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"Nuestra Transición no fue ni pacífica ni modélica, estuvo cargada de violencia"

Ángeles Díez, en el Pazo da Cultura. GONZALO GARCÍA
Ángeles Díez, en el Pazo da Cultura. GONZALO GARCÍA
Ángeles Díez inauguró este viernes en Pontevedra las II Xornadas da Memoria

Se construyó un Frankestein con piezas del sistema franquista y otros de un estado democrático. Es lo que dice la politóloga y socióloga Ángeles Díez que sucedió en España durante la Transición. La profesora de la Universidad Complutense de Madrid, que con anterioridad había estado en Pontevedra para participar en la Semana Galega de Filosofía, "además de para impartir alguna conferencia sobre Cuba o Venezuela", fue la encargada de inaugurar este viernes las II Xornadas da Memoria, organizadas por la Deputación.

Estas jornadas abordan desde un punto de vista crítico el relato de la Transición. ¿Se puede revisar un acontecimiento histórico que sucedió hace más de 40 años desde la perspectiva actual?

Indudablemente. Todo lo que ocurre en el pasado tiene sus efectos en el presente. Y más aún, en el futuro. Que se revise es síntoma de salud en una sociedad. La Transición tiene que ver con lo que los psicólogos sociales llamamos trauma histórico, que fue algo que se vivió durante el franquismo y que se ha prolongado hasta la actualidad. Es fundamental que se recupere la memoria de la gente de a pie y de las clases populares, que vivieron ese momento de una forma muy distinta a cómo se ha contado.

Lo que se contó, durante mucho tiempo, era que había que considerar motivo de orgullo que en un momento crítico de la historia se consiguiese un entendimiento entre políticos tan diferentes como La Pasionaria o Santiago Carrillo y Adolfo Suárez o Manuel Fraga. ¿No lo es? ¿Fue aquello una equivocación?

No se trata de que fuese o no una equivocación, se trata de ser conscientes de que se construyó un nuevo sistema político y de que se trató de legitimar con el apoyo de todas las fuerzas políticas. Pero la legitimización de ese sistema lo que en realidad supuso fue la legitimización de la continuidad de la explotación y el sufrimiento de muchísima gente. Y sí, efectivamente, se hizo con un acuerdo entre las élites y una serie de pactos. A todo esto hay que añadir que, en aquel momento, había una presión social importantísima que no se podía desdeñar y que no solo tenía que ver con recuperar las libertades políticas, de opinión y de asociación, como se nos ha vendido, sino también con mejorar las condiciones de vida y con tener garantizada una serie de derechos básicos relacionados con la educación, la salud, etc. Se produce un cambio muy importante en el ámbito político que intenta ocultar y silenciar las demandas y reivindicaciones que se estaban dando en la sociedad. Yo soy hija de la clase trabajadora. Mi padre es un soldador ya jubilado. Sé bien que en las fábricas se vivía una situación terrible de explotación.

En Galicia es conocido el caso de los astilleros, por ejemplo.

Exacto. Pues mucha de esa gente no pedía un cambio político, poder votar, otros partidos... Lo que estaban demandando era poder sobrevivir.

¿Hasta qué punto el pacto político de la Transición ha influido en la considerada impunidad judicial de cargos franquistas como el expolicía Antonio González Pacheco, Billy, el niño, acusado de torturas y que falleció este año sin ser nunca juzgado, o en los problemas que se encuentra de forma reiterada la jueza argentina que trata de investigar los crímenes franquistas?

El pacto político ha sido fundamental. Ha permitido mantener hasta hoy la arquitectura jurídica del franquismo. El caso significativo más reciente es el del exministro Martín Villa, responsable de los asesinatos de Vitoria en 1976 [el 3 de marzo de 1976, siendo Martín Villa ministro, la Policía Armada asesinó a cinco trabajadores durante una protesta], y que, citado por la jueza argentina, envía una serie de cartas de apoyo entre las que hay varias de expresidentes del Gobierno, como Felipe González y Rodríguez Zapatero, pero también sindicalistas. Es decir, estamos hablando de un gran pacto, no solo político, sino de todas las fuerzas sociales para que no se investiguen ni se reparen las grandes injusticias cometidas durante la dictadura y la Transición. El caso de Martín Villa es muy doloroso para una gran cantidad de gente que arrastra una enorme carga de sufrimiento.

"Nuestra Transición no fue ni pacífica ni modélica, estuvo cargada de violencia"

Y esta realidad es la que usted ha bautizado como francocracia.

Eso es. Llamo francocracia a este régimen resultante del pacto de la Transición. No es franquista, porque no se puede decir que suponga la continuidad de la dictadura tan cual, pero tampoco es una democracia. Los movimientos sociales de los últimos años, el 15-M, por ejemplo, que cuestionaban nuestro sistema político con lemas como Lo llaman democracia y no lo es o No nos representan. simplemente ponían sobre la mesa algo que estaba en el subconsciente colectivo: que esto no es una dictadura, pero tampoco un régimen democrático. Por eso yo hablo de esta especie de Frankestein construido a partir de un gran trauma, el del golpe de estado, la guerra y todo lo que pasó después, de toda esa violencia. Porque, por cierto, nuestra Transición no fue ni pacífica ni modélica, estuvo cargada de violencia. Física y simbólica. De esta última forma parte la imposición de un relato en contra de la experiencia que vivió la población. Sin embargo, desde las instituciones y los medios de comunicación se le insiste en que lo que vivió es mentira. Yo creo que una parte de la sociedad tiene una actitud democrática muy consolidada, pero no las instituciones.

¿La reciente sentencia sobre el Pazo de Meirás o que una institución como la Deputación de Pontevedra esté detrás de unas jornadas que revisan el relato de la Transición indican que algo está cambiando?

Sí, algo está cambiando. Cada vez que se produce una crisis, económica, política o social, se producen cambios. Porque detrás hay una sociedad que empieza a hacer preguntas, se moviliza y presiona, que rompe con el discurso de la impotencia y de la apatía y decide que hasta aquí hemos llegado.

"Nuestra Transición no fue ni pacífica ni modélica, estuvo cargada...
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