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La odisea de un interminable viaje de tres pontevedreses para confinarse en casa

Turista en un aeropuerto. EFE
Turista en un aeropuerto. EFE
Dos turistas y una voluntaria pontevedresa a los que la crisis del coronavirus sorprendió en Ecuador, Perú y Argentina relatan su regreso 

Hogar dulce hogar. Por fin han podido decirlo. El hecho de tener que estar confinados pasa a un segundo plano cuando uno se siente a salvo y cerca de los tuyos. Es al menos lo que opinan Aloia Fernández, Olga Carral y Raquel Martín, tres turistas pontevedresas a quienes la crisis del coronavirus sorprendió en un país que no era el suyo y que han vivido una auténtica odisea para regresar a sus casas.

Aloia Fernández llegaba en su vuelo procedente de Ecuador hace diez días. Esta médica de Bueu empezaba a trabajar al día siguiente. Olga Carral y su cuñada y compañera de viaje, Milagros Val, aterrizaban en un Madrid cerrado "a cal y canto" hace dos semanas. Tras conseguir llegar a su Lalín natal, pasaron una cuarentena aisladas en una casa familiar en la aldea de Santiso. Esta semana se reencontraban con los suyos.

La última en llegar, hasta el momento, ha sido la joven Raquel Martín, que después de recorrer Latinoamérica durante un par de meses llegó ayer a su casa en Vigo tras una odisea de 36 horas sin dormir y varias conexiones. Antes había estado confinada en un hostel de Lima compartiendo habitación con otras siete personas. Asegura que desde el inicio de la crisis de la Covid-19, su viaje se ha complicado por momentos.

Como Raquel, más de 700 españoles han sido ya repatriados desde Perú tras quedarse varados a causa de la cuarentena obligatoria y el cierre de fronteras decretado por el Gobierno peruano desde mediados de marzo para frenar la propagación del coronavirus.

Hasta este viernes se habían efectuado tres vuelos de Lima a Madrid por parte de la compañía española Iberia, el último de ellos el pasado miércoles, que salió del aeropuerto limeño Jorge Chávez en torno al mediodía rumbo al aeropuerto Adolfo Suárez de Barajas.

Sin embargo, aún quedan cerca de 700 españoles más que han solicitado al consulado de España en Lima ser repatriados desde Perú, la mayoría de ellos al ver cancelados sus vuelos de retorno a causa del cierre de fronteras.

Según datos ofrecidos por el consulado, un total de 1.469 españoles se habían inscrito para tener sitio en los vuelos de repatriación. En los vuelos de Iberia también han viajado más de 70 ciudadanos de países europeos que se encontraban en la misma situación, mientras que más de una docena de españoles subieron a los vuelos organizados por los gobiernos de Austria, Francia, Países Bajos, Portugal, Reino Unido y Suiza.

30 AVIONES. El Ministerio de Exteriores reconocía este viernes que faltarían unos 30 aviones para traer de regreso a todos los turistas españoles que se encuentran dispersos por el mundo, para los que sigue tratando de coordinar vuelos y para los que va a lanzar una iniciativa para facilitar la "acogida solidaria" en casa de españoles residentes en terceros países.

"La mayor parte de los turistas españoles que quería regresar ya lo ha hecho o lo va a hacer en los próximos días", subrayaron fuentes de Exteriores en declaraciones recogidas por las agencias. Consciente de que hay países en los que, debido a las restricciones de movimiento interno impuestas por las autoridades y a la complicada geografía del terreno, es "materialmente imposible" que algunos turistas logren llegar a los aeropuertos internacionales, Exteriores va a lanzar una plataforma por Internet en la que residentes españoles en distintos países puedan ofrecer alojamiento a los turistas varados.

La idea está basada en la "solidaridad entre españoles" y permitiría a esos viajeros en circunstancias excepcionales encontrar un alojamiento donde pasar el confinamiento.

Exteriores recordó que en las últimas semanas han retornado más de 6.000 personas desde Iberoamérica: 1.600 de Cuba, 1.000 de Ecuador, 1.000 de Perú, 900 de República Dominicana, 200 de Bogotá, 129 de Paraguay, 170 de Uruguay. También han conseguido regresar 150 viajeros de Japón, 40 de Laos y 100 de Indonesia.


