Un puente de Monte Porreiro a Kiev

Más de 3.000 ucranianos estudian español a través del curso de la Uned de Pontevedra ► Hablamos con Sofiya Likhoray, profesora del curso de idiomas, que nació en Ucrania y pasó parte de su infancia en la zona rusoparlante
Sofiya Likhoray en Silleda, donde reside.
photo_camera Sofiya Likhoray en Silleda, donde reside. PATRI FIGUEIRAS

Un total de 3.247 personas se habían inscrito el pasado jueves en el curso gratuito de español para ucranianos que ha puesto en marcha la Uned de Pontevedra. Su coordinador, Rafael Cotelo, cree que al ritmo que va, antes de que se termine en el mes de julio, se habrá duplicado el número de alumnos.

La iniciativa del aula local de la Universidad nació pensando en alumnado ubicado en la provincia, sin embargo, ha roto todo tipo de fronteras y hoy tiene alumnos repartidos por todo el país. Incluso algunas personas lo siguen desde Kiev, con la idea de viajar a España en un futuro, por lo que se conectan dos veces por semana al aula de la Uned para participar de este curso que imparte la profesora Sofiya Likhoray. "Nos ha desbordado, a cuanto más lleguemos muchísimo mejor", dice el coordinador Rafael Cotelo.

Aunque el objetivo de la actividad es que los ucranianos residentes en España aprendan castellano, el curso se ha convertido en un punto de encuentro donde personas refugiadas en distintos puntos del país comparten sus dudas, preocupaciones y están en contacto.

"Hemos abierto un foro y es una terapia de grupo. El poder relacionarse entre ellos les ayuda. Tenemos alumnos que se encuentran por toda España y alguno de Ucrania también, la noticia ha corrido como la pólvora y cada día se matriculan alumnos nuevos", explica Cotelo que, añade, que en vista del éxito, se estudiará dar continuidad a la actividad.

"Este curso se está replicando en todas las sedes de la Uned, en algunos lugares incluso se ha dotado un aula para que las personas puedan asistir juntos", explica el coordinador de la Uned.

La actividad pretende ir más allá. Así, desde la Uned proyectan organizar charlas sobre políticas de empleo con el objetivo de enseñar al alumnado a configurar un curriculum y dotarles de herramientas para el momento en que traten de acceder al mercado laboral.

"Nuestra idea sería además tener alguna actuación de tipo psicológico", sostiene Rafael Cotelo. "Hay situaciones que han vivido de las que te vas enterando que son terribles. Lo que ves en la televisión se queda corto", concluye Cotelo.

"No solo se trata de romper la barrera del idioma, sino de que entiendan esta cultura"

Nació en Ucrania y pasó su infancia entre la parte rusoparlante del país, Alemania y Polonia. Habla seis idiomas, entre ellos castellano “e galego perfecto”. Profesora de la Uned, viajó a la frontera con Polonia cuando estalló la guerra para echar una mano. A su vuelta no se lo pensó dos veces cuando la Universidad le propuso impartir un curso de español para refugiados ucranianos

¿Contaban con este éxito?

La verdad es que ha sido una gran sorpresa. Al principio me asustó muchísimo. Yo soy profesora de alemán y estoy acostumbrada a un curso de 30 a 40 alumnos.

¿Cómo se imparte una clase para 3.000 personas?

Cuando tienes 30 o 40 alumnos sabes que conectados siempre hay menos, puedes dar la clase y que la gente responda a las preguntas, incluso podemos hacer los ejercicios entre todos. Pero cuando tienes a 3.000 personas, la gente que está conectada pueden ser 1.000 tranquilamente. Lo que hacemos es silenciar los micrófonos y las cámaras. Eso me da un poco de pena, la verdad. Luego yo doy la clase. De todas formas, intento que no sea todo gramática, no solo se trata de derribar la barrera del idioma, sino que también trato de explicarles cómo es la cultura aquí. Por ejemplo, les llama mucho la atención el tema de las cafeterías y los bares, que haya uno en cada esquina. Intento explicarles por qué. O los horarios, las dos horas de mediodía, la siesta… Intento que este curso no sea tanto entender la gramática sino también que ellos se adapten a la vida. Vienen de un entorno diferente y muchos ni siquiera se lo esperaban. Mucha gente que está aquí vino a España porque era el autobús que había en la frontera. Es como un poco sorpresa.

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Por lo que percibe, ¿qué es lo que más les llama la atención?

Aunque compartimos muchas cosas, también hay diferencias. Por ejemplo, a nivel gastronómico. En Ucrania se desayuna más fuerte, lo más raro que ven es eso de tomarse solo un café por la mañana. Allí comemos más cosas de cereal. Es algo que veo que la gente echa de menos. Quizás les sorprendan más las cosas de mar. No hay tanto pescado en su país. O el clima porque en Ucrania hace mucho frío.

Han creado un foro que es ya toda una comunidad virtual de personas llegadas de Ucrania.

E foro es una herramienta maravillosa para ellos. Allí pueden hablar de cosas que les han pasado, organizar cosas… Al fin y al cabo estoy atendiendo a todas las personas y no siempre puedo responder todos los mensajes. Entonces se ayudan también mutuamente. Más de la mitad del alumnado no sigue el curso en directo, sino que lo ve grabado y las dudas las hablamos en el foro. La tecnología nos permite llevar la enseñanza a otro nivel.

Este curso durará hasta el verano, ¿tienen intención de ampliarlo?

De momento está hasta julio. Me dijeron que si la gente sigue interesada podríamos prolongarlo y también quieren impartir unas charlas para prepararlos para el mundo laboral, cómo se organiza el proceso de la búsqueda de trabajo. Será una actividad muy enfocada a la vida laboral y la vida diaria

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¿Qué situaciones se encuentra en el foro?

El 80% del alumnado son mujeres. En el foro se ve que casi siempre son ellas quienes escriben. Tenemos poco público masculino. También hay adolescentes que tienen que estudiar aquí. Y luego encuentras un poco de todo, incluso personas que nunca han usado un ordenador, muchas tienen ayuda de familias españolas. Les echan una mano y luego hay gente que sabe varios idiomas y se ayudan unos a otros.

Usted nació en Ucrania y tiene familia allí. ¿Cómo vive la invasión de Ucrania?

Al principio fue terrible. Las primeras dos semanas tuve media depresión. Lo dejé todo. Ni atendía a mis hijos. Solo podía estar pegada al teléfono, llamando a mis tíos, a mi primo.... Menos mis padres y hermanos, que tienen niños pequeños, tengo familia allí. Después tuve la gran suerte de que gracias a Cáritas, y al párroco de Carballiño, fuimos a la frontera, allí vi la otra cara de la guerra. La humanidad. Vi las caras tristes de las mujeres y los niños que dejaban Ucrania y a personas de todas las naciones ayudando, con comida, autobuses, policías polacos cargando maletas… Era algo impresionante. Detrás de todo esto hay gente que está ayudando y es fascinante. Desde que regresé vi las cosas de otra manera. Siempre tengo el pensamiento de que pude haber sido con mis dos hijos. Podríamos estar ahora mismo en Kiev, huyendo con los niños en brazos. Tengo la sensación de que pude ser yo y de que pude hacer más. Es muy difícil. Me quedo con las cosas buenas, con la unión y la gente que está allí y quiere ayudar