancia a las personas más vulnerables y a los que más lo necesitan". 

"Ese dinero nos vendría muy bien para poder salir ahora de este bache mientras no se pasa toda esta situación", comenta Carlos, que indica que en ningún momento se va a rendir. "Esperanza hay que tenerla siempre. Ojalá que todo esto se pase pronto y pueda volver a ser como antes y a trabajar en lo de siempre", explica.

Para él y su mujer también es doloroso ver como sus hijos, de 14, 12, once, dos y un año, se tienen que adaptar a esa vida. "Nos fastidia mucho por ellos, pero así es la vida. Uno no se puede venir abajo", remata.


Isabel, sin empleo y sin vivienda: "Me quedé sin empleo y no podía pagar el alquiler de mi casa" 

Isabel (nombre supuesto), de 40 años, ha pasado de tener un empleo que le permitía pagar el alquiler y los gastos de su vivienda a depender de la ayuda de asociaciones sociales y a vivir "como si fuera de okupa" en el piso de un amigo. Con un pasado lleno de dificultades a sus espaldas y una operación reciente de dos hernias que no salió como esperaba, la pandemia la ha puesto contra las cuerdas.

"Me quedé sin trabajo y no podía pagar la casa que tenía alquilada en Marín. Cobro una Risga (Renta de Integración Social de Galicia), pero se me acaba en marzo", cuenta. "Se me juntó todo: problemas de salud y la pandemia y no levanto cabeza. He ido a entrevistas pero no me llaman. Es normal con la que está cayendo. También he solicitado la ayuda a la vivienda de la Xunta y me salió aprobada. Ahora estoy esperando", añade.

Pese a todos los obstáculos que se interponen en su camino, Isabel no tira la toalla. "Me urge tener una vivienda y un trabajo, pero seguiré luchando. Siempre me busqué la vida. He trabajado cuidando a mayores, de ayudante de cocina, de interna en una casa... y también hago cursos. Si te buscas la vida, la vida te ayuda", concluye. 

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