Pontevedra espera que el turismo de julio a septiembre aporte un 7,6% de su PIB anual

Los empresarios del sector prevén alcanzar una facturación conjunta de 1.500 millones de euros durante el verano en las Rías Baixas  Los economistas creen que el número de visitantes y su gasto serán un medidor de la recuperación económica, frente a la crisis inflacionista
Varias personas disfrutan del buen tiempo en la playa de Silgar, en Sanxenxo. RAFA FARIÑA
photo_camera Varias personas disfrutan del buen tiempo en la playa de Silgar, en Sanxenxo. RAFA FARIÑA

Los próximos 75 días determinarán en la provincia el nivel de recuperación económica de las Rías Baixas hasta final de año. El comportamiento del turismo desde hoy y hasta mediados de septiembre será el indicador clave para medir la reacción que tendrán el resto de los sectores ante la inflación, la contracción del consumo o la prolongadísima crisis de las materias primas. Si se mueven los visitantes y sus flujos de gasto circulan según lo esperado, habrá vida para el resto de los ramos de actividad. Pero si el turismo se contrae, fallan las pernoctaciones o el dinero no fluye como se espera, comenzarán a encenderse todas las alarmas.

El listón está fijado en las cuentas de 2019. Ese año, el último pre-pandemia, las Rías Baixas alojaron a dos millones de turistas y el 65% llegaron durante los meses de verano. De ellos, cerca de 475.000 fueron extranjeros. De los 2.500 millones facturados por el sector en todo el ejercicio, el verano aportó algo más de 1.500. Ese será el reto de este año: rebasar la barrera de los 1.500 millones de euros y superar los dos millones de visitantes. A favor jugarán la ausencia de las restricciones covid, las ganas de viajar que demuestran las familias en función del número de reservas efectuadas y, por supuesto, el efecto Xacobeo, uno de los motores que mejor carburan en el sector y que este año está recuperando el pulso que siempre tuvieron los Años Santos. En contra están unas previsiones económicas nefastas y un IPC situado en dos dígitos en junio, lo que aventura unas vacaciones más caras de lo normal. Las economías familiares están ya resentidas y su poder adquisitivo se ha visto mermado en más de seis puntos según los medidores oficiales. Es previsible que el sector acuse este factor, especialmente acentuado en el caso del turismo nacional (interior), con niveles de gasto inferiores a la norma.

En la situación actual, los veraneantes deberán estar dispuestos a pagar de media entre un 20 y un 30% más de lo habitual por desplazarse, pernoctar y comer o cenar como hacían otros años. Ese es el incremento medio admitido por el propio sector. De momento, el número de reservas hace que los empresarios se muestren optimistas. Así lo atestigua el presidente de la patronal hotelera, César Ballesteros, quien recuerda que la ocupación prevista vuelve a estar por encima del 80% tanto para julio como para agosto. Además, se prevé un verano caluroso, donde el clima no será un problema, y marcado por la esperada recuperación de las fiestas populares, gastronómicas o los eventos musicales y de ocio, sumamente restringidos durante los dos últimos años.

Con todas estas variables, la provincia de Pontevedra se juega prácticamente el 12% de su PIB en el resultado del turismo y casi un 7,6% de ese producto interior bruto se dirime durante los meses de verano. Especialmente sensibles son las zonas de costa menos industrializadas y más volcadas en el sector servicios, caso de Pontevedra, Sanxenxo o los ejes Vilagarcía-O Grove y Marín-Morrazo. Un buen resultado turístico será el mejor balón de oxígeno posible para estas zonas de aquí a final de año. Cualquier contratiempo que haga caer las cifras de los visitantes no solamente significará dejar de ingresar dinero en las empresas directamente relacionadas con los turistas, sino que desencadenaría un enfriamiento general de las economías comarcales.

Del sector turístico dependen directamente más de siete mil empresas en Galicia. Y solamente en la provincia de Pontevedra, el turismo genera 57.000 empleos anuales, más que en todo el sector gallego de la automoción.

La última gran sacudida para las firmas turísticas se produjo durante la pandemia. En el año de las restricciones, 2020, los ingresos se desplomaron un 64,7% en las Rías Altas, un 57,5% en las Rías Baixas, un 53,5% en la Mariña lucense y un 51,5% en Costa da Morte, según los datos recogidos por Exceltur.

Fueron las mayores caídas de la historia desde que existen registros en Galicia y abocaron al cierre de decenas de establecimientos. Ahora las expectativas hacen pensar en una remontada igualmente histórica.