Mucho tránsito pero poco espíritu comercial

Tras la pandemia y a pesar de ser una vía de acceso, el movimiento en la calle Rosalía de Castro cayó en picado ► Los comerciantes se sienten "abandonados" y piden que se mejore la iluminación y el aparcamiento
photo_camera Calle Rosalía de Castro de Pontevedra. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

A raíz de la obtención de la capitalidad de provincia en el año 1833, Pontevedra se vio obligada a realizar importantes mejoras viarias con el exterior. Como consecuencia, tal y como se recuerda en el blog Calles de Pontevedra, nació la calle Rosalía de Castro.

Algunos comerciantes de la calle Rosalía de Castro. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Algunos comerciantes de la calle Rosalía de Castro. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

Esta vía cambió de nombre hace pocos años, ya que desde 1942 era conocida con el nombre del Ministro de Marina de aquella época, Salvador Moreno. "Unha recente revisión de rúas con nomes vencellados ó franquismo fixo que pasase a chamarse Rosalía de Castro, compartindo o nome da poetisa galega co do paseo que co seu nome se atopa no fondo da Alameda en paralelo a Raiña Vitoria, e co Parque Rosalía de Castro, a carón do Recinto Feiral", explica Ramón Rozas en su libro Rúas de Pontevedra.

La calle transcurre entre la Praza de San Xosé y la Rúa Mollabao, por lo que recorre más de 1,3 kilómetros. Centrándose en el primer tramo, la que va hasta la Audiencia Provincial (antigua cárcel), esta zona está totalmente peatonalizada. En los años 70 por ahí pasaban coches, camiones e incluso, en el cruce con la Avenida Raíña Vitoria, había un paso a nivel con barreras por donde circulaba el ferrocarril.

Negocios

En esta primera parte de la vía Rosalía de Castro hay más de una decena de establecimientos, entre los que se incluyen dos agencias de viaje, dos panaderías, dos tiendas de ropa o una cafetería. Esta última, conocida como La Audiencia II, ocupa el bajo en el que estuvo el histórico negocio Bicos. "Llevo en esta zona más de 15 años porque estuve 11 en una cafetería que estaba un poco más abajo y desde hace 5 regento este local", explica la dueña, María Rey, que asegura que "desde que yo llegué aquí la calle cambió mucho". "Antes había mucho más movimiento en todos los comercios y yo creo que la falta de aparcamiento y el cierre de Reina Victoria nos perjudicó", afirma.

Misma sensación la de otra de las veteranas de la vía. Conchi Rodríguez abrió su tienda Trévede hace casi 20 años y aunque reconoce que "agora hai moito máis comercio que cando montei eu o meu establecemento", lo cierto es que "levamos uns anos complicados, primeiro pola covid e despois porque tivemos un andamio durante tres anos que dificultou a nosa actividade".

"É unha calle moi bonita pero está un pouco abandonada. Temos pouca iluminación, de feito ás veces parece que chegar aquí é como entrar na penumbra, e despois porque as árbores nin as podan e iso da sensación de abandono", añade la empresaria.

Justamente del andamio habla también Carmina Mora, socia de la tienda de ropa Bess Two, que llegó a la zona hace 13 años. "Lo que más nos perjudicó, además del andamio, es el cierre de Reina Victoria. Ahora la gente nos evita y entran a la ciudad por otro lado, por esta zona ya casi ni vienen porque quieren evitar el laberinto que se ha formado en este acceso a Pontevedra", apunta.

Por no hablar, señala también Mora, "del kiosko que tenemos en la calle que está completamente abandonado y deberían darle un poco más de vida".

Todos estos hándicaps provocan que esta vía, a pesar de tener numerosos establecimientos, sea más de tránsito que comercial. Así lo asegura Miguel Fontenla, propietario de la librería D-Lectum, que lleva abierta 12 años. "Es una calle de acceso y salida al centro y eso provoca que sea una vía de paso y que la gente no se pare apenas en los comercios", afirma.

"La calle está desmejorada", confirma también Silvia Cecilia Díaz, dueña del taller de confecciones Bendrell. "Yo llevo 7 años en esta zona y la verdad es que este entorno cambió mucho con respecto a antes de la pandemia. La limpieza no está bien, la iluminación está muy baja y esto de noche parece un desierto porque está todo oscuro". Además, "el cierre de Reina Victoria, la falta de aparcamiento y el cambio de visión en la forma de comprar de la gente provoca que a la ciudadanía les cueste venir más hasta aquí y se queden más por el centro".

En el lado positivo, destaca la empresaria, "es que aquí tenemos como un pequeño vecindario, un pueblo pequeño dentro de la ciudad, porque al final nos conocemos todos".

Aperturas tras la pandemia
A pesar de que los veteranos de la calle aseguran que la vía nada o poco tiene que ver con lo que era antes de la pandemia, lo cierto es que son varios los negocios que han abierto sus puertas tras la covid. Es el caso, por ejemplo, de José Hervés, que abrió su agencia de viajes, Azulmarino, hace dos años y medio. "Es una zona por donde pasa muchísima gente y eso permite tener mucho movimiento, pero también es cierto que tenemos árboles sin podar y que la iluminación es muy escasa", explica.

Opinión similar la de Paula Rodríguez que abrió su estudio floral, Brasaanï en marzo de 2023. "Es una calle con mucho tránsito y al tener escaparate hace que la gente se acerque y tenga curiosidad por lo que hago", asegura la joven, que reconoce que "hay muy buena relación entre los negocios".

Lo mismo que destaca también Patricia García, de la panadería Tía Ádega, que aterrizó en la zona en agosto de 2023. "Hay muy buen ambiente y muy buen rollo entre los negocios y la clientela es habitual de todos los días", resalta.

Entre los negocios más actuales se encuentra también Alimentación Isabel, que abrió hace dos años. Su empleada, Tania Rodríguez, afirma que "la calle está céntrica pero en los días de lluvia, al no haber donde aparcar, las ventas bajan mucho".

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