La Notre Dame de Pontevedra

La mítica catedral de París ardió hace un lustro, pero tal día como hoy de 1990 la cultura local también perdió un emblema: su Teatro
Trabajos para extinguir el incendio en el Teatro en 1980. DP
photo_camera Trabajos para extinguir el incendio en el Teatro en 1980. DP

París evoca este 15 de abril una tragedia de hace cinco años: el incendio en la catedral de Notre Dame. En Pontevedra, esta fecha también está asociada a las llamas y a las cenizas, pero el inexorable paso del tiempo empieza a meter en el cajón del olvido aquel recuerdo de 1980, hace este lunes 44 años.

Eran las tres y cuarto de la madrugada cuando el ingeniero municipal, Enrique García Quintela, despertaba al entonces alcalde, José Rivas Fontán, que solo llevaba un año en el cargo. "Ven, que está ardiendo el Teatro".

Incendio en el Teatro en 1980. DP
Incendio en el Teatro en 1980. DP

Bernardo Vázquez, gerente del Teatro Malvar, fue el primero en dar la voz de alarma, tras notar un olor a quemado al salir al balcón de su casa y ver la cortina de humo. Aquel vetusto inmueble tenía más de un siglo de historia. En 1864, en la entonces plaza de Tetuán, comenzaron las obras del edificio para el Liceo Casino, con un anexo trasero que después se convirtió en el Teatro Principal. Su inauguración fue el 2 de agosto de 1878.

Los Bomberos que acudieron a la extinción estaban en precario (solo había cinco hombres disponibles) y se vieron sobrepasados por torres de fuego de 15 metros de altura y llamas que destrozaron los cristales contiguos. El agua de la traída también era escasa y hubo que recurrir a los militares de la Escuela Naval de Marín.

Tras una noche "para olvidar", Rivas Fontán se propuso que el Teatro resurgiese cual Ave Fénix de sus cenizas. Viajó a Barcelona para comprárselo a su propietaria, Dolores Vázquez, por 300 millones de pesetas (aunque el gasto final fueron 464 millones) y tras una laboriosa restauración llegó el día de su reinauguración, el 3 de enero de 1987, con Montserrat Caballé como plato fuerte.

Como curiosidad, Fontán recuerda que el caché de la soprano (2,5 millones de pesetas) fue pagado íntegramente por la condesa de Fenosa, en una generosa donación.

En fechas posteriores llegarían actuaciones de primer nivel mundial, como los Virtuosos de Moscú, la Orquesta de Cámara de Londres, los Solistas de Zagreb, el Ballet Nacional de España...

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