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"Nos encontramos tras muchos años y fue como si nos hubiéramos visto ayer"

Lulú Vázquez, única testigo directa de la fundación del colegio, fue la gran protagonista. DAVID FREIRE
Lulú Vázquez, única testigo directa de la fundación del colegio, fue la gran protagonista. DAVID FREIRE

Cerca de 400 personas llegadas de toda España e incluso de Nueva York celebraron los cien años del colegio Sagrado Corazón-Placeres

"Había perdido el contacto con ella, nos volvimos a encontrar y como si nos hubiéramos visto el día anterior... Lo mejor de todo es que mantenemos el vínculo y tenemos grupos de amigas desde el colegio". El colegio Sagrado Corazón-Placeres celebró ayer su centenario con un emotivo acto en el que participaron unas 400 personas. La mayoría llegadas desde diversos puntos de Galicia, pero también desde otros lugares de España como Madrid, Cartagena, Zaragoza, Palma de Mallorca o Sevilla. Incluso una antigua alumna voló desde Nueva York para reencontrarse con antiguas compañeras y profesoras.

Fue un día muy especial en ese edificio que Avelino Montero Villegas -no faltaron sus descendientes en la celebración- cedió a la congregación del Sagrado Corazón con la condición de crear un colegio que, aunque acogiera a niñas de familias pudientes, no se olvidara de las pequeñas de la parroquia de Lourizán.

El curso 1918-1919 fue el primero y allí, en los pupitres, una de las primeras escolares fue Lulú Vázquez. Cien años después la misma Lulú no faltó a la cita. "No creo que ningún colegio pueda decir que tiene una antigua alumna de 108 años. Y con un espíritu de hacer cosas", explica un grupo de amigas desde pequeñas.

Geles llegó de Asturias; Nieves, de Cartagena; Teresa, de A Coruña y Marta sigue viviendo Pontevedra. Todas compartieron aulas en los años 70 y 80 y ayer se reencontraban emocionadas, "como una gran familia". La madre de Nieves, de hecho, también fue antigua alumna, "familia de las sobrinas de Lulú". "Fueron unos años increíbles -afirma Geles-. De hecho yo me casé aquí en la capilla del colegio. Vengo a ver si encuentro a gente de mi generación, a ver si nos reconocemos".

"Recuerdo el colegio con mucho cariño", apunta Nieves. "La gente nos dice que las que hemos estudiado aquí tenemos como un gen especial, de espontaneidad. Será por la educación que recibimos", apostilla Marta. "Es la casa de los Placeres, eso tiene que marcar», bromea Marta. Recuerdan a maestras como "Pilar Cubillo, Piluca, Leo, Yiyi, Hermelinda..." y echan de menos a Concha Benavides. Muchas de ellas, de hecho, fueron alumnas del centro antes de volver para impartir clase.

FAMILIA. Todas destacan también el "enclave maravilloso" en el que se ubica el colegio, cuyo alumnado actual mantiene una relación más habitual con la ría. "En nuestra época no nos dejaban, pero teníamos otras cosas". Todas recuerdan aquella época con cariño.

"Las mayores se reunen varias veces al año". Estuvieron internas y mantuvieron ese vínculo. "Es como una familia".

Una de las profesoras más queridas es Yiyi Iglesias. Alumna del Sagrado en los años 60, la vida quiso que volviera como profesora en 1972, "después de irme a Madrid a estudiar la carrera y casarme con un gallego de Pontevedra". Se jubiló en 2013. "Mi vida ha transcurrido entre estas paredes. El recuerdo del colegio es muy bueno, el internado crea unos vínculos distintos, de amistad, de complicidad... Lo recuerdo con gusto". Admite que el colegio "tenía sus cosas", pero "nos amoldábamos o nos rebelábamos".

Así, destaca la evolución que experimentó, "de femenino a mixto, de religioso... no a laico, porque educamos en valores cristianos, pero con una tolerancia tremenda, no se le obliga a nadie a hacer profesión de fe. De ser privadísimo a concertado, de un internado que costaba dinero a una escuela hogar gratuita para niños con dificultades". Este cambio tiene mucho que ver con «el arte que han tenido las educadoras y religiosas de amoldarse» y el ansia por innovar del actual equipo docente.

"Hoy es un día especial, pero lo importante es que personas que hacía 30, 40 o 50 años que no se veían se reencuentran. Ves los abrazos, las emociones, y el espíritu no ha cambiado. El agradecimiento es total. Me decía una antigua alumna: cómo me sirvió este colegio para la vida. Y eso -remacha Yiyi- es muy bonito oírlo".

Recuerdos: Un libro y una exposición que repasa un siglo de existencia
José Carlos Pascual no estudió en el Sagrado porque era un colegio femenino, pero su vinculación con el centro es absoluta. Sobrino de Lulú ("mi tía tiene una mente prodigiosa y me describió la fundación del colegio y su funcionamiento"), marino mercante e historiador de vocación, es el autor del libro ‘Colegio Sagrado Corazón 1918- 1974’, que presentó antes de la multitudinaria comida.

Viaje al pasado
Las galerías que rodean la capilla del centro acogieron una exposición muy visitada que repasa su historia: fotografías antiguas, boletines de notas, trabajos de bordado, uniformes... Incluso una recreación de un dormitorio del internado y una sala de estudio a pequeña escala realizada por María Victoria López Sitja.

 

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