Monumentos

Cada nuevo espacio que se ha integrado en el modelo pontevedrés es un monumento dedicado a nosotros
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photo_camera Gente caminando por la Rúaa Virxe do Camiño. GONZALO GARCÍA

No soy mucho de monumentos, y eso que en Pontevedra no podemos quejarnos. Tenemos uno en memoria de Bóveda y otro dedicado a Castelao. Nada que objetar, son dos padres de la patria gallega. Supongo que ambos personajes hubieran elegido seguir con sus vidas y sus obras, pues los honramos por algo que ellos no deseaban, claro. Nadie quiere morir asesinado o en el exilio para que le hagan una estatua.

No tengo yo muy claro que una estatua sea el mejor homenaje. Se presta a interpretaciones estéticas. A mí no me gustan ninguna de las dos. Creo que no están a la altura de los héroes a los que representan, pero yo sobre estos asuntos tengo poco que decir. Mis conocimientos sobre cuestiones escultóricas no existen.

No obstante, nos gusten menos o más, son monumentos merecidos. Lo mismo se diría del dedicado a los republicanos también asesinados o al de Miguel Ángel Blanco. Pero pienso que la cuestión de morir asesinado reside en el asesino, de ahí que tenga sentimientos encontrados. Ninguno de ellos, todos héroes, tienen mérito en los hechos por los que los recordamos. Es que ni murieron luchando porque eran gente de paz, o sea que cuando yo paso junto a esas estatuas pienso más en los verdugos que en sus víctimas y eso me da mal rollo.

Otra cosa es la estatua de Colón, marino, explorador, descubridor, esclavista y genocida genovés. Si al menos fuera de Poio tendría sentido ponerle una estatua, y decir aquello de "es nuestro genocida", pero como desde que se guarda bajo siete llaves el informe público sobre los documentos manipulados que soportan la tesis, no queda más remedio que echar abajo esa estatua o mandarla a Génova.

Los monumentos se hacen con vocación de perdurar por los siglos de los siglos. Sospecho que además la cuestión artística queda en segundo plano, pues prevalece, creo, la intención laudatoria sobre la belleza. Hay espacios, como la Illa das Esculturas donde ocurre lo contrario. El arte es lo que cuenta, y la reflexión.

Para lo demás yo prefiero el dinamismo, el movimiento. Que una ciudad sea en sí misma un monumento que honra a todas las personas que se lo han ganado. Con todo lo que fue Valle-Inclán, de cada 10 personas que se fotografían junto a su estatua, 9 no sabrían citar ni un solo título de su extensísima producción. No sé yo qué haría Valle con toda esa gente, pero estoy convencido de que desde luego, no posaría junto a ellos. Yo creo que los correría a bastonazo limpio.

Creo más en las ciudades que se constituyen, se conservan, se respetan como centros monumentales. Pontevedra es un ejemplo de ello, y no hablo solamente de nuestra zona monumental. La rúa Virxe do Camiño, a la que acudo con cierta frecuencia por cuestiones de vecindad, es hoy un monumento a todas las personas que han hecho algo bueno por nosotros, da igual la época en que hayan vivido.

Se respira vida nueva en esa calle. La ausencia de coches, el aumento de ciudadanos que la pasean, la apertura de locales comerciales, todo me parece monumental. Pero digo esa calle como diría de cualquiera de tantas y tantas que en las últimas dos décadas y pico han pasado a formar parte integral de la Pontevedra monumental. Usted pasea por ellas, qué le voy a contar.

Y la ciudadanía, como parte involucrada en el proceso, puede perfectamente sentir que todas esas nuevas zonas monumentales están dedicadas a todas y cada uno de nosotros. Los tres que no se sienten representados no son asunto nuestro. Para todos los demás, cada nuevo espacio que se ha integrado en el Modelo pontevedrés es un monumento dedicado a nosotros, a nuestros ancestros y a nuestra descendencia y eso es más importante que una estatua dedicada a una sola persona que igual preferiría no tenerla.

Por lo que a mí respecta, no haría ni una estatua más y apostaría por seguir haciendo de nuestra ciudad un gran monumento dedicado a todos y a todas las pontevedresas de todos los tiempos. Es además un monumento que evoluciona, que cambia, que se mantiene, se mejora y se agranda a la vista de todos y con el esfuerzo de la ciudadanía. Mejor que eso no hay nada.

En cuanto a lo demás, me parece más importante que Bóveda o Castelao sean más reconocidos por lo que hicieron que por cómo murieron, asesinado uno y exiliado el otro. O que Valle fuera más y mejor leído en lugar de ser carne de selfie. Y hay otra cosa. Por cada personaje al que se le hace una estatua hay decenas con iguales méritos que no la tienen. Por eso, mejor convertir toda la ciudad en un monumento, que de eso en Pontevedra sabemos más que nadie.