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La pandemia afecta a los cepillos y pone en jaque el sostenimiento de las iglesias

Una devota efectúa un donativo en la iglesia de San Bartolomé. DAVID FREIRE
Una devota efectúa un donativo en la iglesia de San Bartolomé. DAVID FREIRE
El vicario Calixto Cobo asegura que la caída de donativos hace que templos del rural no dispongan de recursos suficientes

El cepillo de las iglesias se resiente. El impacto de la pandemia ha bajado de forma sustancial los donativos de los feligreses con recaudaciones que resultan insuficientes para el mantenimiento de los servicios básicos de algunos templos.

La limitación del aforo al 33% de la capacidad de cada iglesia como medida de prevención para evitar la propagación de contagios por covid-19 ha restado presencia de personas devotas que colaboraban con sus aportaciones económicas. Además, muchas personas mayores (las más vulnerables al nuevo virus) han dejado de asistir a los oficios religiosos para seguirlos a través de internet y de distintas redes sociales. "Eso ha hecho que bajasen las limosnas. Eso nos crea un problema muy grave porque la Iglesia se sostiene exclusivamente de los donativos", según explica el vicario episcopal territorial, Calixto Cobo.

"La situación es si cabe más complicada en los templos del rural porque tienen que afrontar el pago de unos gastos fijos como el de la luz y la recaudación en la colecta del domingo apenas llega a 15 euros", subraya Cobo.

Calixto Cobo: "La recaudación en la colecta de la misa del domingo apenas llega a 15 euros en muchas feligresías"

Los donativos son la principal fuente de ingresos de la Diócesis de Santiago. En 2018, el último año con datos cerrados, aportaron a las arcas 10,3 millones de euros. Con la crisis del coronavirus el distrito del arzobispo Julián Barrio ha tenido que modificar su presupuesto para 2020 y rebajarlo en cinco millones ante el descenso de la aportación de los fieles.

REORGANIZACIÓN. El fallecimiento el pasado día 6 de Manuel Míguez, párroco de Cerponzóns, Santa María de Xeve y Verducido, no conllevará una reorganización de los sacerdotes de Pontevedra y su entorno. Una caída en diciembre de 2019 le había obligado a guardar reposo y a dejar de prestar los servicios pastorales en las citadas feligresías para ingresar en la Residencia Sacerdotal de la Diócesis, en Santiago.

En aquel momento Calixto Cobo reasignó las parroquias. Herminio Sande, sacerdote de San Andrés de Xeve, dejó la feligresía de Almofrei (Cerdedo-Cotobade) para hacerse cargo de Cerponzóns, Verducido y Santa María de Xeve. Además, el propio vicario atiende Bora por la delicada salud de Severino Rey, que solo se encarga de Mourente.

"En Pontevedra y alrededores somos alrededor de 15 sacerdotes para atender una media de dos parroquias y, en algunos casos, contamos con la colaboración de curas ya jubilados", explica Calixto Cobo.

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