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Pontevedrando... La mariquita de azúcar

Imagen de los creadores de La mariquita de azúcar. JOSÉ LUIZ OUBIÑA
Imagen de los creadores de La mariquita de azúcar. JOSÉ LUIZ OUBIÑA

La mermelada del Paraíso

ESPERO QUE no sea usted una de esas personas insensatas que va por la vida sin apreciar la diferencia entre una mala mermelada y una mermelada hecha con mimo y buen gusto, de manera totalmente artesanal, con ingredientes seleccionados cuidadosamente y combinaciones de sabores increíbles. Yo lo comprendo, brother. Yo también era así hasta hace poco, pero uno o una vive para evolucionar. Yo era de la mermelada de melocotón de toda la vida, e iba a mis supermercados de confianza a buscar la más barata, al comprobar que todas saben igual y que a duras penas se aprecia el sabor del melocotón entre tanto conservante, edulcorante y colorante. Pero un buen día, no hace de esto mucho tiempo, escuché una voz que me decía: "Tú no sabes lo que es una mermelada, ¡Oh, pobre mentecato!". Igual era Dios, o un arcángel, vaya usted a saber.

Así fue como conocí a "La mariquita de azúcar". Ya el nombre suena a mermelada, no me diga usted que no. Y ahí descubrí lo que son las mermeladas de verdad, las tradicionales,Ficha de La mariquita del azúcar las de nuestras abuelas, pero con recetas adaptadas a los paladares más exigentes, como el mío, dicho sea con falsa modestia. Yolanda Bóveda llevaba toda la vida entre fogones, primero con su abuela María y luego con su madre. Desde niña aprendió a hacer mermeladas, con recetas que hacía su abuela y que ella a su vez había recibido de una tradición familiar que se hunde en los principios de los tiempos de las mermeladas. Sospecho que la primera mujer de la familia de Yolanda que hizo una mermelada, probablemente de manzana, se llamaba Eva y por eso, por hacer la mermelada fue expulsada del Paraíso.

Pasado un tiempo, Yolanda cogió todas esas recetas y se asoció con David Janza para montar la empresa que produce la mejor mermelada del universo. No es que lo diga sólo yo. Lo dicen, por ejemplo, los jueces del Salón Internacional del turismo Gastronómico, que le han dado los dos últimos años su medalla de oro, o los empresarios turísticos de la Costa del Sol, que también le han dado este año otra medalla de oro.

Todo por hacer la mermelada de su abuela María. Algunos de sus productos, como la mermelada de tomate, mantienen la receta inalterable. A otros, como la de pera, le han añadido vino tinto, algo con lo que la abuela seguramente estaría de acuerdo, si acaso lamentando que no se le hubiera ocurrido antes a ella. Por lo demás, los procesos de producción son artesanales y tradicionales. Olla de hierro fundido con una capacidad máxima de dos kilos. Las ollas industriales no reparten el calor de la misma manera y las grandes cantidades que albergan hacen que la mermelada pierda esencias, sabores y propiedades y así es como se hacen esas mermeladas que compra usted y que compraba yo hasta el bendito día en que me fue revelada la verdad.

Tienen maravillas, como la mermelada de camelia y espumoso de albariño, con base de manzana. Una mermelada muy pontevedresa que sabe a eso, a Pontevedra. Una maravilla que llevó más de un año de trabajo y de pruebas hasta que se dio con una combinación de proporciones inmejorable. O la de piña y canela, o la de fresones y hierbabuena a la pimienta rosa, un manjar divino. Para más detalles, entrará usted en su web, lamariquitadeazucar.es. Allí tienen su tienda virtual, donde pueden conocer el catálogo y admirar el cuidado con el que presentan sus productos, que a veces son tan detallistas que da hasta pena abrir el bote porque aunque lo de dentro es una delicia, por fuera son una preciosidad.

Luego tienen ediciones limitadas y numeradas, como la mermelada de albariño, que sólo se hace en tiempo de cosecha de la uva. Hay que resaltar su compromiso con la tierra y con el producto gallego. En sus tarjetas de visita, bajo la dirección de su web y la cuenta de correo, ponen: "Rías Baixas-Galicia", que es la mejor dirección que existe.

Así que entrará usted en su web o acudirá a las mejores tiendas gourmet, que es donde venden estas mermeladas hechas como las hacía la abuela María en tardes enteras de fogones y ollas de hierro, mientras hablaba con su hija y su nieta Yolanda de lo divino y lo humano, que es la única manera que existe de hacer una mermelada como Dios manda. Que ustedes la disfruten.

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