PONTEVEDRANDO...

El negacionista del Modelo

No hay ciudad más cómoda para aparcar que Pontevedra, siempre que el que lo haga tenga una finalidad concreta
Viandantes transitando por la calle Michelena, por la que todavía circulan algunos vehículos. GONZALO GARCÍA
photo_camera Viandantes transitando por la calle Michelena, por la que todavía circulan algunos vehículos. GONZALO GARCÍA

Desde hace cosa de mes y medio, viene una vez por semana o cada dos un señor que se presenta como andaluz, meteorólogo negacionista del cambio climático, del derecho al aborto, de la violencia machista y del modelo urbano pontevedrés y votante de Vox. No suelo hacerle mucho caso en principio, pero se sienta a mi lado y empieza a exponerme sus teorías. Me parece bien. Cada uno es libre para creer en lo que le dé la gana, por supuesto, como soy yo libre de aguantarlo hasta que me aburre, momento en el que le digo que los GAL no se han disuelto oficialmente ni han entregado las armas ni pedido perdón. Entonces se enfada y se va.

Cada vez que aparece trae una lista de agravios contra el Modelo, que es lo que más me hace gracia, porque el buen señor pretende explicarnos a todos los pontevedreses del bar cómo es nuestra ciudad, que el define como un desastre. Él ya es de carácter negacionista, pero viene y nos dice, que aunque se siente a mi lado habla para todos y todas, nos dice, sigo, que en Pontevedra es imposible aparcar. Entonces le explicamos que no, que sobran plazas de servicio en las que se puede aparcar durante un tiempo limitado, que no hay ciudad más cómoda para aparcar siempre que el que lo haga tenga una finalidad concreta, que lo que no se puede es ocupar una plaza y dejar el coche ahí tres semanas; que también hay parkings baratos y plazas de garaje en alquiler, y los aparcamientos disuasorios a 10 o 15 minutos del centro.

Entonces el señor, que trae las réplicas y las contrarréplicas preparadas, chilla victorioso: "¡Ah, pero el Ayuntamiento cobra el impuesto igual!". Le decimos que sí, que como en Huelva o el Concello de donde venga, pero que ese impuesto no incluye plaza de aparcamiento, ni aquí ni allá. Si su alcalde pertenece a esa mayoría de gobernantes que todavía no se han dado cuenta de que el espacio público es de todos y debe repartirse privilegiando al peatón, no será culpa nuestra. Señala a la calle, en la avenida de Vigo, y dice: "Es que no hay espacio para los coches. Todo es aceras". Esa calle, le decimos, tiene un carril para los coches y el resto, un espacio mucho más amplio, sí, es para los que no van en coche. Por eso, le señalamos, están pasando en ese preciso momento unas 30 personas caminando y ninguna en coche. Puede transcurrir un minuto o más sin que pase ningún coche, lo que demuestra que si usted llena una ciudad de carriles aparecerán miles de coches para ocuparlos, pero si los llena de aceras, lo que aparecerá será gente paseando y niños corriendo, también a miles. Y la gente que pasea y los niños que corretean no contaminan. Esto último le da igual porque no cree en el cambio climático.

Todo lo que nos plantea este buen señor ya lo vivimos hace casi 24 años. Estas cuestiones están superadas

Parece que se irá de Pontevedra en un par de semanas, que está aquí por trabajo, y quiere dejar su impronta. Es algo enternecedor, porque en el bar hay gente de toda ideología, pero todo lo que nos plantea ya lo vivimos hace casi 24 años. Eran los temas de conversación y las discusiones de los bares. Es como volver a los 90, que sólo falta la banda sonora de las Spice Girls o de Nirvana y que nos dejen fumar dentro del bar. Todas estas cuestiones están superadas en Pontevedra desde hace un par de décadas. A algunos les llevó algo más de tiempo, o mucho, pero aquí ya nadie discute sobre el Modelo de ciudad, que cuenta desde el principio con un apoyo mayoritario y estable mandato tras mandato, y ha llovido desde entonces.

Pues al cabo de cuatro o cinco días vuelve a la carga. Dice que los turistas no pueden venir a Pontevedra porque no hay dónde aparcar. Le decimos que salga a la calle y se fije en los idiomas y en los acentos de la gente que pasea. Está la ciudad repleta de turistas, a reventar. O que cruce y pregunte en el Galicia Palace si no hay turistas, que entran y salen de diez en diez a cada minuto por la puerta giratoria. Es persistente, pelma y cuadriculado, pero dejo que lo intente una y otra vez hasta que doy por cerrada la sesión y le menciono a los GAL para que se enfade y se vaya. Lo hago, eso sí, con educación, pues el pueblo pontevedrés es de siempre un buen anfitrión.

Es una especie de Quijote medio loco que quiere explicarnos una realidad paralela e imaginaria en la que Pontevedra es un desastre porque no está desbordada de coches. No hay que perder la esperanza, jamás. Puede que este señor, cuando regrese a Huelva o a donde sea que vive, compare su ciudad con la nuestra y nos elija en adelante como destino vacacional, aunque sea de Vox, que total si vota en Huelva o donde sea, poco daño nos va a hacer.

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