PP y Diario se parten la cara... Hay que saber perder

Rodrigo Cota escribe sobre el partido en el que se enfrentaron políticos y periodistas: "Esto sólo lo arregla una revancha en la que salgan a perder con el resultado firmado tres días antes ante notario"
Foto de familia de los contendientes, nada más terminar el encuentro. PP
photo_camera Foto de familia de los contendientes, nada más terminar el encuentro. PP

El desequilibrio entre unas y otras fuerzas era visible, pero no nos dimos cuenta. El equipo del PP se presentaba uniformado con unas camisetitas blancas con el logo bordado, que lo mismo les sirven para su selección de fútbol que para la de natación sincronizada. Hasta llevaban a un tío con brazalete de capitán, que ya es abusar. Nosotros fuimos como se va a una pachanga, en plan informal. La mayoría de nuestros rivales son chavales que desayunan a diario un batido de proteínas y anabolizantes antes de salir a correr 30 kilómetros. Nuestro combinado no está tan en forma, y no lo digo por mí. O mis compañeros se ponen al nivel o acepto la oferta del Manchester.

Nuestra media de edad rondaba los 50 o más; la del PP no llega a los 17. Ellos venían sobrados de plantilla. Si hasta venían con dos entrenadores, Gerardo Puga y Martín Martínez; nosotros andábamos justos y ya íbamos perdiendo cuando se incorporaron Víctor Méndez y David Freire. Y habría que revisar los criterios para fichar. De haber sabido que ellos traerían a su presidente provincial, Lugués, nosotros hubiéramos convocado a la nuestra, Blanca García Montenegro. Con ella en el campo nadie se hubiera atrevido a marcarnos un gol. Así funciona el cuarto poder, amigos, que ustedes tienen un equipo y nosotros un par de periódicos.

El resultado, 5-1 a favor del PP, es engañoso. Un 9-1 hubiera sido más justo. Fueron las magníficas intervenciones de nuestro portero, José Estévez, las que nos libraron del Apocalipsis. De nada nos sirvieron las elegantes y poéticas incursiones de Ramón Rozas, ni la técnica depurada de Miguel Ángel Rodríguez o de David Freire; de nada la testosterona que exhibió Santi Mosteiro; de nada la implicación y los pases de Edu de la Peña; de nada los bravos ataques de Xurxo o las notorias habilidades de Víctor Méndez, nuestro mejor valor junto a Estévez.

Mostramos mucho talento individual pero nada de táctica, asunto que Mosteiro trataba de solucionar gritando que el portero también juega: «¡El portero también juega!», chilló un segundo antes de que nos metieran cada uno de los cinco goles. Quizá lo de dejar vendido a nuestro portero no era la mejor idea, Santi. Nuestros fibrosos y delgaduchos rivales, que entre todos pesan menos que yo, exhibieron mucho poderío físico, alineamiento de filas y técnicas de asedio demasiado buenas para un conjunto que no entrena tres días a la semana, o sea que sí, que estuvieron entrenando para este partido, algo que tendremos muy presente para el próximo encuentro.

He de decir con toda humildad que mientras yo estuve sobre el campo mantuve mi posición con firmeza, entregué varias magistrales asistencias frustradas por errores de nuestros delanteros e impedí los progresos del rival. Y todo esto que acabo de contar, además de ser mentira, no duró más de un minuto y medio dividido en dos fases. Fue salir y pedir el cambio, que no quería yo tener nada que ver con aquello tal como estaba el panorama. Eso sí, protagonicé el único caño del partido, que se lo colé a uno de NNXX que se llama Fran y es muy simpático.

Hubo una jugada en la que Guille Juncal arremetió contra Víctor Méndez que debía ser contada por el propio Méndez, que es es que escribe de sucesos. En ese momento comprendí que el árbitro, Nacho Limetre, no sólo había aceptado nuestro sobre, sino también el del PP, pues la agresión de Juncal bien mereció una expulsión y 34 latigazos. También pasó por alto alguna que otra entrada de Santi Mosteiro, que si la ve Stallone lo ficha para la próxima secuela de Rocky. Pero hay que decir con toda justicia que el arbitraje fue imparcial.

¿Qué decir del rival que no se haya dicho ya? Domínguez, por una vez, delegó en su equipo. Jugó poco y regularcillo. Algún que otro destello y poco más. Juncal, Lugués y Rodiño, el de prensa, llevaron el peso del partido apoyados en el chico del caño. Su portero Juanma Muñoz Nosequé me debe unos cubatas y es todo lo que hay que destacar sobre su participación. Sí tuvo un par de intervenciones que parecieron formidables, pero que vistas después en mi imaginación a cámara lenta no fueron para tanto. Luego nos invitaron a un pincho en la Casa da Cultura de Lérez, como si esto se arreglara con un pincho. Ya nos pueden inflar a pinchos. Como si nos ofrecen Crimea. Pero como el pincho lo pagaban ellos fuimos felices y nos abrazamos y nos reímos y nos quisimos eternamente. Pero no, esto sólo lo arregla una revancha en la que salgan a perder con el resultado firmado tres días antes ante notario. Las espadas están en alto y no somos gente que se rinda ante un grupo de muchachos hipermusculados que lo único que quieren es mantenerse en el poder a toda costa. Olvide esto último. Como si lo hubiera borrado.

Lleven sus camisitas bordadas al tinte, que tendrán que volver a usarlas. No volverán a pillarnos desprevenidos. Y dejen los anabolizantes para los deportistas profesionales que los necesitan de verdad.