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Pontevedra se vacía y se arruga sin un plan de choque específico

Un anciano paseando por Pontevedra. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Un anciano paseando por Pontevedra. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

▶ESTADÍSTICAS. En los últimos siete años ha perdido 20.800 habitantes y tiene casi dos mayores de 65 años por cada menor de 16

▶SOLUCIONES. Economistas y sociólogos proponen cambios estructurales frente a las medidas ineficaces que se han adoptado

LA PROVINCIA de Pontevedra, como el resto de Galicia, se queda vacía y se arruga. Solo en los ultimos siete años ha perdido 20.800 habitantes —a un ritmo constante de casi 3.000 por año—. Por cada nacimiento se registra una muerte y media y el 21% de su población tiene más de 65 años de edad.

Cuando se augura que en el año 2030 en España el 30% de la población tendrá más de 65 años de edad, la provincia de Pontevedra, como las de Ourense y Lugo, ya vive instalada en ese abismo demográfico desde hace lustros con el gravamen adicional de la desertización del rural.

Que los pueblos se vacíen y la sociedad envejezca es un carga de profundidad contra la línea de flotación del estado de bienestar. Acarrea gravosas consecuencias económicas. Las propiedades mobiliarias se deprecian y devalúan. Las personas mayores, que en su día cotizaron para recibir asistencia, son las que más servicios públicos demandan (sanitarios, sociales...) y los trabajadores en activo no dan generado los ingresos suficientes para sufragar esos derechos adquiridos. Y no solo es una cuestión de pensiones.

Las políticas adoptadas son insuficientes e ineficaces

Las diferentes administraciones públicas no cogen el toro por los cuernos para aplicar un plan de choque específico. O miran para otro lado o no han atinado con las medidas adoptadas para paliar esta sangría, que es uno de los principales problemas que tienen que afrontar, por no decir el más importante. Es como el cuento del lobo, cuando el depredador por fin ataque al rebaño ya será demasiado tarde.

El economista y politólogo compostelano Manuel Blanco Desar, que acaba de publicar la obra ‘Una sociedad sin hijos’, en la que aborda las consecuencias y las soluciones al declive demográfico, advierte de que este problema es «una verdad incómoda», como sucede con el cambio climático, citando al exvicepresidente estadounidense Al Gore. Añade que los gobiernos actúan como "sonámbulos ante el precipicio fiscal que se avecina para el sostenimiento del estado de bienestar".

El profesor de Geografía Humana de la USC y experto en demografía Carlos Ferrás Sexto considera que la situación en Galicia es "insostenible" e "inviable" pues "lleva 30 años" con un crecimiento vegetativo negativo —más defunciones que nacimientos— y las políticas adoptadas son «ineficientes y no dan resultado".

"El problema más grave de la demografía de Galicia, desde el punto de vista social, económico y cultural, es el envejecimiento", precisa Carlos Ferrás.

Sociólogos y economistas coinciden en que se acometan profundos cambios estructurales para frenar este desastre demográfico. Apuntan una serie de propuestas que consideran que se deben acometer ya, que van desde reducir las cargas fiscales a establecer líneas de ayudas, dar facilidades en el acceso a la vivienda, dinamizar el mercado laboral, no desmantelar servicios en el rural o recurrir a la inmigración, tan vilipendiada hoy en día.

Unas estadísticas que son estremecedoras

Los datos son para llevarse las manos a la cabeza y echarse a temblar. Se prevé que en un cuarto de siglo España será el tercer país más senil del mundo, por detrás de Japón y Corea del Sur. Ese es el futuro, pero el presente es igual de estremecedor. Ourense y Lugo, con tres mayores de 65 años por cada menor de 16 años, se mantienen permanentemente subidas al podio de las provincias españolas más arrugadas. Además figuran en el top 5 de las más envejecidas de la Unión Europea. En Galicia se ha cuadruplicado el índice de envejecimiento desde 1975. Hay municipios lucenses y ourensanos en los que la renta por pensiones supone más que la de rendimientos del trabajo.

