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Pontevedra cumple nueve años sin muertos en vías urbanas

Un peatón cruzando por un paso de cebra en Pontevedra. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Un peatón cruzando por un paso de cebra en Pontevedra. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
La última víctima mortal tenía 81 años y fue atropellada en un paso de peatones en Os Tirantes el 18 de febrero de 2011 ►La zona 30 se implantó hace una década en la ciudad mientras otras urbes españolas debaten su instauración

El 18 de febrero de 2011 fue un día negro para la seguridad vial en Pontevedra. Jesús García Tomé fallecía tras ser atropellado por una furgoneta de reparto mientras cruzaba un paso de peatones en el puente de Os Tirantes. Tenía 81 años y fue la última víctima mortal de un accidente de tráfico en vías urbanas de Pontevedra. Desde entonces, y van ya nueve años, la capital provincial no ha vuelto a registrar ninguna muerte por un suceso de estas características.

Aunque los expertos coinciden que el riesgo cero no existe, lo cierto es que las políticas de movilidad se centran cada vez más en la prevención como fórmula para mejorar la seguridad vial. Y Pontevedra se ha convertido en un ejemplo a nivel estatal. De hecho, hasta la Dirección General de Tráfico (DGT) ha tenido en cuenta el paradigma de la capital de las Rías Baixas como base para aprobar recomendaciones o perfilar el futuro código de circulación.

La primera medida implantada en Pontevedra fue la peatonalización del casco histórico. Llegó en verano de 1999, un mes después de que Miguel Anxo Fernández Lores se estrenase como alcalde de Pontevedra. Desde entonces, las áreas ganadas para el viandante han ido creciendo de forma notable, lo que permitió reducir el tráfico de coches en el centro.

Según datos del Concello, Pontevedra recibía 169.635 vehículos al día antes de su transformación urbana. De ellos, el 30% no paraban en la ciudad y generaban situaciones de riesgo para los peatones.

MIL LOMBOS. Tras el bando para regular el sistema de aparcamientos de 2002, la ciudad acogió la primera medida física de calmado de tráfico: los lombos. Los primeros se instalaron en 2004 en la avenida de Bos Aires, en Orillamar, debido a la presión de los vecinos de Monte Porreiro, que se quejaban de la velocidad a la que circulaban los vehículos que subían al barrio más poblado de la ciudad.

En 2016, el informe del ingeniero municipal contabilizaba 353 pasos sobreelevados en el municipio. En la actualidad existe aproximadamente un millar. "Son badéns salvavidas porque frean a velocidade. Hai xente que se queixa de que son moi altos. Pero así son máis efectivos. A xente zúmballe. Pero pódese chegar a tempo a todos os sitios", recordó Lores el pasado 28 de enero en el ciclo de conferencias del Ateneo, la primera institución que invita al regidor del BNG a hablar de la transformación urbana de la ciudad que gobierna desde hace 20 años.

ZONAS 30 Y 10. La segunda gran medida en materia de movilidad fue la implantación de la zona 30, aprobada en 2010 para todas las vías urbanas. Dos años más tarde, en 2012, la medida se extendió a todo el viario municipal.

La limitación de circular a más de 30 kilómetros, en pleno debate a nivel estatal, es apoyado por la DGT, que recomienda incluir esta medida en la agenda de las urbes españolas para reducir los accidentes. De hecho, se calcula que solo el 5% de las víctimas fallece si el atropello se produce en vías con esta restricción. A partir de esta velocidad, la probabilidad de muerte se dispara.

Superado este debate hace diez años, Pontevedra ha abierto uno nuevo con la implantación de la zona 10 en todo su casco histórico y parte del ensanche de la ciudad. La medida, activada el pasado mes de octubre, ha sido bien acogida por vecinos, comerciantes y taxistas.

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