Isidro Lago: "No puede ser que todos los alcaldes quieran tener un pediatra"

El veterano ginecólogo renueva su cargo después de seis años al frente del Colegio de Médicos de Pontevedra, y lo hace con ideas claras: desde apostar por la prolongación de la edad de jubilación hasta los 72 años a reestructurar servicios y centros de salud o reducir la huella de CO2 eliminando la excesiva cantidad de prospectos en papel
Isidro Lago. DAVID FREIRE.
photo_camera Isidro Lago. DAVID FREIRE.

No tuvo rival a la hora de presentarse a la reelección como presidente del Colegio de Médicos de Pontevedra, por lo que Isidro Lago Barreiro (Pontevedra, 1958) renueva su cargo para otros cuatro años —lleva seis, la mayoría en pandemia— con una serie de retos que pasan desde el complicado relevo generacional del gremio a las circunstancias del sector privado, al que pertenece, en la especialidad de Ginecología. Sí cambia parte de la directiva, por jubilación o cambio de actividad. La institución cuenta con "cinco mil y pico" colegiados, explica.

¿Cómo afronta este mandato?
Es un momento complicado, convulso a nivel social. Nunca estuvo la sociedad tan saludable, tan longeva, y los médicos tan bien preparados, y sin embargo hay una desafección importantísima entre la población y la medicina. Hay un ambiente hostil contra los médicos. Incluso hay un observatorio en la organización colegial de las agresiones a médicos. Es inconcebible.

¿De dónde surge esa tensión?
Básicamente de Atención Primaria, la que es el primer contacto con la población. Está muy tensionada, se nos están jubilando muchísimos médicos, no tenemos reposición y el momento es complicado. La distribución de los centros de salud es muy dispersa, porque Galicia lo es, y los profesionales que tenemos no son suficientes.

A este respecto, recientemente alertó de la falta de relevo generacional, de que en cinco años se jubilará cerca del 70%.
Una cifra altísima. Y no se reponen. ¿Faltan médicos? No. Sí los hay, porque tenemos una bolsa en España de 8.000 médicos que no pueden trabajar. ¿Por qué? Para entrar en Medicina se necesita una media altísima. En Santiago son 330. En mi época éramos 1.100, pero entonces había 26 facultades y hoy hay 46. Terminan la carrera con un índice de fracaso de menos del 5%, en mi época era del 40%. Es gente muy preparada y no se le da salida. Hemos gastado una cantidad ingente de dinero en formarlos y después le hacemos el parón del MIR para tener una especialidad. Se convocan plazas, pero ahora mismo la más conflictiva es Primaria y los médicos que acaban no la eligen.

¿Y cómo solucionaría esto?
Tirando para abajo. Este año quedaron 480 plazas sin cubrir en Atención Primaria. ¿Me quieren decir que un titulado de Medicina no puede hacer una especialidad? Están perfectamente capacitados. No podemos tener 8.000 médicos en esa situación, porque eso nos crea un conflicto: no tenemos médicos en paro y contratamos extracomunitarios, que no sabemos cómo le dan el título. Y los de aquí emigran al encontrar condiciones laborales mucho mejores. Es la pescadilla que se muerde la cola. El Consejo Interterritorial de Sanidad debería presionar al Estado para que convocase todas las plazas necesarias para cubrir las vacantes.

¿Y mientras tanto?
Hay que cuidar a los médicos. A los que se van a jubilar ofrecerles la opción de trabajar en unas condiciones más favorables, porque son una fuente inagotable de sabiduría y experiencia que no se debe perder. Trabajar media jornada, dar cursos de formación, cubrir alguna baja... Habíamos propuesto desde el Consello [Galego de Colexios Médicos] prolongar la edad de jubilación. Se aprobó hasta los 70 años, pero se podía prolongar hasta los 72, como los jueces, porque no trabajamos en la mina. A quienes quieran, porque también hay profesionales muy quemados por su trabajo.

¿En qué especialidad se nota más el déficit de facultativos?
En Atención Primaria. Y allí la relación médico-paciente es vital. No solo es que estén atendidos en el centro de salud, sino que el médico ya conozca a sus pacientes, sepa sus historias... Facilita más, pero a veces es complicado.

Hablaba de condiciones más atractivas para el personal, también propuso hace un tiempo reestructurar centros de salud... ¿Sigue apostando por esta solución?
Habría que hablarlo con ayuntamientos, médicos y la sociedad. Hay cuatro tipos de médicos diferentes en Primaria, cada uno con sus vicisitudes y es muy difícil compaginarlo: en centros de salud, en PAC, a tiempo parcial... En un mismo centro, haciendo lo mismo hay diferencias económicas y eso no crea buen feeling. También hay plazas de difícil cobertura y las condiciones no están claras. Y unificar los contratos tampoco es fácil. Lo que procuramos es la seguridad del paciente, eso es lo vital para nosotros.