Es precisa la implicación de todos los actores

En esta situación en la que las administraciones públicas se mueven en el filo de la navaja, una de las propuestas que pone encima de la mesa Manuel Blanco es "un pacto de Estado" de todos los partidos. Este economista aconseja que todas las políticas que adopten los gobiernos sean "sometidas a evaluaciones de impacto de fecundidad". Por ejemplo, si se aprueba un plan de viviendas de promoción pública, que los pisos a construir no sean de 50 metros cuadrados, sino de 80 o 90, para que cada menor pueda disponer de su habitación individual.

Idade media"Yo soy antinatalista. No animo a ningún ciudadano que gane menos de 20.000 euros anuales a tener un hijo en la situación en la que está este país. Me parece una locura. El bienestar de los niños debe estar por encima de la continuidad de la sociedad. Pero si lo hace, hay que compensarlo", afirma el autor de Una sociedad sin hijos.

Carlos Ferrás considera que hay que cambiar el foco de las políticas demográficas para que no se centren en la natalidad sino en la crianza. Este docente de la USC propone que las medidas no vayan orientadas solo a tener hijos sino a facilitar su acompañamiento desde que vienen al mundo hasta al menos cuando alcancen la mayoría de edad.

Traer un niño al mundo tiene un coste. Manuel Blanco lo cifra en 200.000 euros para una pareja de clase media, desde que nace hasta que se emancipa de sus progenitores, en el umbral de los 30 años —150.000 euros en el caso de un segundo hijo—. A su juicio, es "la mejor inversión" que se puede hacer, pues cada uno generará a la sociedad unos dos millones de euros en ingresos, entre impuestos, cotizaciones, plusvalía del trabajo...

"Tener gente joven formada y capacitada es un gran negocio para un país y es indispensable para garantizar a los ancianos las atenciones debidas", afirma.

Dinamizar el mercado laboral y cambiar el modelo educativo

Carlos Ferrás asegura que es necesario "un mercado de trabajo dinámico y con posibilidades para trabajadores cualificados, para que los jóvenes no se vayan".

Este profesor de Geografía Humana defiende un cambio en el modelo educativo debido al "gravísimo problema de desconexión con los sectores productivos". Cambios que también extiende a la administración para "acabar con la burocracia" y apostar por "una gestión eficiente y moderna, que aproveche la tecnología".

Manuel Blanco va un paso más allá y propone la descentralización de las administraciones, que trasladen servicios al rural, lo que ya llevaría aparejada "una mochila de financiación".

También abogan por unas políticas realistas de inmigración. La situación de Galicia es tal que, según indica Carlos Ferrás, para recuperar su pirámide demográfica precisa que haya unos 4.000 hogares nuevos al año, con más de dos miembros.

Pasos dados: Un comisionado y los GDR
Ante esta sangría, una de las medidas adoptadas por el Gobierno central fue la creación, hace casi dos años, a petición de los presidentes autonómicos, del Comisionado para el Reto Demográfico, dependiente del Ministerio de Política Territorial, que debe diseñar las estrategias a emprender en las zonas más castigadas por la despoblación.

Desarrollo rural
En las comunidades autómomas funcionan desde hace años los grupos de desarrollo rural (GDR). En Galicia operan 24, que anualmente suelen mover entre tres y cinco millones de euros. Estas entidades público-privadas realizan sus propuestas sobre qué hacer con las partidas del plan Leader que llegan de Europa para este fin, casi 1.190 millones para el septenio 2014-2020.

Transformación
Una de las propuestas que se repite con saciedad pero que inexplicamente no acaba de tener éxito en Galicia es la transformación en el rural de sus ricas materias primas (leche, madera...) con el fin de generar más valor añadido, crear empleo y fijar población.

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