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Las manos de Miguel fichan por Torrado

Miguel Pérez, masajista de Torrado con síndrome de Down. RAFA FARIÑA
Miguel Pérez, masajista de Torrado con síndrome de Down. RAFA FARIÑA

Miguel Pérez tiene 27 años, es masajista y acaba de firmar un contrato indefinido. Lo que más le gusta de su trabajo es el trato directo con el paciente. Tiene síndrome de Down 

Miguel pertenece a otra dimensión. No es bueno, es mejor. No se puede comparar con nada de este mundo. No lo dice él, lo explican sus compañeras de la Clínica Torrado, en donde el joven acaba de firmar un contrato indefinido como auxiliar naturópata.

Sus compañeras hablan maravillas mientras Miguel sonríe, tímido, y se frota las manos. Está nervioso, y eso que ya debería estar acostumbrado a las entrevistas. Salió en televisión y los periódicos se interesaron por su trabajo cuando comenzó a ser ayudante del fisioterapeuta del Teucro. "Los nervios no siempre son malos, un poco de tensión ayuda a hacer las cosas mejor", dice antes de devolverles los piropos a sus compañeras. "Ellas también son muy buenas".

A Miguel Pérez ya lo conocen los teucristas que confían en sus manos. También saben de su buen hacer los pacientes que se recuperan en Torrado, pues el joven ya llevaba años trabajando en la clínica antes de firmar para quedarse indefinidamente.

La experiencia aquí fue muy buena, tengo compañeros muy respetuosos y empáticos y la relación con ellos es excelente

Cada lunes y cada miércoles por la tarde llega a su puesto de trabajo y pone todo su empeño para preparar las cabinas en las que da los masajes. "Coloco papel sobre la camilla, caliento la estancia para que tenga un ambiente agradable y luego recibo al paciente". A partir de ahí viene lo que más le gusta: dar masajes. El trato directo con el paciente es la mejor parte de su día a día en Torrado.

Fue su madre quien descubrió la vocación del joven, que ahora tiene 27 años. "Ella me recomendó estudiar en la Academia Gallega de Masaje cuando terminé 4º de ESO. Siempre me interesó conocer el cuerpo humano", cuenta. Cursó ESO en el colegio Sagrado Corazón y luego inició su formación como masajista. Al terminar sus estudios, en Torrado tuvieron la suerte de contar con sus servicios y ahora acaban de hacerle un contrato indefinido. "La experiencia aquí fue muy buena, tengo compañeros muy respetuosos y empáticos y la relación con ellos es excelente", explica.

Compatibiliza su trabajo con la preparación de sus oposiciones

Las compañeras de Miguel vuelven a corroborarlo desde el pasillo. "Es un sol, si tienes un mal día lo capta en tu cara y te da un abrazo", cuenta su compañera. "Y es muy listo", añade otra de las masajistas del equipo mientras le guiña un ojo. "Es que las emociones son muy importantes y hay que saber captarlas", apunta Miguel sobre su trabajo.

El contrato de Miguel es a tiempo parcial y compatibiliza su trabajo en Torrado con el estudio. Está preparando oposiciones para ordenanza en la Xunta de Galicia junto a otros compañeros de Xuntos. "A mí me gusta ser masajista, pero no voy a dejar de estudiar para las oposiciones porque tampoco me importaría en un futuro ser funcionario y tener una plaza fija", explica.

Miguel vive con sus padres, que de vez en cuando aprovechan el talento de sus hijo para disfrutar de sus masajes. "Claro que les hago masajes", cuenta. "Mi madre ya sabía que yo tenía ese don desde que era pequeño", cuenta.

Además, al joven le interesan los deportes. Practica yoga en Torrado -"para aprender a controlar el cuerpo y la mente"-, hace natación y monta en bicicleta. Y tiene síndrome de Down, pero eso ni siquiera tiene importancia.

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