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Andrés Trapiello: "La literatura nos redime del tiempo y de las angustias"

El escritor Andrés Trapiello en el Hotel Rías Bajas de Pontevedra. RAFA FARIÑA
El escritor Andrés Trapiello en el Hotel Rías Bajas de Pontevedra. RAFA FARIÑA

Diez años después de recoger el Premio Julio Camba, Andrés Trapiello volvió a Pontevedra para hablar de poesía. Lo hizo dentro del ciclo 6 días, 6 poetas. Aunque su discurso político acaba eclipsando el literario. Crítico con prácticamente todos los movimientos bien vistos socialmente, dice que no le preocupa tanto Vox como lo que pasa en Cataluña

Su amistad personal con el poeta Miguel d'Ors ha llevado a Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) a aceptar algo que normalmente rechaza: intervenir en este tipo de actos. "Cada vez me disgusta más hablar en público". Escritor, columnista, editor y traductor, Premio de la Crítica de poesía y Premio Nadal, entre otros, el autor volvió a la ciudad donde recogió en 2008 el Premio Julio Camba de periodismo para participar en el ciclo 6 días, 6 poetas, del campus universitario. Responsable de un hito en la literatura en castellano como son unos diarios de los que lleva publicados más de 20 tomos (Salón de pasos perdidos), sus opiniones políticas contra el nacionalismo catalán o contra la actual Ley de Memoria Histórica, sus diferencias con todo lo politicamente correcto, del veganismo al feminismo, le mantienen en batalla permanente con la actualidad.

Regresa a Pontevedra, diez años después, como poeta.
Y eso que nosotros no somos ni la sombra de lo que fueron, hace cien años en España, Unamuno, Machado y Juan Ramón Jiménez. No me suele gustar mucho hablar de poesía. Es para leerla. Pero me han llamado amigos y aquí estoy, encantado.

¿Pero usted era un muchacho que escribía versos? ¿O eso vino más tarde?
Eso ha estado ahí siempre. Yo me considero poeta. Para mí, la poesía es lo más importante. Aunque no necesariamente está en los versos. Está en todo. Hasta en los ensayos, en la novela, en el teatro...  En el Siglo de Oro se llamaba poeta al autor dramático. Hasta ese punto.

Miguel diOrs explicaba que este ciclo buscaba reconectar al público con la poesía, una conexión que se había perdido. ¿Opina igual?
Sí, es así, se ha perdido. Y no creo que se pueda recuperar a corto plazo. Las cosas parecen ir por otro lado. En este momento, la poesía está adoptando otro tipo de trajes. Los chicos más jóvenes están tuiteando, haciendo poemas muy cortos de lectura muy rápida y comprensión inmediata. No le pongo ningún pero. Aunque no creo que eso sea exactamente poesía. A veces podemos llegar a confundirla con eslóganes publicitarios. Me sabe mal decirlo, porque suena a cosa de viejo, pero algo de eso hay. Aunque soy un hombre esperanzado y creo, como decía Gayá, que en algún momento saldrá un maravilloso arco iris que nos arropará a todos. Ocurrirá ese renacimiento, pero nosotros ya no lo veremos. El otro día, en la manifestación del 8 de marzo en Madrid, había unas veganas con una cartel en el que se podía ver una chica, una vaca, una cerda, una gallina y una mona con el lema ‘Feliz día, hembras del mundo’. Mi sensación es la de vivir una cierta decadencia. 

Ya no me habla de poesía. Se refiere a una decadencia social o moral. 
Es que la decadencia en la poesía tiene que ver con la decadencia social. Hay una cierta precipitación a la hora de vivir. Hay muchísimos reclamos, muchísimos estímulos: las redes sociales, las formas de diversión, los viajes... Este es un mundo muy muy acelerado. La poesía lo que reclama es una cierta atención, un cierto silencio, un cierto detenimiento. Todo esto unido se une a una cierta confusión general. Y fíjate que yo no soy la persona más adecuada para criticar a los veganos porque me presenté en Madrid al Senado con Fernando Savater, hace años, por UPyD, y sacamos menos votos que el Partido Animalista. Los animalistas, que el otro día hacían unas vigilias para solidarizarse con los cerdos que llevaban al matadero y mandarles un mensaje de "superamor", tal y como decían. En este mundo poco sitio hay para la poesía. Por eso yo tengo la sensación de que los poetas hoy son una especie de catecúmenos. Hacen por que la llama de la poesía no se apague, y bastante hacen. Es como la lectura de los clásicos. Si tú te paras a pensar en cuánta gente ha leído  El Quijote este año en esta ciudad nos llevaríamos una sorpresa.

En este sentido, usted ha hecho lo que ha podido: llevar el texto de Cervantes al castellano actual en una edición reciente.
"Yo más no puedo", como decía el propio Quijote. 

