"Mi madre murió hace cinco años, para mí es una necesidad"

La mayor preocupación de las familias de personas con discapacidad es qué ocurrirá con sus hijos cuando ellos ya no estén
Maca y Sergio, usuarios de Amencer. DAVID FREIRE
photo_camera Maca y Sergio, usuarios de Amencer. DAVID FREIRE

La mayor preocupación de las familias de personas con discapacidad es qué ocurrirá con sus hijos cuando ellos ya no estén o se encuentren limitados por los años o por alguna enfermedad. "Es una de las primeras cosas que te preguntan, incluso cuando todavía llegan con su bebé en los brazos", cuenta la gerente de Amencer, Mónica Touriño, que empezó en la asociación como trabajadora social.

Precisamente por esa necesidad, la Federación Gallega de Asociaciones en favor de las Personas con Discapacidad Intelectual (Fademga) urgió en varias ocasiones a la Xunta a que acelerase el concierto social que permitiría financiar este tipo de centros, en cumplimiento de un decreto aprobado ya en 2021, y que no solo afecta a Pontevedra.

"Realmente lo necesitan", dice el director del centro de día de Amencer en Campolongo, David Villaverde.

Maca, Sergio y Esteban son tres usuarios de este centro. Los tres aspiran a vivir algún día en la residencia que Amencer ha levantado en el centro sur. "Mi madre murió hace cinco años, para mí es una necesidad urgente", explica Maca emocionada. "Para mí salir de casa me cuesta mucho", añade. También Sergio, usuario más independiente, confiesa que con los años "todo me va costando más", por lo que instalarse en la residencia "es vital".

Esteban, también usuario de Amencer pero con mayor nivel de dependencia, se comunica a través de un intercomunicador que pone voz a las palabras que él escoge con los ojos, muestra su ilusión por irse a la residencia. Para su entorno es cada vez más complicado atenderle como necesita. 

La residencia de Amencer cuenta con dos plantas que ya se encuentran equipadas y amuebladas. "Ahora estamos empezando a decorar, poniéndole calorcito para que sea un hogar con cuadros realizados por los usuarios de nuestros centros de día y sus familiares", cuenta Mónica Touriño. "Está todo bastante pensado e intentando que sea muy funcional a la vez que agradable", añade.

Las dos plantas de la residencia funcionan como dos unidades de vida independientes con espacios comunes, como un comedor o una sala de estar, y las habitaciones dobles e individuales. "Es la herencia que nos ha dejado el covid", explica la gerente.

En la planta superior las habitaciones, en su mayoría dobles, cuentan con baños adaptados, lavabos regulables en altura y espejos reclinables. Esta zona está pensada para usuarios con menor nivel de dependencia y dispone un baño para cada tres dormitorios. A mayores cuenta con enfermería también adaptada y un pequeño office.

La cocina de Ponte Muíños surtirá a todos los centros de la provincia

La idea inicial de Amencer es crear una cocina industrial en su centro de Lourizán desde la que suministrar la comida a todos los centros que la asociación tiene en Pontevedra, Vilagarcía y Vigo. "Vigo a día de hoy tiene su propia cocina y suministra a los niños de sus dos centros, si no somos capaces de poner en marcha la de Pontevedra, Vigo seguirá como está", aclara la gerente.

Amencer presta asistencia a 70 pacientes en su centro de rehabilitación y cuenta con casi 30 alumnos en su colegio de educación especial. En Vilagarcía suma 10 alumnos y 16 adultos en el centro de día. Y en Pontevedra cuenta con 14 en el colegio de educación especial de Lourizán, además de 10 usuarios en el centro de día de Lourizán y 17 más en Campolongo. "Está al cien por cien".

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