viernes. 30.10.2020 |
El tiempo
viernes. 30.10.2020
El tiempo

La mafia holandesa llega a Pontevedra para introducir toneladas de cocaína

Parte de la cocaína incautada en la operación Cetil. GUARDIA CIVIL
Parte de la cocaína incautada en la operación Cetil. GUARDIA CIVIL
El Equipo Contra el Crimen Organizado de Galicia incauta 6.000 kilos de polvo blanco a una gran organización enraizada en Países Bajos y liderada por súbditos marroquíes

En los últimos meses de 2019, el Equipo Contra el Crimen Organizado (Eco) que la Unidad Central Operativa tiene desplazado en la ciudad de Pontevedra vivió días de frenesí. Al mismo tiempo que investigaba a una red internacional de tráfico de armas -cuyo desenlace tendrá lugar en breve plazo- seguía la pista del narcosubmarino que, en colaboración con la Policía y Aduanas, logró apresar en Aldán.

En esas mismas fechas, a solo 20 kilómetros del muelle en el que se izó el famoso batiscafo, una organización criminal mucho más poderosa estaba ganando terreno. Una vez más, el Puerto de Marín se convirtió en el enclave elegido por una red internacional dedicada al tráfico de cocaína. Y en este caso no era una cualquiera. Se trataba de un grupo liderado por individuos H.V.T. (High Value Target), la ‘distinción’ que otorga la agencia Europol a los criminales más destacados de cuantos actúan en el Viejo Continente. Las autoridades policiales llevan tiempo alertando del efecto llamada que se está produciendo en España en general y en la provincia de Pontevedra en particular ante la laxitud del sistema penal vigente. Y quienes acudieron a esa llamada son individuos que, hasta ahora, no se habían atrevido a pisar el coto de los colombianos. Súbditos marroquíes con pasaporte holandés, considerados por las fuerzas de seguridad las mafias del narcotráfico más fuertes (y peligrosas) de cuantas operan en Europa en la actualidad, intentaron introducir hasta 6.000 kilos de cocaína por distintos puertos. Consiguieron, a buen seguro, colar otros tantos alijos.

El Puerto de Marín fue elegido como entrada prioritaria de mercancía ilícita procedente de Sudamérica. Los agentes incautaron allí tres contenedores preñados

No contaban con el buen hacer de los especialistas de la Uco de la Guardia Civil con cuartel general en Pontevedra, que no solo concretaron su modus operandi, sino que se desplazaron a Valencia y a Holanda para cerrar la detención de ocho de sus integrantes. El Juzgado Central de Instrucción 5 de la Audiencia Nacional coordinó una investigación que empezó y finalizó a orillas del Lérez y que alcanzó a Marín, Valencia y Málaga (en España) y a las localidades holandesas de Papendrecht, Utrecht, Róterdam y Ámsterdam.

La operación Cetil, de cuyo desarrollo inicial tuvo constancia este periódico en diciembre pasado, precisó de la cooperación de las agencias estadounidenses HSI (Homeland Security Investigations) y CBP (Customs and Border Protection), cuyos servicios de inteligencia sirvieron de punto de apoyo a los agentes pontevedreses. La colaboración internacional fue, como en todas las grandes operaciones, un pilar básico para su buen fin. Menos productivo fue el apoyo de la Politie holandesa, que, si bien cooperó en la fase de explotación del operativo (hace apenas unos días), no tuvo la capacidad (o la habilidad) necesarias para llegar a un mayor número de individuos en el país de los tulipanes, todos ellos perfectamente identificados por los miembros de la Guardia Civil española.

El germen de la operación Cetil fue la interceptación de hasta tres contenedores preñados en el Puerto de Marín, una vía de entrada de cocaína que habían logrado establecer los marroquíes-holandeses y que consideraban muy segura. Sin embargo, en cuanto perdieron más de 1.000 kilos (que ocultaban en contenedores de plátanos) decidieron buscar otras rutas. No sabían que tenían los ojos y los oídos del Eco Galicia en el cogote.

La Politie holandesa, la Homeland Security Investigations y la Customs and Borders Protection de Estados Unidos colaboraron con los agentes con base en la Boa Vila

Así, el grupo criminal optó por desplazarse hacia Valencia, donde intentó seguir con el negocio, con idénticos resultados. La Unidad Central Operativa no les perdió el rastro, y los viajes de agentes desde Pontevedra hacia Levante fueron constantes. Así fueron interceptados varios envíos más, alcanzando otras tres toneladas y media en decomisos. La propia Guardia Civil se sorprendió de la capacidad operativa de la organización delictiva, que contaba con células en Holanda, donde tenía su base de operaciones, pero también en Sudamérica, donde controlaba los envíos de droga, en Portugal, que era una tercera vía de entrada, y, por supuesto, en España.

Los criminales que llevaban el peso de las exportaciones e importaciones de droga tenían un altísimo poder económico, tal y como acreditaron sus constantes movimientos en embarcaciones de alta gama y sus cambios de domicilio en lugares de la Costa del Sol como Marbella y Benalmádena.

Al mismo tiempo, la Guardia Civil comprobó que estaba investigando a una organización con capacidad inmediata para reponerse de cada golpe que le asestaban las autoridades, gestionando nuevos cargamentos cada poco tiempo, Muchos de ellos, además, cuentan con antecedentes por delitos graves, tales como tráfico de armas, extorsión y homicidio. Su estructura, perfectamente jerarquizada y con entrenamiento militar, les convirtió en un auténtico cartel. Uno de los más poderosos de Europa.

La mafia holandesa llega a Pontevedra para introducir toneladas de...