Movilidad para todos

Bordillos, escalones o desniveles por todas partes impiden a mucha gente ya no circular, sino hasta salir de casa
Tres mujeres paseando por la ciudad. JOSÉ LUIZ OUBIÑA
photo_camera Tres mujeres paseando por la ciudad. JOSÉ LUIZ OUBIÑA

No hace falta ni decir que los derechos son de todos y de todas. De no ser así no son derechos, sino privilegios. El uso y disfrute de los espacios públicos es un derecho más, como la sanidad, la educación o la asistencia social. O debiera serlo, pues en muchas ciudades la movilidad es un derecho inexistente para todo el mundo, en especial para personas con movilidad reducida. Así figura en un documento que el Concello de Pontevedra está ultimando, si es que no lo ha hecho ya.

"El especial esfuerzo que se ha realizado para crear y consolidar unas condiciones de uso del espacio público pensado para todas las personas, especialmente para las que tienen más dificultades sea por razón de edad, situación puntual, diversidad funcional o movilidad reducida, debe continuar, con el fin de ayudar a conseguir una vida más independiente para todas las personas. El referente debe ser que cualquier vecino, independientemente de su condición física, sensorial o social, pueda utilizarlos con comodidad y seguridad". Es que si ponemos a las personas en el centro de la actuación urbanística no puede haber ni una sola excepción. La ciudad debe ser accesible para todos y todas, sin exclusión.

El propio documento reconoce que no está todo hecho, de ahí que afirme que el esfuerzo debe continuar. Así se está haciendo, por ejemplo, en el antiguo convento de Santa Clara, cuya reforma prevé el acceso a las futuras instalaciones y a los jardines de todos y cada una de las visitantes. O en la reforma de la Casa Consistorial, el antiguo Concello de la Praza de España. Nunca está todo hecho. En calles, parques y plazas sí, todos ellos son accesibles para cualquier persona sea cual sea su condición de movilidad, pero se sigue trabajando en edificios públicos, diseñados y construidos en tiempos en los que si una persona se desplazaba en silla de ruedas era su problema, no el del arquitecto. Pontevedra es un ejemplo también en esto, en la democratización de la libertad de movimientos de todo el mundo.

En el citado informe que elabora el Concello, se recoge a su vez un párrafo de un estudio que se titula Un novo paradigma dos espazos públicos urbanos y que recoge y amplía todo lo antedicho: "Sea desde la filosofía o desde el diseño urbano, o bien sea desde el derecho de las personas con discapacidad o diversidad funcional, desde el derecho de los niños y niñas a tener autonomía dentro de su ciudad, desde la sociología urbana, desde los hábitos de vida saludable, actividad física y lucha contra la obesidad, llegamos a la siguiente idea central: Los espacios públicos urbanos, las calles y plazas, constituyen, por un lado un servicio público básico, del mismo orden que la educación y la sanidad y por otro son un derecho elemental de las personas que viven o están en la ciudad. Expulsar a las personas, a los ciudadanos, de los espacios públicos es de la misma gravedad e injusticia que expulsarlos del acceso a la educación o la sanidad".

No hace falta irnos muy lejos de Pontevedra para encontrar ciudades en los que el vecindario se ve privado de su derecho al disfrute del espacio público, circunstancia que afecta a todos pero que imposibilita la vida normal de una persona con problemas de movilidad. Bordillos, escalones o desniveles por todas partes impiden a mucha gente ya no circular, sino hasta salir de casa. Personas que viven encerradas ante las dificultades y barreras que le impiden moverse por sus ciudades. Aceras estrechas, ausencia o escasez de plazas de aparcamiento específicas, inexistencia de rampas o de baños habilitados en edificios públicos, todo son inconvenientes.

Pues esas personas tiene el mismo derecho que usted o yo para moverse por la ciudad y disfrutar de ella y de sus espacios, faltaría más. Por eso hay que decirlo, que en Pontevedra podemos estar orgullosos de que desde el minuto uno las sucesivas reformas urbanas se han hecho y se hacen pensando en ellas, cueste lo que cueste. Y cuesta, porque cada obra que se hace conlleva un enorme esfuerzo técnico para dotar de accesibilidad total al espacio remodelado, para que todas y todos podamos ejercer nuestra independencia y nuestra libertad de movimientos, que como queda dicho es un derecho tan fundamental como el que más.

No hace falta señalar a nadie. Todos conocemos unos cuantos concellos para los que esto no es en absoluto una prioridad; que se limitan a hacer que cumplen a trompicones y de mala gana. Una intervención aquí y otra allá para que parezca que cubren el expediente. Expulsan de la ciudad a muchas personas con movilidad reducida y convierten su vida en un infierno. Como si a usted le ponen cada 100 metros una barra a la altura del pecho para que pase agachado o saltando, pero mucho peor. Es una cuestión de responsabilidad, que hay quien piensa que es cosa de caridad. No. Es una obligación de las instituciones para que todos y todas seamos iguales en derechos fundamentales.

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