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Frenar la adicción en tiempos de virus: el 'confinamiento' de la recuperación

Construcción de una pajarera en el jardín de la vivienda comunitaria. ASOCIACIÓN RETO
Construcción de una pajarera en el jardín de la vivienda comunitaria. ASOCIACIÓN RETO
Frente a no poder salir, reunirse o trabajar, la respuesta de las asociaciones fue retomar su actividad desde la prudencia

¿Cómo ha sido el encierro del estado de alarma para las personas que están pasando adicciones? ¿Es más duro superar una conducta adictiva en tiempos de coronavirus? ¿Es más fácil caer en estas patologías? La respuesta que tienen más clara en el Proyecto Hombre y en la Asociación Reto a la Esperanza, dos de las entidades de referencia a las que se pueden dirigir las personas que necesitan ayuda para superar esta situación es que, de momento, no se pueden apreciar aún los efectos de la llegada de la pandemia a la sociedad en este ámbito. En ambos casos, los expertos coinciden en que es muy pronto para que el sello de la etapa de aislamiento, del toque de queda o de la reducción de la vida social, deje huella en las conductas adictivas de la ciudadanía.

En el caso del Centro Reto de Pontevedra, una asociación que goza de tres décadas de trabajo en la comarca y que tiene su sede, una residencia comunitaria en Vilaboa, lo que sí han notado, según su responsable, Ricardo Martín, es que "los nuevos ingresos llegan con todo muy claro. Saben mejor lo que necesitan". 

El coordinador explica que hay dos perfiles de usuarios con respecto a su actitud frente a su patología: "los que tienen una paga o ayuda, de repente la pierden, y toman el programa como si fuese un albergue, para recuperarse, comer sano y ganar fuerza, pero que en cuánto recuperan la paga recaen en el problema, y los que están dispuestos a seguir (unos ocho meses de programa) y se implican para lograr el cambio". 

Desde que entre mayo y junio se produjo la desescalada y se alcanzó la nueva normalidad, ocho personas se han incorporado a esta vivienda comunitaria de Vilaboa, en la que, en actualidad, hay cerca de una veintena de usuarios, todos ellos varones. "De esos ocho, dos han desistido", explica Ricardo Martín, que aclara que la cifra está es menor a la de otros años, en parte porque cada acogida necesita ahora diez días de cuarentena, pero también el nivel de desistimientos es menor. Al preguntarle por qué la pandemia puede estar trayendo a usuarios más concienciados, el coordinador reflexiona y matiza que "en muchos casos, el perfil es el de una persona con adicciones que llega tras un largo recorrido, ya sin mucho apoyo familiar y que consigue lo que necesita en la calle, y esos recursos de la calle cada vez parecen más difíciles de lograr", indica.

Sea beneficioso o negativo el efecto de las crisis sanitaria en la población con conductas adictivas, en la sede vilaboesa de Reto decidieron que no se podía parar, de modo que la reapertura se preparó a conciencia. "Es una vivienda comunitaria, con un comedor en común y cuartos compartidos, no podemos permitirnos contagios", aclara el coordinador, que añade que se han realizado varias modificaciones en el reparto interior de la misma para poder afrontar con más seguridad esta etapa. Desde turnos de cuatro para las comidas, hasta zonas para dormir con menos camas. Lo último, la creación de la zona de acogida para los ingresos. "Conseguimos un espacio con dos baños y con todo los necesario para que la persona recién llegada haga su cuarentena de diez días sin estar en contacto con los demás". Es una cuarentena en compañía de otro participante en el programa, siempre como prevención ante cualquiera de los problemas que se generan en los ingresos y que hacen necesaria cierta custodia "pero con espacio para evitar la proximidad y los posibles contagios". El método da resultado, y, de momento, no ha habido contagios.

¿Qué ha pasado a los voluntarios de Centro Reto al volver a la calle trabajando en actividades como el rastro? Contra lo que se pueda pensar, ya con la desescalada completa, se encontraron confianza plena para volver a entrar a recoger o entregar muebles. "A veces somos nosotros, que siempre vamos con mascarilla, los que tenemos que pedir a la gente que se las ponga, porque al estar en sus casas parece que son reticentes", reflexiona Martín.

Nuevas tecnologías: "Aquí hay que dejar el móvil"
En cuanto a las nuevas adicciones, en Pontevedra, el perfil del usuario mayoritario es el que tiene una adicción a uno o varios estupefacientes "sea coca, heroína, sean chavales que empiezan a detectar que tienen un problema con la marihuana y otras sustancias". Puede que el perfil cambie, pero eso es algo que también se ve con el tiempo, Ricardo Martín, que empezó en Asociación Reto como usuario en Santander en los años 90, reconoce que hay situaciones que no parecen lógicas "como ver que sigue habiendo consumo de heroína con lo que eso supuso; o que seguimos recibiendo a chavales jóvenes, que tienen ese problema, cuando ahora hay tanta información". Hay adiciones nuevas, como a los móviles o apuestas online, que son la evolución de otras. "Hace años, al entrar en un Centro Reto había que dejar de fumar y la gente se escandalizaba. Ahora, ya es normal mantener el tabaquismo fuera de ciertos ámbitos". Aquí hai que entrar dispuesto a olvidar el móvil. "Si uno tiene una conducta adictiva, el móvil y las redes sociales son áreas en las que parece difícil que la pueda manejar. La premisa es dejarlo y, después de unos días de aislamiento, recuperar el contacto presencial, algo que ahora tampoco podemos hacer, por llamada convencional o por carta", dice

El efecto en las patologías "se verá a largo plazo", aclaran en Proyecto Hombre

"No es el momento, todavía, de que podamos ver si el estar encerrados tanto tiempo, o los cambios más recientes a nivel social han influido en el aumento de las adicciones". Es la conclusión que, de momento, tienen en el seno de la Fundación Proyecto Hombre, en donde, a falta de un balance anual (que se hace al cerrar el ejercicio) el foco se está poniendo más en la recuperación de las dinámicas de trabajo, que se apoyan en terapias presenciales, que en si hay más o menos demandantes de ayuda. "El motivo es que, cuando llegan a nosotros, es porque hay un largo recorrido de la adicción y el deterioro, no unas semanas o meses", indica una de las terapeutas de la fundación, Marisa, desde la provincia de A Coruña. ¿Ha cambiado el perfil del usuario? Por el momento, este sigue siendo variado, aunque la tónica, -no marcada por el virus- es que "cada vez lleguen más personas con ludopatía, o en los que se combinan varios tipos de adicciones en los que las apuestas pasan a incrementarse, y el alcohol sigue formando parte de muchos de los cuadros. También la mujer se incorpora a estos grupos en los que era minoría", señala.

CONTROL. Los juegos desde los móviles, las apuestas online y el juego convencional toman el relevo en un perfil que ya existía hace tiempo y que era más visible en la calle, en bingos y salas de recreativos. Indica la especialista que cada vez son más las personas que se reconocen en esta situación, en la que se entra "creyendo que se puede controlar" y se acaba con un deterioro "de la calidad de vida, del sueño, las redes familiares, en donde se busca el dinero, y sociales". Son casos que, a diferencia de los de toxicomanías, "a veces las familias se dan cuenta y llegan con chicos jóvenes, de unos 20 años, de modo que se pueden aplicar terapias preventivas". Esta faceta es una de las que el virus cortó, así como la posibilidad de participar en las dinámicas de grupo. 

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