Olga Carral

"O que máis nos impactou foi ver Madrid pechado a cal e canto"

Olga Carral y su cuñada se encontraban visitando los glaciares argentinos cuando escuchó hablar por primera vez de lo complicada que se estaban poniendo la situación en España a causa del coronavirus. El pasado 15 de marzo recibió la llamada de su hijo advirtiéndole que tenían que regresar cuanto antes porque el Gobierno estaba a punto de cerrar las fronteras. "Fomos ver a uns familiares que temos na Arxentina. Tiñamos pensado ir tres semanas pero tivemos que volver antes", cuenta esta dezana ya dos semanas después de regresar a su Lalín natal.

La odisea de estas dos mujeres empezó tras aquella llamada. Lo primero que hicieron fue ponerse en contacto con su agencia de viajes para gestionar el cambio del billete de vuelta. "Na axencia dixéronnos que tiñamos que agardar, pero entón demos cuns españois que conseguiran falar coa embaixada. Enseguida nos chamaron para que nos anotásemos nunha lista de viaxeiros españois e máis tarde para dicirnos onde tiñamos que ir buscar os billetes". Olga recuerda las largas colas que tuvieron que esperar -"metían medo"- hasta que consiguieron un pasaje. "Fomos as últimas en coller os billetes do noso avión e grazas á embaixada puidemos volver o 18 de marzo".

Cuando llegaron a Madrid "todo estaba pechado a cal e canto". "Tivemos que esperar moitas horas no aeroporto e con todo pechado", describe. "A viaxe de volta foi horrible. Estabamos moi asustadas, non sabiamos se sería posible volver", dice. A su llegada, ambas mujeres se confinaron en una casita que tienen en la aldea de Santiso para posibles contagios. Allí cumplieron dos semanas de cuarentena hasta que por fin esta semana pudieron volver a sus hogares.


Aloia Fernández

"Fue un shock muy grande llegar y encontrar las calles y las ciudades vacías"

No habían pasado ni 24 horas de su llegada a Galicia cuando Aloia Fernández se incorporó a su puesto de trabajo en el centro de salud de Bueu. A esta médica que diez días después realiza su residencia en el ambulatorio Virgen Peregrina de Pontevedra la crisis por la Covid-19 la sorprendió en Babahoyo, a una hora de la ciudad de Guayaquil, haciendo un voluntariado junto a 62 profesionales sanitarios más de la Asociación Internacional de Sanitarios de España (AISE), cuando recibió la noticia de que en España se decretaba el estado de alarma y empezaban a cerrarse las fronteras.

"Estábamos haciendo una campaña en zonas rurales de Ecuador cuando nos enteramos", relata. Tal y como cuenta esta médica su viaje estaba previsto para durar un mes y medio pero finalmente solo pudieron quedarse quince días. Después empezó la odisea de buscar un vuelo para regresar a casa lo antes posible. "La verdad es que el consulado se portó muy bien con nosotros. En ningún momento nos sentimos abandonados, como les pasó a otros grupos que se encontraban por distintos países del mundo", explica Aloia Fernández, que asegura tener amigos en la India para los que la vuelta todavía es una incógnita.

Pese a que en todo momento se sintieron arropados por el consulado, asegura que vivieron muchos nervios, especialmente cuando la alcaldesa de Guayaquil canceló el primer vuelo. "Ya estábamos en el avión y no nos dejaron volar. Ahí nos desmoronamos un poco, pero unos días después ya nos pudimos venir, al final fue solo una semana de incertidumbre".

LA LLEGADA. "Cuando llegamos fue un shock muy grande", reconoce Aloia. "Ver el aeropuerto casi vacío, todo cerrado... en el tren íbamos todos separados. Veías las carreteras y las ciudades vacías, y después en Bueu las medidas extremas de higiene y seguridad en el centro de salud... me impresionó bastante", añade.

"Fue un choque de realidad tremendo porque, aunque te lo van contado, hasta que no lo ves no te das cuenta". Ahora Aloia se suma a la nómina de profesionales de la sanidad que trabajan en primera línea para combatir la Covid-19. En su caso desde el centro de salud de Pontevedra. "Sabemos que los sanitarios somos los que estamos más expuestos, pero es nuestro trabajo y ahora más que nunca tenemos que estar ahí", concluye.


