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El ocio callejero protagonista de un domingo nublado y sin playa

La playa de Portocelo con escasos bañistas en la tarde del domingo. RAFA FARIÑA
La playa de Portocelo con escasos bañistas en la tarde del domingo. RAFA FARIÑA
Las actividades culturales y el deporte en la naturaleza se convierten en las alternativas favoritas de los ciudadanos al mar y a la arena

Por fin, las altas temperaturas dieron este domingo un respiro a la comarca de Pontevedra. Los mercurios no superaron, en ningún momento de la jornada, los 24 grados. Las nubes y la niebla le arrebataron el protagonismo al sol y provocaron un éxodo inverso al que es habitual en verano: de la playa a la ciudad, en lugar de la ciudad a la playa. Por ello, los cascos urbanos de la provincia se convirtieron ayer en el epicentro del turismo, el ocio, el deporte y la historia.

DEPORTE. Los días nublados son perfectos para salir a practicar deporte. Los tenues rayos de sol no agobiaron con su sofocante calor y el ciclismo o el senderismo, se convierten en las alternativas preferidas a los baños en el mar. En la Boa Vila, los pontevedreses y pontevedresas optaron por salir a caminar por las sendas peatonales del río Gafos, el Lérez, las marismas de Alba o la Illa das Esculturas. Fueron también numerosos los ciclistas que se aventuraron a circular por la etapa del Camino de Santiago que une Pontevedra con Caldas de Reis o por los variados paseos fluviales. En la comarca, la Ruta dos Muiños do Folón e Picón, la Ruta da Pedra da Auga, el Parque Natural del Río Barosa o el Lago de Castiñeiras se convirtieron en los destinos estrella.

OCIO. Verano es sinónimo de diversión y el amplio calendario festivo de la comarca pontevedresa así lo demuestra. Las ciudades se llenaron de gente, dejando las carreteras libres de atascos y retenciones, así como estampas atípicas de arenales casi vacíos.

La Boa Vila vivió el domingo su primer domingo de Peregrina, lo que, sin duda, favoreció a los negocios de hostelería. Las terrazas de las cafeterías lucieron bastante concurridas, sobre todo en las horas centrales del día. Los vermuts y refrescos sustituyeron a los helados y granizados, aunque alguno no pudo resistirse a ellos. La música de los pasacalles animó el ambiente de descanso que arropaba a la ciudad. Por su parte, los turistas se sumergieron en la riqueza patrimonial de la localidad con paseos por el casco histórico.

El ocio callejero protagonista de un domingo nublado y sin playa
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