Llega el verano y en concellos de la costa vuelven los problemas por la falta de personal sanitario en los centros de salud.
Es muy complicado. Son zonas muy tensionadas, tanto en Marín como en Sanxenxo, con Baltar, por ejemplo. Pasa de una población de 17.000 habitantes a casi 100.000 el número de médicos se reduce drásticamente. Pero esto no se puede solucionar ahora, hay que empezar a hacerlo meses antes. ¿Cómo cubrir el verano en Sanxenxo? Igual trayendo médicos del interior u ofertar alternativas a otros profesionales en un momento dado. La reestructuración no es sencilla, pero no podemos tener tantos centros de salud en tan pocos kilómetros desperdigando medios. Hay que reestructurarlos, pero siempre que la población tenga claro a donde dirigirse en cuanto tenga un problema, sin perder tiempo. Con un teléfono de información, por ejemplo.

Pediatría es otra especialidad que también acusa la falta de profesionales. ¿Por qué ocurre esto?
Pediatría es complicado, porque el número de pediatras es el que es y la población muy dispersa. No puede ser que todos los alcaldes quieran tener un pediatra.

Aunque paradójicamente la natalidad cae en picado.
Va muy a menos, pero nadie quiere dejar concellos sin pediatra. Es preferible tener los centros en un sitio que la población sepa que va a ser atendida a llegar y no encontrarse un pediatra. De ahí que el teléfono de información sería vital, como el del 061.

¿No es una especialidad atractiva para los recién titulados?
Es curioso, porque los números uno de cada promoción se van a Dermatología. Ha cambiado el chip de los nuevos especialistas. Sus prioridades son distintas, la visión de la medicina también. Quieren trabajar unas horas, tener una buena remuneración porque no todo el mundo llega ahí... Por eso eligen especialidades sin urgencias ni guardias. Además, prácticamente el 80% son médicas. Tienen un altísimo nivel, pero también otras prioridades en la vida: horario y tiempo. A veces la medicina es más sacrificio. Lo importante es no perder médicos que tengan vocación.

En 2022 dimitió como presidente del Colexio Galego de Colexios Médicos...
En 2020. Me tocó la pandemia.

Tenía desavenencias con la Consellería de Sanidade...
Bien, con Vázquez Almuíña no. Hubo alguna diferencia, pero se lograron cosas muy importantes en aquel momento tan crítico, como conseguir medicación para un grupo de argentinos que se quedaron bloqueados aquí y sus recetas no valían. En unos días se solucionó el problema con una negociación entre el Consulado argentino en Vigo, la Consellería, Dirección de Farmacia y el Colegio de Médicos. Fue una de las gestiones más gratificantes. Y la gestión que hicieron los colegios aquí fue excepcional. El área de Pontevedra tuvo las cifras de mortalidad más bajas del territorio nacional. También nos gastamos muchísimo dinero en material desde el Colegio.

¿Qué ocurrió después con la incorporación de Julio Comesaña?
Nunca he hablado con un conselleiro tanto como con él. Teníamos una relación cordial pero salía por peteneras cuando habíamos hablado cosas diferentes. Una de las propuestas de aquel momento, con el resto de colegios, era la compatibilidad de los médicos y el complemento específico y era contrario completamente. Dos profesionales trabajan en el mismo centro, haciendo lo mismo, uno cobraba 900 euros más todos los meses porque el otro tenía consulta privada o un negocio. Puedes no tener dedicación exclusiva, pero el resto del complemento específico había que abonarlo, porque es el mismo trabajo y las mismas horas. Éramos la única comunidad, junto con Asturias, donde ocurría. Fue una apuesta personal de Alfonso Rueda y en 2023 se hizo efectivo ese pago. Eso fue lo que nos llevó a desavenencias.

¿Y ahora, con Gómez Caamaño?
Es totalmente diferente, hablamos de médico a médico y entiende perfectamente lo que estoy explicando. Prueba de ello es el Xide. Los colegios no veíamos bien que el personal no sanitario clasificase a los pacientes. La prioridad no estaba valorada. El conselleiro lo ha entendido.

¿Cuáles son, por otra parte, las principales demandas o reivindicaciones del sector privado?
El complemento específico fue un logro, pero tenemos otras cosas que hay que hacer. Es el caso de las recetas, que tienen una norma muy estricta. Hemos pasado de hacer una receta en un papel de servilleta a que ahora solo se admita una receta oficial. Es esta -muestra un formulario con un código-, pero yo tengo pacientes de Agolada o de Silleda. Si me llaman para cambiar un tratamiento tienen que venir por la receta. No se admite por correo electrónico porque no se puede anular este código en las farmacias. También es muy importante reducir la huella de CO2. Estamos haciendo una propuesta muy importante para que los medicamentos no lleven prospecto. Que se lo den a quien se lo pidan, a través de códigos QR. ¿Cuántas sábanas de papel se tiraron con los test de covid en pandemia? O en tratamientos crónicos, con uno que se guarde es suficiente. Y después está el asunto de las sentencias judiciales. En compañías privadas los médicos cobran cantidades irrisorias pero si hay un problema pueden acabar con sentencias de millones de euros que recaen sobre ellos.

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