Miguel Sánchez y Ana Dacosta

"Es frustrante no poder estar en primera línea"

El último avión que salió rumbo a España todavía no fue el suyo. Miguel y Ana tendrán que esperar al menos unos días para poder volver a su casa en Lugo. Lo que sí ha conseguido esta pareja, que se encontraba haciendo turismo en Perú cuando comenzó la crisis sanitaria, es acercarse a Lima después de permanecer durante dos semanas en cuarentena. Desde la capital esperan para viajar de vuelta a España en cuanto sea posible.

"Ayer nos comimos 18 horas de autobús y por lo menos estamos en Lima, que es lo que queríamos desde el principio", explica Miguel, médico de profesión. "Nos han dicho que se está negociando otro vuelo, aunque igual no es directo".

Esta pareja gallega, junto a otros turistas españoles, se encontraban este viernes en un hotel. "Habíamos alquilado un apartamento, pero ayer llegamos a las 12 de la noche y como hay toque de queda nos vimos obligados a quedarnos en este hotel, que no es precisamente barato. O te quedas en el hall o te gastas el dinero", dice.

Las cosas se complican, explica el médico lucense, ya que el Gobierno aprobó hace dos días una nueva medida que obliga a salir a la calle a los hombres los lunes, miércoles y viernes y a las mujeres el resto de los días. "Nosotros íbamos a cogernos un taxi. Somos cinco españoles los que nos vamos a los apartamentos y ahora vamos a tener que llamar a la Policía y explicarles todo esto para que nos custodien, nos den permiso o lo que sea".

Después de las 18 horas de viaje entre Cuno, donde permanecieron en cuarentena, y Lima, tendrán que esperar unos días para volar a Madrid y de allí trasladarse en tren a A Coruña o Vigo. "Después tendremos que coger un bus a Santiago para recoger nuestro coche y de allí a Lugo".

"Estoy en stand by, aunque lo que realmente me gustaría es estar en primera línea. Cuando salió un comunicado de la embajada el primer vuelo del día 25 ponía la gente preferente personal sanitario. Me dijeron que pusiera un correo diciéndolo, pero estoy seguro de que es como si no lo hubiera puesto. Es frustrante", añade.

Ahora se encuentran mejor aunque saben que la espera sigue. "Los días no se nos han hecho muy largos porque entre llamadas, el WhatsApp, un poco de Netflix... no nos llevamos el recuerdo de una tortura, porque la verdad es que en este país nos han tratado muy bien".


Raquel Martín

"El viaje fue una odisea, 36 horas de espera y sin dormir"

Lo primero que hizo Raquel al llegar a su casa fue darse una ducha de agua caliente. Después de permanecer 36 horas sin dormir y vivir tensas horas de espera en aeropuertos y estaciones de tren, esta joven viguesa pisaba suelo gallego a las diez de la noche del pasado jueves. Lo hacía tras volar en, hasta el momento, el último avión fletado por el Gobierno desde Lima hasta Madrid para traer de vuelta a los españoles que se encontraban en Perú cuando el coronavirus hizo saltar las alarmas en todo el mundo.

El regreso fue un viaje "agotador" con guantes y mascarilla, en el que se encontró con trenes completamente vacíos. "Cuando llegué a Guixar estaba la Policía Nacional haciendo un control y en cuanto me vieron la cara me dijeron: Bienvenida a casa", cuenta pocas horas después de llegar. "El viaje fue una auténtica odisea".

Lo primero, relata visiblemente agotada, fue conseguir el billete. En ningún momento la embajada se puso en contacto con ella pese a estar en la lista del consulado. "Me enteré de todo por WhatsApp", dice refiréndose al grupo creado por los propios turistas españoles que compartían situación en Perú. "Cuando avisaron de que se podía comprar los billetes llamé a mi hermano a España porque desde Perú no había forma de entrar en la página. Aquello parecía tonto el último".

Raquel explica que del primer vuelo de los que se fletaron esta semana quedaron al menos veinte plazas sin ocupar. "Avisaron de que sobraban plazas y que si estabas antes de una hora en el aeropuerto podrías viajar, fue un caos".

Esta joven viguesa que se encontraba haciendo turismo en América Latina describe la situación en Perú, donde permaneció confinada en un hostel con otros turistas desde el inicio del estado de alarma. "Allí las cosas están peor, hay 30.000 detenidos por no llevar mascarilla, por salir a la calle...". "Me quedé asustada de la gestión que se hizo de nuestro regreso. Allí se han quedado familias con niños pequeños y mujeres embarazadas en situaciones complicadas".

La odisea de un interminable viaje de tres pontevedreses para...
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