Una Ley de Memoria Histórica no está hecha para ganar la guerra que hemos perdido. Yo estoy a favor de una política de memoria histórica, pero para que se recuerde todo, no solo lo que a mí me interesa


Cuando recogió el Camba, dijo que el columnista que le da nombre al premio consiguió que su escritura sobrevolase su época y llegase hasta la nuestra. ¿No es a lo que aspiran todos los escritores?
Bueno, a medida que te vas haciendo viejo, lo que quieres es llegar más o menos bien al final del día. No tienes muchas más perspectivas. La inmortalidad, sobrevolar el tiempo... Ya no. Lo que uno quiere es celebrar la vida, perpetuar el misterio y la belleza mediante la escritura, que es una especie de conservante de la vida. Por eso, generalmente es conservadora. La literatura vanguardista es un oxímoron porque no se entiende. Nuestra obligación es conservar y extender los valores humanos, todo lo que merece la pena disfrutar. Por eso a mí me gustaría que El Quijote fuese leído no por cinco personas, sino por cinco millones. Si lo hiciesen, todos seríamos mejores. Porque la buena literatura, el orden y la belleza nos hace a todos mejores. Y además se lo pasarían en grande. La literatura es redención, nos redime del tiempo, nos redime de las angustias y de las limitaciones humanas. Además, nos ayuda a defendernos de la vida, que a menudo es una sucesión de espantos.

Es un detractor de la Ley de Memoria Histórica. ¿Por qué?
Yo fui una de esas 20 personas que, cuando nadie se preocupaba por esto en España, reclamaba que se iniciase un proceso de exhumaciones. Porque era imprescindible hacerlo. No se podía tener un país con 100.000 muertos en las cunetas. Eso es un disparate. ¿Qué ocurrió después? Pues que esa Ley se ha instrumentalizado. Y es una ley muy imperfecta. Hay que hacer una política de memoria histórica, pero no esta. Si aplicáramos estrictamente el artículo 15 de esa ley, habría que retirar de las calles de España los nombres de Unamuno, Azorín o Baroja. Son todos escritores que apoyaron de una manera bastante firme y clara el alzamiento nacional. Eso por un lado. Por otro, debe resarcirse a todas las víctimas. No solo a las de un bando. Y no sirve ese argumento de que Franco ya se ocupó de sus caídos. ¿Yo qué tengo que ver con Franco? La democracia finalmente ha de reivindicar a todas las víctimas. El problema es que muchas de ellas fueron victimarios. Parece que los que perdieron la Guerra Civil, por el hecho de perderla, ya habían pagado toda su responsabilidad. Eso no es así.

"Hasta ahora Vox no es más que un nombre. A mí lo que me preocupa es que no se respeten las leyes en Cataluña"


¿Ni siquiera sirve el argumento de que a las que debe resarcirse son a las que pelearon a favor de valores democráticos?
No tiene nada que ver con eso. ¿Quién defendía valores democráticos en la Guerra Civil española? ¿Rafael Alberti? No. Rafael Alberti era un estalinista. ¿Los defendía José María Pemán? No. Era un monárquico aliado con el fascismo. Alberti y Pemán son muy parecidos. ¿Quién defendía los principios democráticos? Clara Campoamor, José Castillejo... Eso que hemos dado en llamar La tercera España. Una Ley de Memoria Histórica no está hecha para ganar la guerra que hemos perdido. Así que sí, estoy a favor de una Ley de Memoria Histórica, pero para que se recuerde todo, no solo lo que me interesa a mí. A veces me han acusado de equidistante. No es cierto. He tratado de ser ecuánime, pero nunca equidistante. Hay que condenar el golpe de estado. Pero hay que reconocer que el 18 de julio se acaba la República. Los sublevados ganan la guerra desde el primer momento y los comunistas ganan la propaganda. Esa patraña de que los mejores escritores estaban del bando republicano es de las mejor urdidas de la historia. Es casi tan perfecta como las que difunde ahora el nacionalismo catalán, otra maquinaria diabólica. Desmontar esas ficciones va a costar muchísimo. A veces parece que la gente quiere escuchar mentiras.

¿Le preocupa el ascenso de Vox en España?
A mí, preocuparme, me preocupa que no se respeten las leyes en Cataluña. Hasta ahora Vox no es más que un nombre, por suerte. 

En Andalucía ya es un poco más que un nombre.
Pero hasta el momento no ha cometido ningún atropello constitucional. Veremos. A mí me preocupan los asesinos, me preocupa Bildu. Y me preocupan los anticonstitucionalistas y los que gobiernan con ellos. Me preocupa mucho menos Vox en Andalucía que Sánchez gobernando con golpistas. Vox no me gusta nada, eso déjalo muy claro, no quiero tener nada que ver con ellos, no iría ni a la esquina con ellos, pero los que me preocupan de verdad son otros. 

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