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Marie-Pierre Bossan: "No puede haber reconciliación si no hay verdad"

Marie-Pierre Bossan (Grenoble, 1969), el sábado, en el Carabela. J. CERVERA
Marie-Pierre Bossan (Grenoble, 1969), el sábado, en el Carabela. J. CERVERA

Dedicó su tesis doctoral en 1998 a la Guerra Civil en Pontevedra. Veinte años después, la Fundación Tilve la ha publicado en gallego

¿Ha encontrado Pontevedra muy diferente a cómo la recordaba?
No hay ruido. Recordaba una ciudad ruidosa, con atascos y pitos de coches, y he encontrado una ciudad muy tranquila.

Ha dicho que le recuerda a la Pontevedra de los años 30 que descubrió en el Museo mientras se documentaba para su investigación.
Sí. He pensado que tenía que ser algo parecido. Yo la imaginaba así. Yo iba al Museo para tratar de entender lo que era la Pontevedra de 1936 y así aparecía descrita en los libros. También la recordaban de este manera los testigos.

Usted, que hoy es profesora en la Universidad de Grenoble, ha regresado a la ciudad, 20 años después, para presentar un libro que ha tardado ese tiempo en poder publicarse en gallego.
Realicé la tesis entre 1994 y 1998, el año en que la leí. Cuando la acabé, intenté publicarla aquí, pero no lo conseguí. Luego regresé a Francia y lo dejé estar. Si no había interés, tampoco pasaba nada. Seguí con mi vida. Pero mantuve el contacto con la profesora Isaura Varela, que fue la que me dijo un día, hace unos diez años, que la Fundación Luis Tilve estaba interesada en editar el trabajo. Di mi autorización y, de nuevo, me olvidé del tema. Hasta que, el año pasado, Roxelio [Pérez Poza] volvió a entrar en contacto conmigo para decir que finalmente sí,que se publicaba en gallego.

Memoria da Guerra Civil en Galicia. O caso de Pontevedra.
Para mí, todo esto ha sido como ciencia ficción. Era un capítulo cerrado de mi vida, una historia pasada, que al final ha resultado ser no tan pasada. Lo más bonito es que, de alguna manera, se cumple mi objetivo de entonces, cuando pensaba: "Estos testigos son los últimos de esos acontecimientos y son muy mayores. Hay que recoger sus testimonios ahora o ya no se podrán recoger". Había que hacer ese trabajo. Luego ya se vería si todo aquello servía para algo a la ciudad, a los historiadores... Me gusta pensar que, finalmente, ha servido.

Aunque usted a lo que venía era a investigar la tradición oral, las meigas, etc. bajo indicación de su director de tesis.
Es verdad. Esa era la idea. Porque mi director de tesis trabajaba mucho con la oralidad. Pero enseguida me di cuenta de que no me interesaban las supersticiones orales. En mí ya existía un compromiso político previo. Mi familia era una familia de exiliados italianos. Así que empecé a interesarme por este otro asunto. Y titulé el trabajo Émergence.

Roxelio Pérez Poza lo señaló en la presentación de la obra: una profesora francesa vino a hacer un trabajo que, hasta ese momento, nadie había hecho aquí.
Aquellos años salieron otros dos libros que trataban la Guerra Civil, uno de Luis Lamela y otro de Xosé Fortes Bouzán. Imaginé que los historiadores gallegos seguirían profundizando sobre ella. Pero, en realidad, he visto que tampoco se han hecho tantas cosas.

Localizó a 80 testigos directos para su investigación.
Contacté con alrededor de 90 personas, pero muchos rechazaron participar. Un tercio. Entrevisté exactamente a 52 personas, 19 de ellas aparecen sin nombre. Prefirieron mantener el anonimato.

"El silencio como un testimonio más", ha dicho al respecto.
Claro. Porque todo el mundo tiene recuerdos, se compartan o no. Cada rechazo lo que transmitía era "no merece la pena hablar de eso", "ya ha pasado", "esto no le interesa a nadie", "se ha dicho todo", etc. Yo no buscaba hacer un trabajo sobre la memoria republicana. No era mi propósito. Resultó un poco eso porque la mayoría de la gente que aceptó ser entrevistada era de ese bando. De cualquier manera, todo es memoria. Memoria es también decir: "Yo no quiero contar".

Y encaja en el pacto de silencio en el que se basó la Transición.
Por supuesto. A la represión del principio del franquismo, que fue brutal, se sumó la instauración de un miedo atroz, que se convirtió en otra forma de represión. Y con ese miedo todavía me encontraba yo 60 años después.

"Cuando hablamos de la memoria hablamos de presente, no de pasado".
Es una obviedad. Cuando recordamos, recordamos desde el ahora. La memoria no se puede descontextualizar del presente. El presente fue el que condicionó el silencio del franquismo y el silencio con matices de la Transición, con esa Ley de Amnistía que lo tapó todo. La actual Ley de la Memoria está bien, pero hay que preguntarse de qué sirve cuando sigue habiendo miles de muertos en fosas comunes. Se quiere poner la palabra reconciliación por encima de la palabra verdad y eso es imposible. No puede haber reconciliación si antes no hay verdad. Hay que decir qué paso.

"La memoria es responsabilidad de todos". ¿le parece que corre peligro lo que se ha llamado la recuperación de la memoria? Si se puede negar el Holocausto, se puede negar todo.
¿Quién lo niega? No se niega. Eso es retórica. Nadie lo puede negar porque los hechos están ahí. Están las pruebas, están los testigos... ¿Tú crees que alguien lo niega en serio? Lo que hay que hacer es simplemente contar la verdad. Asegurarnos de que se transmiten los hechos a los jóvenes. En este sentido, en el debate sobre retirar nombres de las plazas o las calles para no cambiar la historia, yo quizás sería partidaria de mantener el nombre, efectivamente, pero explicando quién es esa persona, qué hizo, e incluirlo en la misma placa. Contar la verdad.

Marie-Pierre Bossan: "No puede haber reconciliación si no hay verdad"
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