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Carmiña y Manolo, más de medio siglo de amor en Pontevedra

Carmiña y Manolo, el día de su boda y ahora. DP
Carmiña y Manolo, el día de su boda y ahora. DP
Se casaron el 7 de octubre de 1961 en la Iglesia de San Bartolomé  La música y el Pontevedra CF siempre fueron sus grandes pasiones.

Como si de una película de amor se tratase, así es la historia de María del Carmen García Barreiro y Lino Gonzalo Manuel Aboy Graña, más conocidos en Pontevedra como Carmiña y Manolo.

Corría el año 1956, en pleno mes de agosto, cuando ella, una joven maestra de 17 años que trabajaba en los Almacenes Olmedo, decidió acudir junto a una amiga al circo. A su lado se sentaron dos chicos que no paraban de meterse con ellas. Uno era Manolo, que con 21 años acababa de llegar de la mili y había empezado a trabajar como director del Banco Hispano Americano de Pontevedra.

El circo les juntó pero fue la música lo que les terminó de unir. Al poco de conocerse, Carmiña y Manolo quedaron en la Plaza de la Estrella. Al llegar, la joven escuchó como alguien tocaba al piano la obra El poeta y el aldeano. Cuando se acercó se dio cuenta que el que tocaba era Manolo.

Ella, que estaba en el coro de Santa Cecilia y que cantaba como los ángeles, se quedó prendada de esa melodía y se dio cuenta de que, tal vez, acababa de encontrar al que sería el amor de su vida.

El camino no fue fácil. Desde el primer momento en el que se conocieron Manolo le confesó que se quería casar con ella pero, el poco dinero que ganaban en aquel entonces no les permitía irse a vivir juntos. Eso fue lo que más retrasó su boda.

"Mi marido ganaba 2.000 pesetas en el banco y teníamos que pagar 1.000 de alquiler, era algo terrorífico. Nosotros estábamos para casarnos pero no había manera por los alquileres", explica Carmiña.

Tras cinco años de noviazgo, llegó el gran día. "Él tenía que pedir las vacaciones en el banco para poder casarnos y un día vino a junto de mí y me dijo que nos casábamos en octubre, que ya había pedido el mes libre", asegura.

El día de la pedida de mano, Carmiña lo recuerda con mucho cariño. "Me dijo que le acompañase a comprar la pulsera de pedida porque así ya la elegía yo y recuerdo que le costó el sueldo de casi un mes", confiesa entre risas.

Y tras muchos altibajos, Carmiña y Manolo se daban el sí, quiero. Lo hacían el 7 de octubre de 1961, es decir, hace este jueves 60 años, en la Iglesia de San Bartolomé. Fue un día mágico en el que estuvieron rodeados de sus seres queridos y en el que el amor que desprendían llenó cada uno de los rincones de la capilla.

Por su trabajo, Manolo se vio obligado a mudarse a lugares como Vigo, A Lama, Redondela, O Carballiño o Viveiro. Sitios en los que siempre estuvo acompañado de su mujer y de sus hijos.

Eso sí, durante unos meses, en el banco lo destinaron a México y ese fue el único momento en el que el matrimonio estuvo separado. "Él valía bastante y lo destinaron unos meses allí. Yo me quedé en Viveiro con nuestros cuatro hijos esperándolo", explica Carmiña.

A pesar de ser dos personas con caracteres muy distintos, Carmiña y Manolo no se separaron desde que un circo les unió en 1956

La pareja tuvo cinco hijos pero la vida les arrebató a uno. Actualmente tienen también seis nietos y un bisnieto, que son, sin duda, sus debilidades.

PONTEVEDRA CF. Pero la música no fue lo único que unió a esta pareja. Al poco de conocerse, Carmiña como Manolo se convirtieron en unos grandes aficionados del Pontevedra CF. Una pasión que heredó, sobre todo, uno de sus nietos.

"Cuando éramos muy jóvenes nos hicimos socios del Pontevedra. Éramos tan forofos que un día, que creo recordar que había coincidido con nuestro aniversario, fuimos a ver un partido suyo a Madrid. Nos lo pasábamos muy bien", afirma Carmiña.

"De hecho es que llevamos siendo aficionados desde que el Pontevedra tenía una huerta, en vez de un campo», recuerda.

LA CLAVE DE SU AMOR. Carmiña asegura que ella y Manolo siempre fueron muy diferentes. "Cuando nos conocimos él tenía muchas pretendientas. Él era muy activo y yo era muy pasota. Yo era muy apagada y seria y él siempre estaba muy alegre", reconoce.

Pero a pesar de sus diferencias, siempre se entendieron y complementaron a la perfección. "Él tocaba el piano y yo cantaba... yo siempre estuve enamoradísima de él".

Un amor que perdura a pesar de los años. Y es que aunque ha pasado más de medio siglo desde su boda, Carmiña no puede evitar sonreír cuando habla de su marido. "Es encantador. A mí me tocó la lotería con él", afirma.

En cuanto a la clave de su matrimonio, la pontevedresa cree que lo mejor "es no discutir mucho. Yo siempre tuve mucha paciencia". Eso sí, Carmiña agradece que ahora "la mujer es mucho más independiente y no tiene tanta paciencia, gracias a Dios".

Y como dice su canción favorita, El Reloj de Luis Miguel, "yo sin su amor no soy nada", y es que Carmiña y Manolo sin el amor que les ha unido hace 60 años, tampoco lo son.

Carmiña y Manolo, más de medio siglo de amor en Pontevedra
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