ACTUALIDAD SANITARIA

Más de la mitad de las adolescentes consideran que tienen sobrepeso

El área sanitaria registra una media anual de cinco casos graves de menores con trastornos alimenticios, 20 de gravedad intermedia y cerca de cien que restringen o alteran su dieta ► Los cuadros con más riesgo son hospitalizados o derivados a Santiago, donde "es difícil conseguir plaza". Los cánones de belleza, la genética y la personalidad son los principales detonantes
photo_camera Jóvenes a la salida del instituto. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

Los trastornos alimenticios siguen a la orden del día y, lejos de menguar en la era de la información, han aumentado con los cánones de belleza que se han expandido mediante las nuevas tecnologías y las redes sociales. Sobre todo, entre los más vulnerables, los adolescentes.

El abanico de estas conductas es muy amplio y abarca, entre otras, la anorexia, la bulimia, estados mixtos y situaciones previas en las que el paciente coquetea con estos comportamientos pero abandona a tiempo. La anorexia se caracteriza por el miedo a engordar y por la sensación de estar gordo, por lo que la persona deja de comer. La bulimia también va pareja del temor a ganar peso, pero con episodios de descontrol ante la comida que llevan a comer desmesuradamente y, acto seguido, a inducir el vómito.

El jefe de Psiquiatría, Alfonso Casas Losada, precisa que los trastornos de conducta alimentaria son más habituales entre las mujeres, con una relación de diez casos por cada uno de hombres. Y que particularmente afectan más a la adolescencia, una de las etapas más conflictivas en la que abundan los cambios físicos y emocionales, y que cada vez empieza más pronto. . "Ahora se ha adelantado un poco y casi podemos decir que los doce años es una edad aceptable de entrada en la adolescencia", advierte el especialista.

En los países desarrollados la incidencia media actual eriza la piel. Una de cada cien chicas sufre anorexia, entre dos y tres padecen bulimia o trastornos mixtos (anoréxico-bulímicos) y hasta diez practican conductas alimenticias "restrictivas", como pueden ser "dietas excesivas" o inducciones de vómito puntuales.

AFECCIÓN. En el caso del área sanitaria de Pontevedra la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil, ubicada en el centro de salud de A Parda, atiende una media de "cuatro o cinco casos graves por año", a los que se suman "20 casos de menor gravedad y sobre cien con conductas que no llegan a ser anoréxicas o bulímicas, pero que requieren atención".

Las cifras ya son merecedoras de toda reflexión, pero los especialistas saben que se quedan cortas frente a la incidencia real de este tipo de trastornos. Basta observar un dato. "Más de la mitad de las adolescentes consideran que tienen sobrepeso. Se ven anchas o gruesas y normalmente esa visión sobredimensionada se centra en las zonas de mayor diferenciación sexual, como muslos y caderas".

El grueso de los trastornos se inician en la adolescencia y en un alto porcentaje nunca desaparecen del todo. "La cronicidad es muy frecuente, con diferente grado de intensidad y gravedad —explica el facultativo—. Hay personas que sobreviven a su anorexia adolescente y que continúan con características anoréxicas en su etapa adulta, aunque compatibles con una vida normalizada. Sin embargo, hay otro tanto por ciento que mantienen la gravedad o se topan con una circunstancia externa que acentúan el trastorno (...). En adultos no suele haber diagnósticos nuevos".

Los casos más graves requieren de hospitalización. Por norma general, los menores ingresan en la unidad de Pediatría y los adultos en Psiquiatría, donde la media suele ser de un ingreso (prolongado) por año. En cambio, los casos de peor evolución son derivados a la Unidad de Trastornos de Conducta Alimentaria de Santiago de Compostela, donde existen medios específicos para tratar estas patologías. El mayor hándicap es que "es difícil conseguir plaza, porque se trata de una unidad muy saturada". El promedio es de un traslado al año.

CAUSAS. La incidencia de este tipo de trastornos es mucho más elevada en los países desarrollados, porque "más que enfermedades son conductas" que afloran por factores con más peso en las sociedades avanzadas. Uno de los más importantes es el componente social y cultural, pero también influyen parámetros de tipo genético y, especialmente, factores de tipo individual, como la personalidad y el carácter. "Simplificando mucho se puede decir que quizás unos de los perfiles con mayor riesgo para desarrollar una conducta anoréxica son las personas con características obsesivas, personas perfeccionistas y autoexigentes, en las que el control de aspecto físico es otra parte del control general", explica Casas.

El carácter y las particularidades de cada uno son los factores que explican que, "pese a que las preocupaciones anoréxicas afectan a más del 50% de la población juvenil, sobre todo mujeres, solo un 1% desarrolla el trastorno". "Esto quiere decir que no todas las personas tiene la misma vulnerabilidad ante ese factor social o cultural, sino que varía en función de la personalidad y otros asuntos, como el entorno familiar o la situación afectiva. Para muchas personas en las conductas anoréxicas hay un punto de conflicto con el entorno. La comida es algo muy privado, donde uno puede asentar sus dominios", precisa el doctor.

La Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil, Allí se evalúan a los pacientes menores de los 16 años que, en función del caso, se derivan a Pediatría, Endocrinoloxía o alguna de las unidades de hospitalización. El servicio de Psiquiatría atiende a 40.000 consultas anuales que se reparten entre menos de 20 facultativos.

DEMANDAS. Un hospital de día para facilitar la atención

Una de las demandas que traslada el servicio de Psiquiatría es la creación de una unidad intermedia entre la hospitalización y el domicilio, una especie de "hospital de día" para que el paciente pueda participar en terapias o comer alejado del ámbito familiar. "El problema que tenemos es Galicia y nuestra área es que poseemos una población muy dispersa, pero un dispositivo de estas características facilitaría la atención, aunque estuviera centrado en el ámbito urbano", indica el responsable del departamento, Alfonso Casas. 

Unidad "saturadas". Otra de las reivindicaciones del servicio pasa por el refuerzo de la plantilla, sobre todo de la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil, que "está saturada".  "Hay muchos casos que se pierden por diversas razones, una de ellas es que hay una oferta de atención fuera del ámbito público que utilizan muchas personas por la dificultad para acceder a los profesionales de nuestra Unidad de Salud mental. cuenta con dos psiquiatras y una psicóloga clínica y tiene una importante sobrecarga, que impide dificulta asumir casos nuevos o atenderlos con la periodicidad que se debería. Las terapias y las charlas de prevención pudieran ser útiles, pero no se pueden hacer porque los profesionales no tienen disponibilidad", advierte Casas.