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"He disfrutado de todo en el Pazo: de lo más grande a lo más pequeñito"

Paco Rivas, en su primer día de jubilado. RAFA FARIÑA
Paco Rivas, en su primer día de jubilado. RAFA FARIÑA
Más de 20 años, seis concelleiros de Cultura y miles de actuaciones después, Francisco Rivas, Paco, se jubila. El Pazo da Cultura de Pontevedra pierde con su marcha no solo a su empleado más antiguo, sino también a la persona que más y mejor ha conocido y querido este espacio

ES DIFÍCIL IMAGINAR el Pazo da Cultura de Pontevedra sin Paco. Cordial y dispuesto, trabajador incansable capaz de entrar a las ocho de la mañana y salir de madrugada, nadie conoce tanto y tan bien este espacio, en el que se ha dedicado a solucionar problemas sin parar a lo largo de los últimos 20 años. Pero sí, Francisco Rivas (Espindo, Forcarei, 1959) se jubila. «Aunque seguiré viniendo por aquí. Ahora, entre el público». Se fue a Venezuela con sus padres cuando tenía ocho años. Volvió, una primera vez, para hacer la mili y casarse. Y luego, ya definitivamente, con 35 años. Eso sí, nunca perdió del todo el acento. «Se me quedó ya para siempre».

¿Recuerda su primer día en el Pazo da Cultura?

Claro. A finales de 1998, si no me equivoco. Era Tino Lores concelleiro de Cultura. Antes de que el Pazo se inaugurase oficialmente, hicimos algunas actuaciones puntuales. Para prepararlo todo para una de esas fue que vine por primera vez. ¿Sabes de qué me acuerdo? De que, como no conocíamos todavía bien cómo funcionaba todo, nos liábamos. Por ejemplo, con las luces. Siempre nos dejábamos algunas encendidas. O se apagaban unas y se encendían otras. Nos tirábamos con ellas media hora.

Tino Lores fue el primer concelleiro de Cultura con el que le tocó trabajar. Luego vinieron otros cinco, de Luís Bará a Carme Fouces.

Y no he tenido ningún problema con ninguno. Con todos he trabajado fenomenalmente bien. Y con los compañeros que he tenido aquí, que han sido muy buenos.

¿Qué es lo que más va a echar de menos del Pazo da Cultura?

Uf, muchas cosas. Porque todo lo que he hecho aquí para mí no ha sido trabajar por obligación, de mala gana, sino todo lo contrario, ha sido muy bonito y me he implicado a tope. He disfrutado mucho de todo lo que se ha hecho aquí, desde las cosas más grandes a las más pequeñitas. Me ha encantado formar parte de todo esto y colaborar con todo el mundo que ha pasado por aquí.

¿Se ha convertido esta en su segunda casa?

¡He pasado aquí muchas más horas que en mi casa! ¡Eso seguro! He sido siempre el primero en llegar y el último en irme. He llegado muchas veces a las ocho de la mañana y me he ido de madrugada. Ya va siendo hora de dedicarle tiempo a mi mujer, a mis hijos, a mis nietos, a mi madre. ¡Y a mis tortugas! Que tengo nueve.

¿Hay algo que no vaya a echar de menos?

No sé... Creo que no. A ver, en el concurso de murgas, por ejemplo, al que todo el mundo le teme por la cantidad de gente que congrega, yo nunca he tenido ningún problema.

Algún momento de tensión sí que se ha vivido para poder entrar con el aforo ya completo.

Muy muy puntuales. Yo he intentado siempre cumplir con la gente y eso se agradece. Por ejemplo, siempre he explicado que las medidas que se toman son por seguridad y nunca he tenido ni un solo enfrentamiento.

Es sabido que el evento al que más cariño tiene es el Salón del Libro.

Es que es maravilloso ver esto lleno de niños pequeños corriendo de un lado para otro pasándoselo en grande. Siempre me emociona.

¿De las miles de actuaciones que ha visto en estos 20 años, hay alguna que recuerde especialmente?

Lo que sí es verdad es que detrás de bambalinas las cosas son muy diferentes. Recuerdo que Lola Herrera es una mujer encantadora, por ejemplo. A veces son bastante más desagradables los representantes que los artista. Recuerdo también a Concha Velasco, que llegó con un fuerte dolor de espalda para hacer un monólogo de casi dos horas y se subió al escenario como si nada y lo hizo perfecto. Me dejó alucinado. Recuerdo también el conciertazo de Raphael en la explanada. De lo más bonito de este trabajo es esto: que hoy tienes teatro, pasado ópera, al día siguiente un congreso... Es maravilloso eso.

¿Cree que Pontevedra ha superado su reticiencia a cruzar el río?

Poco a poco. Pero todavía le cuesta, le cuesta. El puente es como una barrera. No sé por qué.

¿Va a echar más de menos usted al Pazo o el Pazo a usted?

Yo creo que nos echaremos de menos los dos. Pero aquí estoy para lo que haga falta.

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