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Paseos de primera necesidad

Tatiana Cao y Alberto Vidal en uno de sus paseos en coche. CEDIDA
Tatiana Cao y Alberto Vidal en uno de sus paseos en coche. CEDIDA
LA CUARENTENA CON AUTISMO ▶Dar una vuelta a la manzana en coche con la música alta es, para Alberto, como comer. Contra la incomprensión de quien no quiere ponerse en su piel, su madre explica cómo es el confinamiento para una familia con un niño con autismo

Salir de casa, aunque sea solo diez minutos, para subirse en el coche y poner la música a todo volumen es lo que más relaja a Alberto Vidal, un pequeño de ocho años de Combarro con Trastorno del Espectro Autista (TEA). El confinamiento se convierte en una experiencia mucho más dura para las familias con personas con autismo, para las que pasear o escuchar música es una cuestión de primera necesidad.

"El día a día con Alberto es complicado, porque tiene mucha ansiedad y la descarga rompiendo cosas o pegándonos con todas sus fuerzas, yo ya no tengo fuerza en los brazos", cuenta su madre, Tatiana Cao, al teléfono mientras no pierde de vista al pequeño. Tras desayunar, vestirse y tratar de hacer algunos ejercicios del colegio, a veces Alberto empieza a acumular ansiedad hasta que sufre una crisis. Entonces, es el momento de bajar al garaje. "A veces lo dejo un rato en el coche solo con la música a todo volumen para que se relaje, porque eso lo relaja muchísimo, otras veces salimos, aunque sea solo para dar una vuelta a la manzana. Él se sienta en el sitio del copiloto y maneja la radio, va cambiando de emisora y, al volver a casa, es otro niño", explica Cao.

Estas salidas terapéuticas le han costado alguna explicación a Tatiana durante el confinamiento. Así, la Policía Local la paró en una ocasión para preguntarle a dónde se dirigía y, según explica, estuvieron a punto de multarla. Después de este incidente se puso en contacto con la pediatra da Alberto para explicarle la situación. Esta expidió un documento que acredita que, para Alberto, ese paseo diario en coche es necesario. Es parte de su terapia. "Se calma, le enseño cómo están las calles vacías de gente y trato de explicarle lo que pasa, pero es difícil, él se cree que estamos de vacaciones, por eso a veces también me cuesta que entienda que tiene que seguir haciendo los trabajos del cole", cuenta Cao, que asegura que mantiene contacto diario con la profesora del pequeño.

MIEDO AL CONTAGIO. Los paseos de Alberto son siempre en coche porque, al estrés que supone vivir confinados, su madre suma el miedo de que el pequeño se contagie. "Es un niño que se tira por el suelo y se lo lleva todo a la boca, me da pánico sacarlo a la calle porque sería muy fácil que se contagiase", cuenta.

El estallido de la crisis del coronavirus coincidió con un momento en el que la familia de Alberto acababa de comprar una casa para mudarse de su piso. "En teoría el abril ya estaríamos viviendo allí, pero con todo esto tuvimos que aplazar la mudanza y quedarnos algo más de tiempo en el piso", explica. Este retraso en la mudanza ha hecho también que la cuarentena se complique. "En una casa, con un terreno, nos cambia la vida. Allí Alberto puede salir a fuera, ya tenemos un perrito con el que se entiende muy bien", explica su madre.

El día a día en un piso es complicado porque, además de sentirse encerrado, Alberto no es consciente del peligro y la familia tiene que tener todas las ventanas bien cerradas para que no pueda abrirlas, así como cerrar la puerta con llave porque "él la abre y se va solo", explica Tatiana.

El premio que espera a la familia de Alberto al final de la cuarentena será una nueva vida en una casa con jardín, en la que poner música y jugar con un perro. En ese horizonte piensan mientras pasan lo peor de la pandemia.

Salidas terapéuticas amparadas por el artículo 7

Las personas con autismo necesitan entender muy bien todo lo que ocurre a su alrededor y que sus cuidadores le adelanten acontecimientos para que no se generen situaciones inesperadas que desemboquen en un ataque de ansiedad. En una situación como la actual, entender el confinamiento y ofrecer certezas es muy difícil para las familias.

En las redes sociales, se ha difundido la idea de identificar a las personas con TEA con un brazalete azul que sirva como forma de identificar a personas que necesitan ese paseo debido a un trastorno específico. Sin embargo, han surgido también voces críticas: "No pienso señalar a mi hijo con ningún brazalete", explicaba una madre en las redes sociales.

Sea como sea, el artículo 7 del Real Decreto 463/2020 reconoce que las personas con patologías o trastornos específicos para quienes el confinamiento pueda suponer una desestabilización de su cuadro de base pueden realizar salidas que se consideran paseos terapéuticos.

Precisamente ese es el artículo que se menciona en el documento con el que cuenta Alberto, una especie de pasaporte que le permite observar el mundo detenido mientras da una vuelta a la manzana y escoge una emisora de radio musical. Mientras, trata de entender lo que está ocurriendo. Una sensación no muy diferente a la que tenemos todos en esta crisis, salvando las distancias.

Paseos de primera necesidad
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