PONTEVEDRANDO

Pontevedrando... Pontevedra, la ciudad de colores

Público presenciando el campeonato de triatlón. GONZALO GARCÍA
photo_camera Público presenciando el campeonato de triatlón. GONZALO GARCÍA

Me gusta Pontevedra cuando se llena de colores, como este pasado fin de semana. Personas de todos los colores, banderas de todos los países y también por tanto de todos los colores; idiomas de cada color. Esa Pontevedra que es cada día más cosmopolita y lo demuestra en todos los grandes eventos que se celebran y que también son más y mejores cada año. El viernes, desayunando temprano en la cafetería Orly con mi señora, veíamos entrar y salir mucha chavalada del Galicia Palace. Estaba a rebosar. Es increíble la cantidad de gente que mueven estos campeonatos de triatlón. Una locura. Muchos salían con sus bicis en plan pasear, pues no llevaban ropa de entrenamiento. Iban a conocer la ciudad. Muchos otros, la mayoría, a pie. Grupos, selecciones, familiares de deportistas, de todo. También algún lobo solitario con aires de explorador que quiere descubrir las cosas a solas.

Luego, a mediodía, el comercio pontevedrés estaba a rebosar, como las terrazas y después era imposible encontrar una mesa en toda Pontevedra sin reserva previa para comer o cenar. El retorno económico de estos eventos es considerable, apreciable a simple vista. Habrá alguien que le ponga cifras, pero quien haya paseado a lo largo de este fin de semana por la ciudad no las necesita porque las vio con sus propios ojos.

Tenemos lo que merecemos y lo que nos hemos buscado: una ciudad acogedora y amable, un lugar para el paseo; unos espacios públicos que hacen mucho más confortable la visita del turista; y una capacidad única en una ciudad de nuestro tamaño para acoger grandes eventos deportivos o culturales como nuestro Festival de Jazz, una referencia. A mí el jazz no me entusiasma y el deporte menos, es otra cosa que salta a la vista, pero me gusta sentirme, como a la gran mayoría de nuestro vecindario, un buen anfitrión. Disfruto como un niño viendo a toda esa gente recorrer Pontevedra y conocer con asombro una ciudad tan atípica como esplendorosa.

Está bien ver a todas y todos esos deportistas paseando por Pontevedra. Para mí es muchísimo más entretenido que verlos competir. A mí ver deporte me gusta a veces en la tele, pero nunca en persona. El jazz ni eso, qué le voy a hacer. No presumo de ello, pero tampoco es cuestión de negarlo. Lo constato y paso a otra cosa.

Está bien ver a todas y todos esos deportistas paseando. Es muchísimo más entretenido que verlos competir

Pues esto de habernos convertido en sede recurrente de las grandes competiciones deportivas no es fruto de la casualidad. No llegó Dios un día: "Pontevedra es el pueblo elegido para el triatlón". O igual sí lo hizo, pero si tal cosa ocurrió luego se le olvidó, que Dios está a tantas cosas que normal que alguna se le escape. Tampoco es el resultado de una ocurrencia de Ramón Pedras. Esto es el fruto de un trabajo persistente y tozudo que hemos hecho a lo largo de los años. Así se trabaja por Pontevedra, con ganas y amor a la ciudad, buscando la foto de un podio que da la vuelta al mundo, no la de un señor que sacó una pegatina para promocionarse a sí mismo.

Pontevedra se promociona siendo partícipes de un trabajo institucional que se desarrolla cada día del año y eso es lo que se ha hecho desde hace casi un cuarto de siglo. Transformando la ciudad en un lugar al que la gente quiera venir, en la que hierve la cultura y la práctica del deporte de élite y de base, en la que el vecino y la visitante se sienten a gusto, se encuentren cómodas y descubren un lugar diferente a todo lo que conocen y mejor.

Este fin de semana fue el aperitivo de la madre de todos los eventos internacionales del triatlón. La Copa del Mundo de Triatlón Pontevedra Xacobeo 21-22, que es como se llama lo que celebró este fin de semana, es un adelanto; la antesala de la Gran Final de las Series Mundiales, la mayor competición deportiva que se celebrará en 2023 en Galiza y que se verá en el mundo entero. Pues eso, me decía usted, es por algo. Las federaciones mundiales no eligen las sedes poniendo bolitas en un bombo y a ver qué sale. Hay que empezar desde abajo, hay que demostrar que se quiere y que se puede; hay que generar condiciones organizativas y contar con espacios adecuados, que aquí los hemos construido tan bien que la propia ciudad es uno de los grandes escenarios. Con un poco de mala suerte hay que salir de casa y recorrer 50 metros para verla. Si se da la casualidad lo puede usted ver en pijama desde el balcón de su casa.

Y todo ello va convenciendo a las federaciones de que una ciudad es buena; luego es óptima; finalmente es la mejor y la elegida. Después del gran evento a celebrar en 2023, no le quepa duda, vendrán otras federaciones y otras disciplinas deportivas a elegirnos como sede de cuanto deporte exista sobre la faz de la tierra. Y así es como se vende la ciudad y como se atrae turismo, y ojo, turismo del bueno.

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