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Miles de kilos de cocaína entraban en las rías en planeadoras que salían de Cambados

Alijo de 3.800 kilos de cocaína aprehendido a Miñanco en octubre. POLICÍA NACIONAL / GUARDIA CIVIL.

Sito Miñanco cerraba el precio con los colombianos y pagaba a organizaciones de lancheros de las Rías Baixas que se dirigían al encuentro de los buques con los cargamentos

Los astilleros Facho, ubicados entre la desembocuadura del río Umia y la entrada de la ría de Arousa, a pocos metros a nado de la isla de A Toxa, eran, según la jueza instructora, el lugar desde el que partían las lanchas rápidas que, al servicio de Sito Miñanco, se dirigían a altamar al encuentro de los buques, bien pesqueros, bien mercantes, que transportaban la cocaína desde Sudamérica hacia Europa.

La Policía Nacional tampoco descarta que parte de los alijos entrasen en tierra, siempre a través de Galicia, mediante el empleo de embarcaciones pesqueras que pasasen desapercibidas. No en vano, el lunes fueron objeto de registro varias de ellas, siendo la más destacada la que se inspeccionó en la localidad coruñesa de Portosín.

La rama colombiana de la organización de Prado Bugallo tomaba todas las precauciones del mundo a la hora de ocultar las sustancias estupefacientes. Los sudamericanos empleaban principalmente cargueros. Un ejemplo de ello fue el Thoran, abordado por el Servicio de Vigilancia Aduanera en octubre pasado a unas 300 millas de Guayana y a más de 500 de las Islas Canarias. El buque se dirigía a un punto concreto próximo a las costas gallegas, al encuentro de las planeadoras.

La jueza también atribuye a la red del narco cambadés la introducción de 63 kilos de marihuana en territorio alemán

La cocaína, en enormes fardos, estaba en un punto poco accesible del barco. Los agentes del Greco tuvieron que echar mano de los especialistas del GOIT, con capacidad para acceder a los espacios más recónditos. Tras picar una loseta del suelo, los investigadores se introdujeron en un angosto habitáculo en el que, atados con cuerdas, se encontraban los paquetes.

Para la intervención de aquel barco resultó de vital importancia la aportación de la National Crime Agency (NCA), el servicio de inteligencia del Reino Unido, que, al igual que la DEA, coopera de forma habitual con la Brigada Central de Estupefacientes en las grandes operaciones de narcotráfico transoceánico.

Su chivatazo puso en marcha a la Policía, que, en coordinación con la Guardia Civil y con Aduanas, montaron el operativo previo al abordaje. La toma del barco se produjo en condiciones meteorológicas muy adversas, y sus tripulantes, de nacionalidades turca y azerbaiyana, no se mostraron colaboradores a la hora de señalar el lugar en el que se ocultaban las sustancias estupefacientes. Ello provocó que no fuese hasta la llegada del carguero a tierra, varios días después, cuando se produjo el hallazgo de la droga, que permanecía escondida en el mencionado habitáculo que los narcos habían instalado en la zona de la cocina.

El buque, de 34 metros de eslora, había partido de un puerto colombiano y su travesía estaba siendo controlada desde tierra no solo por la organización de Miñanco, sino también por la Policía.

Entre los investigados hay individuos de nueve nacionalidades distintas, una muestra más del poder de la red desarticulada

 

Su aprehensión supuso el punto de inflexión para el inicio de la fase final de la operación Mito, pues la Policía ya había atado todos los cabos necesarios, salvo pequeños flecos, para vincular al grupo investigado con el alijo.

Tirando del hilo, pocas semanas después, los especialistas antidroga de la Brigada Central de Estupefacientes comprobaron que Prado Bugallo tenía capacidad de llegar aún más lejos, y constataron un envío de un cargamento de cocaína en la localidad holandesa de Den Hoorn. La droga había entrado oculta en un contenedor a través del cercano puerto de Rotterdam, la principal puerta de entrada de sustancias estupefacientes del Norte de Europa. La mercancía ya había sido retirada de la infraestructura portuaria y estaba almacenada en una nave. Tres súbditos holandeses resultaron investigados como presuntos receptores de la cocaína.

UN PROBLEMA. La aprehensión por parte de las autoridades holandesas de este segundo alijo supuso un problema para la organización de Miñanco, según se desprende de las conversaciones intervenidas por la Policía que mantuvo el capo cambadés con su principal colaborador, el colombiano Quique Arango. Solo unas semanas antes habían perdido 3.800 kilos, y este segundo fallo provocó que el líder de la organización tuviese que tomar medidas y enviar dinero a Sudamérica.

La jueza instructora también revela en el auto que trascendió este martes que se sospecha que el grupo criminal liderado por Miñanco está detrás de la introducción de unos 63 kilos de marihuana que fueron aprehendidos en territorio alemán en los pasados meses.

A ello habrá que añadir otras incautaciones de cocaína en tierra, hasta unos 5.000 kilos en total, de los que dará cuenta este miércoles la Policía Nacional.

Entre los investigados hay súbditos turcos, azerbaiyanos, colombianos, venezolanos, portugueses, holandeses, marroquíes, alemanes y españoles, sin descartarse la participación de personas naturales de otros países de uno y otro lado del Atlántico, lo que da una idea de la dimensión global que alcanzaba la red recién desarticulada.

LA PISTOLA. Otro de los aspectos que trascendió tras la filtración del auto de la jueza Lamela tuvo que ver con supuestas conversaciones entre Sito Miñanco y el hijastro de Laureano Oubiña, David Pérez Lago, que, entre otras cuestiones, tratarían acerca de la adquisición de una pistola para el jefe de la organización criminal.

Miles de kilos de cocaína entraban en las rías en planeadoras que...
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