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"La mejor terapia para liberarse de odios y de rabias es el perdón"

Óscar Tulio Lizcano, en la sede de la Uned en Pontevedra
Óscar Tulio Lizcano, en la sede de la Uned en Pontevedra
A simple vista Óscar Tulio parece un profesor, un político, un hombre culto como tantos otros, aunque es mucho más que todo eso. También posee la experiencia vital de haber superado casi nueve años secuestrado por las FARC. Pese al sufrimiento vivido, es un convencido defensor del perdón y sabe a ciencia cierta que "la esperanza es más duradera que la propia angustia"

El 5 de agosto del año 2000, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) lo secuestraron en Riosucio, a 380 kilómetros de Bogotá, cuando era miembro de la Cámara de Representantes por el Partido Conservador. Óscar Tulio Lizcano pasó casi nueve años de cautiverio, durante los cuales padeció paludismo en siete ocasiones, sobrevivió a las durísimas condiciones de la selva y del secuestro y sufrió un terrible aislamiento (en todo ese tiempo solo pudo hablar con 17 personas, los comandantes que custodiaban su encierro). Consiguió sobrellevarlo escribiéndo poemas, simulando que impartía clase, como cuando era profesor universitario, para obligarse a mantener una rutina y un trabajo intelectual (aunque sus alumnos eran árboles) y escuchando en un viejo transistor los mensajes que sábado tras sábado y año tras año su mujer le dedicaba a través del programa Las voces del secuestro de Radio Caracol. En octubre de 2008, con la ayuda de un guerrillero conocido como Isaza, consiguió fugarse y recuperar su libertad. Ahora estudia Filosofía y prepara una tesis doctoral sobre el perdón. Para dirigirla ha elegido a un profesor de la USC y de la Uned de Pontevedra.

"Lo peor fue la soledad; le daba clase a los árboles para mantener la lucidez, porque estaba perdiendo el don de la palabra"

 

Han pasado casi nueve años desde que recuperó su libertad, ¿cómo se puede superar una experiencia así?
Para liberarme de mortificaciones, de rabias, de odios, de todo ese peso, la mejor terapia que he encontrado es perdonar. Yo perdoné a mis carceleros y eso me liberó de mucho peso y de un odio que, de permanecer con él, mentalmente me haría seguir secuestrado. El perdón suspende la condición de víctima. Yo soy una víctima del conflicto colombiano, sufrí el secuestro y llegué al umbral más alto porque estando cautivo unos extorsionadores también secuestraron a mi hijo menor. Me sentí impotente, fue muy duro, pero igualmente los perdoné y eso me ha liberado.

¿Cuál era su principal miedo durante esos años de cautiverio?
Subsistir en medio de esas dificultades era como vivir cuatro o cinco siglos atrás: no había luz, era la selva y todo era muy artesanal, la propia alimentación era tremendamente básica... Pero generé mecanismos de defensa, por ejemplo oyendo los mensajes de mi familia a través de una radio. También me dieron un cuaderno y un lápiz y escribía poesía, que me ayudó mucho, pues, como dice Mario Benedetti, "la poesía es un drenaje de la vida que enseña a no temerle a la muerte".

"El perdón no se hace a través de amnistías ni de normativas, es un don gratuito que otorga uno a quien lo ha sometido"

 

¿Y no temía a la muerte?
Yo sabía que me podía sobrevenir de un momento a otro e incluso oía por radio como a varios compañeros que estaban secuestrados en otras partes del país los mataban en los intentos de rescate. Hay que contextualizar que a nosotros nos secuestraron para presionar al Gobierno, entonces presidido por Álvaro Uribe, y canjearnos por presos de las FARC. Yo tenía un precio y, en esas circunstancias, lo que me sirvió para sobrevivir fue la poesía, los mensajes de mi familia y mi mujer, que es extraordinaria. Por ella titulé mis poemas ‘La barquerita’, la que remaba en el mar en contra de la corriente. Con todo, lo más duro fue la soledad.

