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Las quedadas de O Campiño y el Lago, un secreto a voces para cientos de asiduos

Son jóvenes de entre 18 y 25 años, que se citan a través de Whatsapp y conducen vehículos modificados para lograr el mejor derrape. "Aquí no se hacen carreras", aseguran ► La cita es todos los viernes a partir de las once de la noche

Las quedadas de jóvenes enamorados del olor a gasolina y a goma quemada, del rugir de motores y de la potencia reconvertida en caballos de vapor han vuelto a la escena mediática por las últimas denuncias de la Guardia Civil de Tráfico, pero lo cierto es que nunca han perdido actualidad. "Tengo 27 años y desde los 11 voy cada viernes a las quedadas en O Campiño. Haga frío, calor, llueva o truene, siempre aparece gente", asegura José Manuel Vilaverde, a quien todos conocen por Chiño.

No es sencillo que estos intrépidos del volante accedan a desvelar sus pequeños secretos. El temor a la presión policial y, sobre todo, a las denuncias justifica este hermetismo. Aunque en su foro interno nadie considera que esté cometiendo un delito de conducción temeraria, sino practicando un hobby que desata auténticas pasiones. "Hay gente que se gasta una buena pasta en ponerle mejoras a su coche para que derrape más y mejor". Y es que aquí nadie habla de carreras ilegales, sólo de derrapes o, como dicen los expertos, drifting o drift. "Algunos se piensan que esto es como Fast&Furious, pero nada de eso".

La cita es todos los viernes, a partir de las once de la noche y hasta las tres o cuatro de la madrugada. "Cada 15 minutos llegan nuevos coches. Un día malo (porque llueve) solo acuden unos 50 coches, pero en una noche normal se juntan más de 200", apuntan los asistentes.

El escenario habitual de O Campiño se ha ampliado al Lago de Castiñeiras por la presión policial. Y los domingos, también a Barro

El escenario tradicional de estas reuniones ‘pseudo-clandestinas’ ha sido el polígono industrial de O Campiño, aunque en los últimos meses la presencia de la Guardia Civil ha motivado su traslado también al Lago de Castiñeiras. "Y si el viernes falla, quedamos el domingo en el polígono de Barro, aprovechando que está casi desierto".

SOLUCIÓN. Nadie cuestiona que este pasatiempo está al margen de la ley y conlleva ciertos riesgos, tanto para quienes lo practican como para quienes lo observan. "Pero por mucha caña que les den, los chavales lo seguirán haciendo, porque lo llevan en la sangre", apunta Martín ‘Nos’ Tilve, piloto, presidente de Drift Galicia y cuarto clasificado en el Campeonato de Europa.

Y tanto aficionados como profesionales coinciden en que la solución es la creación de un circuito reglado, donde los apasionados del motor puedan dar rienda suelta a su adrenalina entre unas mínimas medidas de seguridad. Hasta hace pocos años, el circuito de O Mosteiro era el desahogo de estos potenciales pilotos —"yo empecé ahí", reconoce Martín—, pero la circunvalación se lo llevó por delante y no solo derribó sus muros sino también las ilusiones de cientos de jóvenes. "No todo el mundo tiene dinero para irse cada fin de semana a Portugal y por eso se buscan lugares alejados, como los polígonos industriales, donde no haya vecinos a los que se pueda molestar", explica.

‘Chiño’ Vilaverde aporta una segunda alternativa, tal vez más viable que el circuito: adaptar terrenos desocupados (como los viejos campos de fútbol) para acoger yincanas de coches, muy populares en Tui y O Rosal. "Serían un éxito, pero aquí el Concello no nos deja hacer nada", se lamenta.

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