Quejas vecinales por el escaparate de un sexshop en la calle Echegaray

"Está fuera de lugar a escasos metros de un colegio", critican algunos vecinos de la zona
El escaparate de la discordia
photo_camera El escaparate de la discordia

Boas de colores, condones, lubricantes, lencería insinuante, libros eróticos y juguetes sexuales ocupan un vistoso escaparate en la calle Echegaray que ha desatado las quejas vecinales. "Tiene expuestos al público, sin restricciones, toda una serie de artilugios eróticos que me parecen fuera de lugar estando a escasos metros de un colegio, el de las Doroteas", denuncia un vecino de la zona. En las inmediaciones, no obstante, también se encuentran otros centros educativos como el CEIP Froebel.

Este pontevedrés advierte de que el negocio pueda estar incumpliendo el artículo tercero del Real Decreto 1189/1982, de 4 de junio, sobre regulación de determinadas actividades incovenientes o peligrosas para la juventud y la infancia. Este texto, todavía en vigor, dice que "aquellos objetos que, teniendo relación con el sexo, sean contrarios a la moral o a las buenas costumbres, únicamente podrán venderse en establecimientos que reúnan los requisitos siguientes: sólo podrán estar dedicados a la venta de dichas publicaciones y objetos y no deberán disponer de escaparates visibles desde el exterior, ni de reclamo publicitario alguno sobre los productos de todo tipo que expendan, con la excepción del simple rótulo". El escaparate pertenece a un sexshop que hasta el momento se reducía a unas máquinas de vending pero que ahora añade una tienda física. Su propietario explicó que no incumple ninguna ley, por lo que no entiende el malestar vecinal. Añadió que escaparates similares están a la vista del público en unos conocidos grandes almacenes.

CRISTALES TINTADOS. "Algún día vai preguntar e entón...", responde resignado un joven, en alusión a su hija de corta edad, que lo acompaña por la calle justo al lado del polémico escaparate. La niña, en ese momento, ni siquiera se fija, pero su padre cree que el expositor "debería ter un cristal traslúcido", ya que el establecimiento "é para un público adulto, non para nenos".

Otras madres consultadas expresan opiniones que van desde la indiferencia a la indignación, aunque la mayoría sostiene la conveniencia de que el escaparate sea más discreto, pensando en los menores que lo vean y también en los clientes del local. "Igual hay gente que no entra por miedo a que lo vean. La verdad es que debería estar más tapado", concluyen.

Comentarios