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PONTEVEDRANDO... 'AMERICAN FOOD HOUSE'

El mundo entero en Pontevedra

Manuel Tapia en su tienda 'Amercian food house'. EMILIO MOLDES
Manuel Tapia en su tienda 'Amercian food house'. EMILIO MOLDES
Pontevedra es todo el mundo y todo el mundo cabe en Pontevedra. Manuel Tapia lo entendió como nadie.

¿Correspondemos realmente y con todas las consecuencia al amor de nuestros seres queridos? Vamos a suponer que por lo general lo hacemos, pero usted, querida abuela, amable madrina, espléndido tío, ¿de verdad cree que cubre las expectativas del ser que tanto lo ama? Yo no, y le cuento una historia: tengo un sobrino británico, Hashim Leoplod, que me visita con cierta regularidad. Conocedor de que soy un entusiasta de los postres británicos, cada vez que viene me trae repostería de su tierra, y me la trae sólo para mí y yo no la comparto con nadie, pues Hashim Leopold y yo sabemos que nadie la aprecia como yo. Soy un pésimo tío, que es algo que acabo de descubrir hace unas horas, tiempo que he ocupado en mesarme los cabellos. Siempre he intentado corresponder a la generosidad de Hashim Leopold pero nunca lo he conseguido.

Vamos a entrar en materia antes de que esto se nos vaya de las manos. Resulta que Mercedes Celsa y un servidor, que somos buenos y queridos hermanos, nos criamos en México, y cuando Hashim Leopold, hijo de Mercedes Celsa y excelente rapero, me trae un postre británico sólo para mí, no sé cómo corresponder. Lo justo y necesario es que si mi sobrino comparte su infancia y su preadolescencia conmigo, yo haga lo propio en correspondencia, pero resulta que yo, cuando tenía su edad vivía en México y no puedo corresponder, pues los sabores de la infancia quedaron allí encerrados, o eso creía hasta que hace unos días vi la luz.

Paseaba por la calle Michelena a la altura del número once, cuando vi un esplendoroso rótulo: American food house, decía. Me acerqué al escaparate, seré curioso, y ahí encontré la manera de conciliar eternamente mi infancia con la Hashin Leopold. Ahí me reencontré con el niño que yo fui porque venden todo aquello que me gustaba por entonces. Es que en México, donde me criaban, aparte de muchos productos norteamericanos, había unos pastelitos, bollería industrial, que se llamaban Pingüinos. En México, sépalo usted, se fabrican los mejores pastelitos de la galaxia. Así que cuando Hashim Leopold me vuelva a visitar con su tarta inglesa, lo cubriré de Pingüinos.

Es impresionante, y perdone usted que hable más de mí que de American Food, pero es que me toca de lleno. Es que es un comercio por el que tenemos que apostar si queremos a los nuestros. Me dirijo a usted, que es buena madre y sabe que a su hija le encanta el cine estadounidense. Allí, eso lo sabemos todos, siempre los personajes, los buenos y los malos, jóvenes y viejos, van a esos bares que son todos iguales y los vemos comiendo unas cosas que en el cine español se traduce como tortitas y las riegan hasta el ahogo con una especie de miel, que no es miel sino jarabe de arce. ¡Pues sorprenda a su amable hija con unas tortitas para que las inunde de jarabe!

Todo es idea de Manuel Tapia, que se reconoce como un friki orgulloso y que hizo una fenomenal apuesta por lo que él define como "turismo al revés", una idea que comparto, que me parece deslumbrante y que resumo así: hay dos maneras habituales de conocer Nueva York. Una es viajando, lo que no está al alcance de cualquiera y la otra es entrando en Internet y desplazándonos de una manera tan virtual como cutre. Pero hay una tercera vía, que casi nadie experimenta, que es la de comer como en Nueva York, y eso es lo que nos ofrece Manuel Tapia. Las famosas costillas con salsa de barbacoa, por decir algo, que siempre vemos en el cine, son sólo eso: costillas con salsa de barbacoa. Pues se me va usted, se compra la salsa de barbacoa más auténtica, la vierte sobre las costillas que usted ha horneado y ya estamos comiendo en Texas.

En su tienda en Michelena hay de todo, con una influencia yanqui aderezada con productos británicos, mexicanos, venezolanos, brasileños y de otros lados. Si usted ama a sus hijos, haga una prueba: vaya a la Michelena, entre en American Food House y compre unas latas de Fanta de uva, de melocotón o de fresa. Ya le digo yo que les va a encantar, y que sus amados churumbeles presumirán ante sus amigos de haber explorado un nuevo mundo.

Hay cereales inconcebibles, salsas despampanantes, chuches de un exotismo apoteósico, aperitivos japoneses, literalmente el mundo entero y luego una línea de ropa friki, gorras de Atari o camisetas de Han Solo. Pontevedra es todo el mundo y todo el mundo cabe en Pontevedra. Manuel Tapia lo entendió como nadie.

El mundo entero en Pontevedra
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