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Una leyenda del Parque que dice adiós

Carlos Ferrer Moreira, el bombero más experimentado de la ciudad, se jubila hoy tras más de 30 años en los que llegó a poner su vida en serio riesgo para preservar las de los pontevedreses

El jueves fue su último día del trabajo. Llevaba algún tiempo alejado de la primera línea de fuego (nunca mejor dicho), aportando toda su sapiencia desde las oficinas del Parque Municipal. "Yo era punta de lanza, el primero que entra en las intervenciones difíciles. En aquella ocasión, en el incendio de una nave con materiales altamente inflamables, llegué a pensar que no iba a poder contarlo. En ese instante pensé que había llegado el momento de dejar paso a los más jóvenes".

Carlos Ferrer Moreira, el bombero más experimentado de la ciudad, se jubila

Carlos Ferrer Moreira ingresó en el cuerpo de Bomberos de Pontevedra cuando no existía ni el Parque. "En unas dependencias habilitadas debajo de la grada de Pasarón. Allí estábamos", recuerda. Era el año 1986. Un año después se inaugurarían las instalaciones que hoy siguen a disposición de los servicios de emergencias y de las que se despidió el jueves haciendo su última guardia. Oficialmente, sin embargo, su último día es este sábado, fecha en la que cumple 60 años.

La historia de Carlos Ferrer camina de la mano de la de la ciudad de Pontevedra. Con cientos de intervenciones a sus espaldas y más de una persona que le debe, literalmente, la vida, destaca como más complicadas las tareas de extinción en las viviendas, en los garajes y en el interior de los barcos, "donde nunca sabes lo que te puedes encontrar".

Como anécdota, Ferrer recuerda una intervención que tuvo que afrontar en los años 90. "Era un barco decomisado, de esos que traían droga. Antes teníamos muchos por aquí. Empezó a arder y nos llamaron. Fue tremendamente complicado llegar al foco. Tenía más de 30 metros de eslora y el humo no nos dejaba respirar".

Carlos Ferrer Moreira y gran parte de sus compañeros

El bombero, muy conocido también por su labor como sindicalista activo y defensor a ultranza de los derechos de sus compañeros, estuvo detrás de muchas de las mejoras que fueron obteniendo los empleados del Parque a lo largo de los últimos años. "El gimnasio que tenemos lo monté yo, con la ayuda de algunos compañeros, aprovechando el cambio de las máquinas en el Pabellón Municipal. Eso fue ya hace muchos años".

Entre las vidas que salvó Ferrer a lo largo de su dilatada historia en el servicio destaca la de uno de sus compañeros, que, por circunstancias que prefiere no recordar, se vio envuelto en llamas por todo el cuerpo. "Reaccioné rápidamente y le eché en el suelo. Hubo suerte y conseguí apagarle, literalmente, con las manos. Me quemé las palmas, pero mereció la pena".

El punto y final de la carrera profesional de Carlos será este sábado, cuando sus compañeros le ofrecerán una espectacular cena de despedida. Sin embargo, la vida de este pontevedrés tomará un nuevo impulso gracias a su gran pasión, el atletismo. Ferrer, que lleva desde bien pequeño practicando toda clase de disciplinas en el Estadio (ahora llamado Centro Galego de Tecnificación Deportiva), destaca por ser uno de los mejores lanzadores de España en su categoría, con numerosas medallas nacionales e internacionales. Tendrá tiempo, además, para transmitir toda su sabiduría.

Una leyenda del Parque que dice adiós
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