Tanto que incluso le daba clase a los árboles.
Eso me permitió mantener la lucidez mental, sobrevivir, porque estaba perdiendo la palabra, pues los guerrilleros no me podían hablar. Los comandantes sí, pero poco, y hubo algunos que estuvieron meses y nunca lo hicieron. Yo era profesor de Matemáticas y los mensajes de mis alumnos dándome ánimo me hicieron pensar que podía simular un salón de clase en el que yo preguntaba y yo mismo me respondía. Al principio los guerrilleros creían que estaba loco, pero luego entendieron. Empecé a hablarles de Simón Bolívar y vieron que estaba muy cuerdo.

En esos años de secuestro, ¿nunca perdió la esperanza?
Solo una vez sentí que me entregaba a morir, porque estaba muy enfermo. Tuve paludismo cerebral, del que de cada cien se salva uno, y además en la selva no te llevan al médico. Me sentí muy mal, pero me fui recuperando y, aunque sí se eleva muy alto la cultura de la muerte, la vida está por encima de cualquier riqueza guardada, como dice Homero. Allí era vivir al minuto.

 

El año pasado se aprobó un acuerdo entre las FARC y el Gobierno colombiano para poner fin a tantos años de enfrentamiento y usted se ha mostrado siempre a favor y ha perdonado a sus secuestradores. ¿Le pide a la población de su país que también perdone?
Totalmente. De hecho, estoy en España haciendo un doctorado en Filosofía y mi proyecto es sobre el perdón. Aquí he encontrado a personas maravillosas, como el profesor Marcelino Agís, que es un filósofo extraordinario, alumno de Paul Ricoeur, y estoy muy contento porque he tenido el apoyo de la gente. Me he sentido muy bien en Santiago y en Pontevedra.

Cuando el Gobierno colombiano convocó un plebiscito para que la población votase sobre el acuerdo con las FARC, la mayor parte de la gente votó en contra y, de hecho, en ese momento ganó el no. ¿Cuál cree que fue el motivo?
Paradógicamenmte, los que no han vivido directamente el tema de la guerra ni han sido víctimas son los que se la jugaron por el no. 51 años de enfrentamiento arrojaron más de 200.000 víctimas y creo que no encontré a ninguna que haya dicho que no al acuerdo. Todos apoyamos el proceso de paz. Yo creo que ganó el no porque el perdón es una cosa muy individual. No es el Estado el que perdona, sino la víctima. El perdón no se hace a través de amnistías ni normativas, es un don gratuito que otorga uno a quien lo ha sometido. Ha habido mucha violencia y es difícil, pero tenemos que empezar por algo. Estamos apostando por la paz, aunque lo que hay actualmente es un cese del conflicto, pues para la paz aún hay que corregir las desigualdades sociales, la corrupción, la presencia de otros grupos guerrilleros...

"A tantas víctimas que hay en el mundo les digo que tengan esperanzas, que luchen por vivir y que las pesadillas se superan"

 

En España actuó durante muchos años un grupo terrorista, ETA, que también secuestró, asesinó y sembró el miedo y que no hace mucho anunció el cese de su actividad armada. ¿Qué consejo le daría a la sociedad española?
España ha sido para nosotros un referente muy importante, tanto por la Guerra Civil y el enfrentamiento entre nacionales y republicanos como por ETA, y ha superado esas ataduras. Hay que tener claro que el perdón no tiene que obstruír a la Justicia. Es decir, se perdona, pero la Justicia sigue y debe aplicarse. España vivió cosas muy terribles y no hay que buscar el olvido. Hay que narrar lo ocurrido, porque así vendrán nuevas generaciones que se vayan dando cuenta de lo vivido e intentarán que eso no se repita. Se trata de perdonar pero no de olvidar.

¿Y qué les diría a las muchas personas que, en diversas partes del mundo, siguen siendo víctimas de organizaciones, partidos políticos o movimientos que tratan de imponerse a base de terror?
Que tengan esperanzas, que luchen, que como muchos lo hemos logrado, ellos también lo lograrán. Las pesadillas se superan. Hay que tener valor, entereza y luchar por sobrevivir. La vida está por encima de cualquier circunstancia.

Después de todo lo que ha pasado, ¿todavía cree usted en la bondad del ser humano?
Totalmente. El hombre es la medida de todas las cosas y se lo digo por experiencia. Se me ve en los ojos. La reconciliación y el perdón dan felicidad.

"La mejor terapia para liberarse de odios y de rabias es el perdón"
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