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Jabois: "El periódico sirve para envolver el pescado del día y el pescado del día, si no se come, se estropea"

Manuel Jabois. DP
Manuel Jabois. DP

Asegura que el oficio periodístico está más vivo que nunca ►Este jueves participará en Sanxenxo en un encuentro entre empresarios de la provincia 

EL PERIODISTA Y ESCRITOR sanxenxino Manuel Jabois vuelve a su localidad natal este jueves, en el marco de un coloquio organizado por la Asociación de la Pequeña y Mediana Empresa de Pontevedra, (Aempe). Aún quedan entradas para el evento, que se celebrará en el Nauta del Porto Deportivo Xoán Carlos I, de 19.30 a 21.30 horas.

Vuelve a Sanxenxo para un afterwork de Aempe, con motivo del 40º aniversario de la Asociación. ¿Qué cree que puede aportar usted a la actividad de los pequeños y medianos empresarios de la provincia?

Consumo. Que es lo mejor que se puede hacer.

"El trabajo de campo es siempre el mismo: estar despierto, comer menú del día y usar transporte público"

En Diario de Pontevedra publicaba textos “costumbristas”, sobre lo que veía y escuchaba en Sanxenxo. Tras el salto a la prensa nacional, ¿ha sido difícil mantener ese contacto con sus lectores? ¿Hay diferencias entre su ‘trabajo de campo’ en Pontevedra y en Madrid?

Tanto en Diario como en El País hago esencialmente lo mismo: reportajes, crónicas, entrevistas y columnas. En El País viajo más y eso me permite ver y escuchar no sólo lo que ocurre en Sanxenxo o Madrid, sino en más lugares. La perspectiva se amplía, el contacto con los lectores se pierde: es más directo, gracias las redes sociales, pero casi simbólico. En cuanto al trabajo de campo, siempre es el mismo: estar despierto, comer menú del día y usar el transporte público.

Se ha dicho que tiene lectores en “FAES y en Lavapiés”. Que le cite y comparta público tan dispar, ¿es una bendición o una cruz?

No tengo ni idea de dónde están mis lectores, espero que de vacaciones. Pero vamos, como si me leen desde el infierno. Que está bastante más cerca de FAES que de Lavapiés, por otro lado.

No estudió periodismo, pero lleva en el oficio desde hace más de veinte años. ¿Es la muestra de que la vocación tiene recompensa o fruto de la suerte?

Las dos cosas. No le voy a decir a quien tiene una vocación que persevere porque así acabará con - siguiendo lo que quiere: a menudo -casi siempre- tiene que ver la suerte. Pero también alguna suerte se fabrica. Yo soy puramente vocacional y trabajé quince años en este periódico: no caí de pie, me fui levantando poco a poco. Entre otras cosas gracias a los muchos compañeros de esa redacción de los que aprendí el oficio. Y cuando tuve suerte, estaba preparado para tenerla. Digamos que la estaba esperando.

¿Quiénes son sus referencias?

En estos mismitos días Raúl Cimas y su libro Prodigios. Es una obra maravillosa y editada por Blackie Books como tal.

Siendo un articulista de calle, si escucha algo, ¿lo usa en su próximo texto o lo guarda para después?

Aquí no se guarda nada. El periódico sirve para envolver el pescado del día y el pescado del día, si no se come, se estropea.

¿Cómo ha vivido el rodaje de A Estación Violenta, la película de Anxos Fazáns basada en su prime - ra novela?

Con mucha distancia, como debe de ser siempre cuando el trabajo es exclusivo de otra creadora. A estación violenta es una película de Anxos Fazáns y el escritor de la obra original no tiene que pintar nada en ella.

Las generaciones más recientes piden a un medio inmediatez, rigor y facilidad de acceso. Ante ese escenario, ¿qué futuro augura para la prensa local en papel?

Habría que preguntárselo a la jueza de Lugo que adivina el futuro. Y que sentecie de acuerdo a él.

¿Y para el oficio de periodista?

Muy vivo, más que nunca. Pasan más cosas y se necesita a más gente que las cuente, y a gente que las cuente mejor.

Desde la redacción de Diario me piden que le haga una última pregunta: ¿Echa de menos trabajar en Diario de Pontevedra?

Echo de menos un cierto ambiente del Diario de Pontevedra, concretamente el ambiente que había entre 2000 y 2005 o 2006, cuando aquello en lugar de una redacción parecía un recreo, teníamos todos 23 años, salíamos de cualquier bar y nos ibamos a la redacción con una naturalidad aplastante. De alguna forma éramos como una especie de equipo de rodaje, pero en lugar de grabar un episodio ayudábamos a sacar un periódico. Supongo que lo echo de menos porque fueron años en los que fui feliz en una redacción y no es fácil ser feliz en un lugar de trabajo, normalmente te pasas todo el tiempo deseando estar en otro lugar. Luego uno crece y sofistica más su idea de la felicidad, lo cual no deja de ser un drama.

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