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Más de 1,2 millones de rastreos en cinco meses

Un total de 40 militares, repartidos en dos salas, integran cada uno de los turnos establecidos en la operación Baluarte, que se puso en marcha el pasado 28 de septiembre. RAFA FARIÑA
Un total de 40 militares, repartidos en dos salas, integran cada uno de los turnos establecidos en la operación Baluarte, que se puso en marcha el pasado 28 de septiembre. RAFA FARIÑA
En el pico de la segunda ola, los militares de la Brilat llegaron a efectuar 13.530 llamadas en una sola jornada ▶ "Vemos muchos dramas humanos e intentamos que no nos afecten, pero es imposible", reconocen los consultores

Los pronósticos hablaban en septiembre de un repunte de la pandemia tras el relax veraniego, con una incidencia incluso mayor que en la primera ola. Todos se cumplieron, algunos por encima de lo estimado.

Para poder atender la previsible avalancha de rastreos, el Gobierno ofreció la colaboración de los militares y la Xunta no dudó en echar mano de la Brilat y de la Armada. El grueso de la Unidad de Vigilancia Epidemiológica (UVE) de Galicia se instaló en el Acuartelamiento de Figueirido, con el refuerzo de 60 efectivos del Arsenal de Infantería de Marina de Ferrol y 10 de la Escuela Naval de Marín.

RAFA BRILAT. Reportaje rastreadoresTodos los participantes en la bautizada como Operación Baluarte recibieron una amplia formación psicológica, sanitaria y jurídica para poder hacer frente, con total garantía, a las exigencias del encargo.

Mientras, la Xunta abastecía a la base pontevedresa de toda la logística necesaria: ordenadores, programas informáticos, routers, equipos de comunicación, mamparas, periféricos...

El 28 de septiembre se puso en marcha la misión. A lo largo de estos cinco meses, las estadísticas son demoledoras y reflejan fielmente el intenso trabajo realizado: 1.228.574 rastreos, con picos de 13.530 llamadas en un solo día durante la peor época de la segunda ola.

Álvaro González: "El volumen de trabajo ha disminuido con respecto a los picos de la ola, pero no hay directrices de que la misión vaya a finalizar"

En este apartado destaca el periodo comprendido entre el 10 y el 31 de enero, coincidiendo con los repuntes por las reuniones familiares de Navidad, que se efectuaron más de 10.000 contactos con pacientes contagiados y personas de su entorno más cercano.

El descenso de los contagios ha llevado parejo una menor actividad de los rastreadores, que actualmente mantienen una media de 4.000 llamadas diarias.

Durante estos cinco meses de misión, los militares han secuenciado 650 casos positivos, a un ritmo de entre 80 y 100 contactos cada día, "pero en los días más críticos hemos llegado a 150", apunta el capitán de Infantería Álvaro Manuel González Carmona, jefe de la UVE.

José M. Martínez Blanco: "Cada uno de nosotros nos llevaremos a casa historias muy variopintas: nacimientos en cuarentena, defunciones, gente sola..."

La unidad está activa desde las 9 de la mañana hasta las diez de la noche. Los rastreadores se reparten en dos turnos entre semana y tres los fines de semana. En cada uno de ellos participan 40 efectivos, repartidos en dos salas. La Brilat ha formado a cerca de 150 militares para llevar a cabo esta misión pero cada dos semanas se van rotando para no caer en la rutina y, además, poder atender a sus obligaciones castrenses. "Desde el inicio de la Baluarte se ha activado un total de 8.800 puestos de rastreadores", destaca el capitán González Carmona.

METODOLOGÍA. El protocolo con cada llamada comienza cuando en la pantalla del ordenador aparece un nombre, proporcionado por la base de datos del Sergas. En la ficha se especifica si es la primera llamada, síntomas, evolución, etc. El rastreador actualiza el estado del contacto y deja constancia del mismo en el programa. La parte más satisfactoria llega cuando le dicen que ya se ha curado o que ya ha superado la cuarentena. "Lo normal es que la charla dure entre tres y cinco minutos, pero hay casos en los que he estado hasta 40 minutos hablando", reconoce el sargento José Manuel Martínez Blanco.

Silvia Otero: "Notamos que la gente necesita hablar, contar cómo se siente... Me gusta este trabajo, porque vemos que es de gran ayuda"

Y es que, aunque lo intentan, son incapaces de blindarse emocionalmente. Han sido confidentes de verdaderos dramas humanos que tocan la fibra y, en ocasiones, "hacen que te lleves el trabajo a casa, porque sigues dándole vueltas a la tremenda historia que te acaban de contar".

Las personas que viven solas protagonizan la mayoría de estas penurias. "Una señora me dijo que era la única voz con la que había hablado en diez días. ¿Cómo no la voy a atender con cariño?", se pregunta.

"En general, la gente está ya mentalizada de la labor que realizamos y nos lo agradece colaborando al máximo", señala el capitán González. 

Más de 1,2 millones de rastreos en cinco meses
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