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El fuego que revolucionó la cultura local

Las llamas devoraron todo el edificio y apenas dejaron en pie la fachada y algunas paredes. ADP
Las llamas devoraron todo el edificio y apenas dejaron en pie la fachada y algunas paredes. ADP
En el incendio de la madrugada del 15 de abril de 1980 se perdió un viejo edificio y se ganó un Teatro Principal

"Alcalde, ven que está ardiendo el Teatro". Con estas palabras el ingeniero municipal, Enrique García Quintela, despertó a José Rivas Fontán cuando solo llevaba un año como alcalde de Pontevedra. Era el 15 de abril de 1980 y el reloj marcaba las tres y cuarto de la madrugada, solo 15 minutos de que hubiese cerrado la sala de bingo del Casino, foco del desastre.

Bernardo Vázquez, gerente del Teatro Malvar, notó un ligero olor a quemado y al salir al balcón de su casa ya vio la cortina de humo subiendo por el primer piso. El podólogo Eugenio Vidal, que paseaba por la calle, también fue testigo del germen. Fueron los primeros en adivinar la tragedia y en dar la voz de alarma.

Aquel vetusto inmueble tenía más de un siglo de historia. En 1864, en la entonces plaza de Tetuán, comenzaron las obras del edificio para el Liceo Casino, con un anexo trasero que después se convirtió en el Teatro Principal. Su inauguración fue el 2 de agosto de 1878.

Antes del incendio, el Teatro era de uso exclusivo para los socios del Casino y su actividad siempre estuvo ceñida al cine. En abril de 1900 acogió la primera proyección cinematográfica de Pontevedra y en diciembre del mismo año la primera audición de fonógrafo con bocina. La aparición de otras salas en la ciudad (el Victoria en 1943, el Malvar en 1948 y el Gónviz en 1970) delegaron al Principal a un segundo plano, convirtiéndose primero en un cine barato y después en un cine de variedades. "También lo usaban los socios del Casino para sus bailes", recuerda Rivas Fontán.

"El paso del tiempo es una llama que reaviva los recuerdos", subraya el ex regidor, que vivió en primera persona una de las peores hecatombes en la ciudad. "Me sobrecogió el ruido que provocó lo que hoy es la entrada principal al desplomarse. Es como si el viejo edificio se marchase dando un portazo, que hizo temblar las casas de alrededor". 

Antes de adquirirlo el Concello, la empresa Construcuatro solicitó licencia para levantar allí un párking de varias plantas

SIN MEDIOS. Los Bomberos que acudieron a la extinción estaban en absoluto precario y la ridícula dotación de solo cinco hombres se vio sobrepasada desde el primer minuto. Su tesón y voluntad resultaron estériles ante torres de fuego de 15 metros de altura y llamas que destrozaron los cristales contiguos, en una escena apocalíptica perfectamente visible desde varios kilómetros a la redonda.

A la limitación de efectivos se sumó la escasez de agua de la traída, lo que restaba eficacia a las mangueras. "Tuvimos que llamar a la Escuela Naval para que nos echasen una mano, porque ellos tenían bombas más grandes. Si no llega a ser por ellos, estaríamos hablando de un desastre mucho mayor, que habría alcanzado a las casas limítrofes, que eran viejas y de madera". 

Pero a medida que el fuego engullía una parte de la historia, en la cabeza de Rivas Fontán nacía un objetivo que, cual Ave Fénix, haría resurgir de sus cenizas al Teatro.

Viajó a Barcelona para entrevistarse con la propietaria, Dolores Vázquez, que se lo tenía alquilado a la empresa Fraga, gestora también del Teatro Malvar y del cine Victoria. "Cerramos la venta en unos 300 millones de pesetas", recuerda. El coste final del rescate se elevaría finalmente a los 464 millones de pesetas, un dineral para la época que levantó no poca controversia entre una parte de la población, más partidaria de destinar semejante inversión a un edificio nuevo.

Pero el alcalde no estaba dispuesto a permitir que se perdiese ese trocito de la historia de Pontevedra y la recuperación del Teatro Principal fue, junto con la mejora del suministro de agua, su gran legado para la ciudad.

Pero antes de ser el edificio noble que hoy conocemos, el Principal estuvo a punto de convertirse en un gran párking en superficie. A las pocas semanas de sucumbir bajo las llamas, la empresa Construcuatro solicitó en el Concello licencia para levantar allí un gigantesco párking de varias plantas, al que se añadiría un minúsculo teatro y cumplir así con la exigencia de los propietarios originales del solar para acceder a la permuta de terrenos con la plaza del Teucro. "Menos mal que pudimos frenar el proyecto", se alivia el ex alcalde.

UN CANJE IMPOSIBLE. Antes de encargar la recuperación del edificio, Rivas Fontán se planteó una misión imposible: negociar con el Casino una permuta de su parte del Principal con el edificio de la Caja Rural (actual Café Moderno), "porque detrás tenía un solar espléndido para que el Liceo pudiera celebrar allí sus bailes y sus actos sociales". La idea, como era de prever, no cuajó. "Pontevedra, aunque vota al Bloque, era y es muy conservadora", esboza.

Para la restauración del edificio se creó una comisión integrada por todos los colectivos culturales de Pontevedra, que convocó un concurso a nivel nacional en el que participaron las firmas más prestigiosas del momento. Finalmente, el encargo recayó en el arquitecto José Miyar Caridad.

La reinauguración: un cartel de lujo con la Caballé como plato fuerte
La reinauguración tuvo lugar el 3 de enero de 1987, casi siete años después del siniestro. Para celebrarlo, Rivas Fontán no escatimó en gastos y trajo lo más granado de la cultura de la época, con la soprano Montserrat Caballé como estrella de cartel. "Fue uno de los mejores festivales de música y danza de España, comparable con el de Santander o Granada, pues aquí vinieron los Virtuosos de Moscú, la Orquesta de Cámara de Londres, los Solistas de Zagreb, el Ballet Nacional de España…", apunta.
La financiación del evento se sufragó con aportaciones voluntarias. "Pero nada de mendigar miserias, como en las fiestas locales. Dije que quien quisiese ayudar debía aportar, como mínimo, 500.000 pesetas", asegura. La implicación ciudadana fue tal que el coste total fue de 30 millones de pesetas, pero se recaudaron 33, es decir, hubo superávit.

El regalo de la condesa de Fenosa
Como anécdota, Fontán recuerda que el caché de la Caballé fue abonado íntegramente por la condesa de Fenosa. "Cuando fui a Coruña a pedirle su colaboración me dijo que me vio tan interesado en el festival que ella sola pagaría los 2,5 millones de pesetas que cobraba la soprano". 

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