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La increíble historia del Mayor Carvalho: incógnitas sobre su vida

Imagen del Mayor Carvalho, o de Paul Wouter, en El Corte Inglés de Puerto Banús, donde se reunía con supuestos narcotraficantes gallegos. DP
Imagen del Mayor Carvalho, o de Paul Wouter, en El Corte Inglés de Puerto Banús, donde se reunía con supuestos narcotraficantes gallegos. DP
Responde al nombre de Sérgio Roberto de Carvalho, pero también al de Paul Wouter. Bajo la primera identidad, es un histórico criminal brasileño, capo de la droga; bajo la segunda, es un surinamés afincado en un lujoso chalé de Marbella aliado con narcos gallegos. ► La Policía, que le descubrió, no cree a quienes ahora le dan por muerto

El poder de quienes se han dedicado durante décadas al crimen organizado a escala transnacional supera cualquier expectativa. Algunos se cambian las huellas dactilares con el objetivo de pasar inadvertidos, otros abandonan sus países de origen para seguir operando desde territorios menos vigilados con los bolsillos repletos de billetes, y un puñado de ellos (es difícil saber cuántos) apuestan por afincarse en España en busca de la benevolencia del sistema penal y penitenciario, que provoca que quienes cometen delitos de narcotráfico salgan relativamente bien parados si disponen de abogados pudientes. En este último perfil encaja el Mayor Carvalho, llamado así por haber formado parte de la Policía Militar de Brasil hasta 2018, a pesar de constarle condenas por distintos delitos desde 1997. A sus 62 años, este criminal de Ibiporá (entre Mato Grosso y Paraná, en el interior de Brasil), es una auténtica incógnita. La unidad Greco Galicia le detuvo en 2018, pero los agentes, a pesar de su experiencia, no sabían a quién estaban investigando. Los policías pontevedreses le consideraron el máximo responsable en España de los 1.700 kilos que fueron interceptados el 7 de agosto de 2018 a bordo del Titan III, a cuyo encuentro iba a salir una organización de narcotransportistas de la ría de Arousa. Tras su detención fue identificado como Paul Wouter, nacido en Guyana (Surinam). Bajo ese nombre residía en un lujoso chalé de Marbella, donde fue sometido a estrecha vigilancia. Y a ese Paul Wouter fue a quien se puso en libertad hace ya varios meses. Hace apenas unos días, la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Pontevedra recibió una notificación de que Paul Wouter había fallecido. Y ya se sabe, la muerte conlleva la extinción de toda responsabilidad penal. El fiscal Antidroga, Pablo Varela, que tenía previsto pedir para él una pena de más de 13 años de prisión, no se fía. Aún no ha recibido el certificado de defunción. Y mucho menos el Greco Galicia, sobre todo después de conocer, previo cotejo de huellas merced a la cooperación de las autoridades de Brasil, que maneja dos identidades. Tampoco este periódico, cuyas investigaciones propias apuntan a que podría estar vivo y en la Costa del Sol, refugio, como se ha dicho en tantas ocasiones, de criminales de enjundia de todo el mundo. La muerte oficial de Wouter no implicaría el fallecimiento real de Sérgio Roberto de Carvalho.

El historial delictivo del paranaense en su país es interminable. Ya en 1997 fue condenado, según cuentan los medios brasileños, por el transporte de 237 kilos de cocaína, actividad a la que, según piensan los investigadores, se ha dedicado toda la vida. En esa etapa formaba parte de la Policía Militar, lo que le daba patente de corso para según que prácticas que le permitían abastecer de polvo blanco no solo al área de Sao Paulo, sino también a otros países. En agosto de 2020 se conoció otra noticia inquietante: las autoridades detuvieron a un piloto de avión que disponía de una auténtica flota para transportar coca entre distintos países de sudamérica. Su nombre, Ilmar de Souza, está vinculado en el país amazónico al Mayor Carvalho.

Pontevedra, Meis y El Corte Inglés de Puerto Banús son algunos de los enclaves en los que se encontraba con los narcos gallegos

Las fuerzas de seguridad del país sudamericano volvieron sobre sus pasos en varias ocasiones más a lo largo del presente siglo, pero la mayor parte de ellas acabaron en nada. Investigado por corrupción relacionada con los juegos de azar y por contrabando, salió indemne al entender el tribunal que los hechos que se juzgaban habían prescrito. No tuvo, sin embargo, la misma suerte en julio de 2019, cuando, después de salir de la prisión preventiva que le había sido impuesta tras ser detenido por policías de Pontevedra, conoció que en su país le ajustaron viejas cuentas imponiéndole 15 años de prisión por blanqueo de capitales. El juzgado consideró acreditado que empleó hasta diez empresas pantalla para lavar el capital ilícito que obtenía a partir de sus negocios turbios.

La suerte del Mayor, que fue expulsado de la PM de su país de forma oficial en enero de 2018, había cambiado. Es por ello que dejó atrás, o al menos eso pretendió, la identidad de Carvalho, para emplear la de Paul Wouter y seguir viviendo a cuerpo de rey en Marbella. En vista de lo sucedido, las fuerzas de seguridad de su país movieron ficha, advirtiendo a sus homólogos gallegos que el surinamés que investigaban era en realidad un histórico barón de la droga en Sudamérica. El final de la historia está aún por escribir, aunque el juzgado haya recibido la notificación de su muerte.

Con la identidad de Wouter no tiene ninguno; como Carvalho, numerosísimas investigaciones y al menos dos condenas en su país

Sobre su relación con Galicia, la Policía Nacional no supo nada de Carvalho (ni de Wouter) hasta bien entrado 2018, cuando un individuo con la tez blanca y el pelo canoso de unos 55 años se presentaba en la casa de Jacinto Santos Viñas, un histórico del narcotráfico gallego vinculado al mayor alijo de hachís (36.000 kilos incautados en el Puerto de Marín en los año 90) y con varias operaciones de tráfico de cocaína. Aquel hombre, con el pasaporte surinamés en el bolsillo, llegó a la vivienda del concello de Meis en compañía de Mario Otero, vecino de A Barbanza. Ambos componen, según detalla el fiscal Antidroga, la cúspide del entramado criminal que pretendía introducir los 1.700 kilos de coca que fueron incautados en el Titan III. Otero pondría la infraestructura y Wouter sería el máximo responsable de controlar la carga de principio a fin.

Los posteriores seguimientos por parte de los agentes con base en Pontevedra les llevaron a Marbella, donde residía a todo tren. Allí se desplazaron los gallegos en los días anteriores a la llegada de la droga, que pretendían trasvasar a una segunda embarcación, el Sempre Cacharelos. Cuando fue detenido, Wouter-Carvalho, de quien se sospecha que sigue vivo y en la Costa del Sol, tenía cerca de 90.000 euros en efectivo y guardaba coordenadas de distintas operaciones de drogas.

El juicio: piden más de 200 años de cárcel para los 21 procesados
El fiscal Antidroga, Pablo Varela, estima acreditada la participación en el intento de introducción de los 1.700 kilos de cocaína del Titan III de 21 individuos que se expondrán a posibles penas que rebasan los 220 años de cárcel. Las más severas son para el Mayor Carvalho (o Paul Wouter), Mario Otero y Pedro Rodríguez, considerados máximos responsables, por este orden, y para los que se solicitan 13 años y medio de cárcel. El resto de procesados tienen en su horizonte posibles condenas de entre nueve y doce años. Esta última es, precisamente, la condena de cárcel que el Ministerio Público recomendará para Santos Viñas, el más conocido de los encausados.

La increíble historia del Mayor Carvalho: incógnitas sobre su vida
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